SE MIRE POR DÓNDE SE MIRE, CADA NUEVO DISCO DE R.E.M. ES UN ACONTECIMIENTO. ESTE ARGUMENTO APRIORÍSTICO, LOS DE ATHENS SON LEYENDA VIVA DE LA HISTORIA DEL ROCK, BUSCA CONFIRMACIÓN ARTÍSTICA DESDE HACE CASI UNA DÉCADA. Y, POR DESGRACIA, “REVEAL” (WARNER, 01) NOS HACE SOSPECHAR QUE HABRÁ QUE ESPERAR UNA NUEVA ENTREGA PARA QUE CONFLUYAN EXPECTATIVAS Y RESULTADOS.

“Creo que con este nuevo disco volvemos a trabajar como un verdadero grupo. El anterior era el resultado del trabajo de tres individualidades. Este disco hace realidad todas las promesas formuladas por ´Up´”, asegura Michael Stipe en su recién inaugurado turno de atención a la prensa hispana. Una rueda de prensa encubierta en la que la ciencia combinatoria hace acto de presencia: veinticuatro periodistas repartidos en tres grupos de ocho que serán atendidos en turnos de veinte minutos por cada miembro de la banda. Tras el cónclave mediático, apago mi grabadora y me largo. La aseveración de Stipe me ha llevado de nuevo frente al lector digital y mi avidez se trastoca paulatinamente en decepción. Ligera, pero decepción al fin y al cabo. Preso de un empirismo cortés y respetuoso -R.E.M. son cualquier cosa menos un grupo cualquiera-, rescato una cinta de sesenta y vuelco en ella algunas de las canciones del grupo de Athens; la cargo en el walkman y mi rictus adusto se transforma: “SO Central Rain”, “Begin The Begin”, “Talk About The Passion”, “E-Bow The Letter”… en fin, ya sabéis… no se trata de nostalgia gratuita, sencillamente las canciones del continuista “Reveal” me parecen peores. Ahora bien, ¿Están “The Lifting”, “I´ve Been High” o “Imitation Of Life” al alcance de la mayoría de bandas que asolan los estantes de las tiendas mes a mes?… pues no, pero desde “Automatic For The People” (Warner, 92) la espera de un nuevo gran disco de los sureños se torna desespero.

“Personalmente estoy muy contento con el disco. Puede que perdamos fans, pero seguro que ya los perdimos en el 95 y en el 99”

Y eso que habíamos albergado esperanza gracias a “Imitation Of Life”, una de esas perlas predestinadas a la frecuencia modulada que acoge en su seno cierta alquimia perdida en los pentagramas de “el mejor grupo de rock del mundo”. Poco que ver con el resto del álbum. “Siendo honesto, fue la compañía quien la eligió como primer sencillo. Es una canción inmediata y accesible, te gusta con mayor rapidez que el resto, así que supongo que por eso lo hicieron”, confiesa un Mike Mills dicharachero y parlanchín que, aunque consciente de que el grupo ha vivido tiempos mejores en lo personal, se sabe afortunado. “Creo que tengo mucha suerte. Estoy muy contento, puedo trabajar con mucha gente estupenda… ¿Qué si echo de menos algo de los viejos tiempos?… ¿Cómo qué?… ¡No!, realmente no me arrepiento de nada, quiero decir… creo que realmente he vivido una vida absolutamente maravillosa. Me gusta viajar, al contrario que a Bill Berry (hasta “New Adventures In Hi Fi” -Warner, 96- el batería del grupo). A él no le gustaba viajar, conocer gente nueva o dormir en una cama extraña, pero a mí todas esas cosas me gustan. En realidad esta es la vida perfecta para mí”. Y hay que creerle: la marcha de Berry, miembro fundador del grupo y batería de éste durante casi tres lustros, tuvo como consecuencia un disco extraño, amargo y difícil (“Up”, 98) que, no obstante, sirvió para resucitar a R.E.M como organismo vivo en lo creativo. La puesta de largo en directo de esas nuevas canciones trajo consigo incorporaciones de profundo calado (Ken Stringfellow -The Posies- y Scott McCaughey -Young Fresh Fellows-) que han trascendido lo coyuntural y amenazan con establecerse definitivamente. La alegría de Peter Buck, que asegura estar “realmente contento de poder tocar con estos tíos” y del propio Mills: “Trabajar con ellos es cojonudo. Son grandes músicos, pero ante todo son muy buena gente y precisamente por eso es muy fácil trabajar a su lado. Una de las mejores cosas que tienen es que son capaces de tocar un montón de instrumentos y también de cantar. Nuestras canciones tienen un montón de elementos y gracias a ellos podemos trasladarlos en plenitud cuando tocamos en directo”, no hace sino confirmarlo. Y por lo que a servidor concierne, el directo es el lugar indicado para reencontrarse con una banda que me ha emocionado y acompañado como pocas. Un consuelo menor y con fecha de caducidad, pero consuelo al menos. Mi exposición no turba lo más mínimo al enlutado Peter Buck: “Personalmente estoy muy contento con el disco. Puede que perdamos fans, pero seguro que ya los perdimos en el 95 y en el 99. De todas formas, estoy seguro de que ganaremos también fans con éste. Y si a ti te importa menos que los discos sean peores siempre y cuando sigamos haciendo buenos conciertos… pues estupendo entonces… no, en serio, ¡está bien!”, como tampoco pareció molestar a Michael Stipe la confesión, inédita hasta entonces en la improvisada sala de prensa, que hice a propósito de su nuevo disco: “…lo has escuchado junto a otros fans del grupo y nadie se ha mostrado entusiasmado… gracias por ser tan honesto pero, de verdad, escucha el disco más veces. En serio, no es un disco fácil. Creo que debes escucharlo más”.