En pocas ocasiones un disco de debut había sido tan ansiosamente esperado por un público, el indie, que sigue a La Bien Querida desde que colgara sus primeras canciones en Internet. En la tradición de los grandes grupos del pop en castellano, “Romancero” es un disco destinado desde su nacimiento a convertirse en clásico.

Confieso que soy uno de esos seres invisibles que roba horas al ocio y al trabajo para pasearse por blogs ajenos y otras formas de exhibicionismo en Internet. Lo hago como un fantasma, sin dejar muestras a mi paso, y por ello los que me conocen me dicen “cotilla” aunque yo prefiero llamarlo curiosidad.

“Robe Iniesta me parece buenísimo, un verdadero poeta”

De esa forma, un día cualquiera cuando ya 2007 llegaba a su fin, me colé en el blog de Antonio Luque, en el que hacía referencia a una artista totalmente desconocida por mí y creo que por casi todo el mundo hasta entonces. Respondía al nombre de La Bien Querida y la única pista era su Myspace y una foto en la que ella y Luque posaban serios frente a la cámara.

“Un cuadro y una canción son temática, composición, armonía y tonalidad”

Apenas unas semanas después, rendido ya a la magia de sus canciones, escribía en esta revista a propósito de ellas: “Se me agotan los superlativos a la hora de comentar una demo que me ha hecho compartir las sensaciones de Luis Calvo o Jesús Llorente cuando escucharon por primera vez las canciones domésticas de Family, Planetas o Sr. Chinarro”. Ahí estaba el misterio de su música, pero aún había otro más: ¿quién era esa Ana Fernández Villaverde? Ana, la pintora, había dicho alguien. La foto decía claramente que no era una cría, otra niña prodigio al estilo de Russian Red, y sin embargo cualquier rastro de su pasado parecía haber sido borrado. “Nací y crecí hija única en Bilbao, hasta que llegué a Madrid con veinte años para aprender a pintar y ya me quedé”. De vocación artística familiar (“a la familia de mi madre siempre se le ha dado bien las artes plásticas. Mi padre es guitarrista y arreglista, canta boleros y canción clásica”) sin embargo la vena musical no se le despertó hasta bien tarde. “Pese a tener un padre músico nunca había demostrado interés por aprender a tocar un instrumento. Hasta que un verano hace un par de años decidí aprender a tocar la guitarra… Me bajé los acordes por Internet, empecé a darle al do, fa, sol, que es lo mínimo para hacer pop y a sacar cancioncillas indies facilonas, en plan Mojave 3 y cosas así…”. Entonces Ana era pintora, de hecho lo sigue siendo, y tiene su particular versión de la sentencia de Goethe “la pintura tiene que encontrar su bajo continuo”. “Para mí hay una conexión total entre música y pintura. Un cuadro y una canción son temática, composición, armonía y tonalidad”. Podríamos decir que su única conexión con el mundo de la música hasta ese momento había sido pintar un óleo para la portada del “Grandes éxitos y fracasos (Episodio I)” de Extremoduro. A la vez que comenta eso sonríe y me planta una de esas frases lapidarias que no sabes si tomar como un desafío abierto. “Robe Iniesta me parece buenísimo, un verdadero poeta”. Volverá a hacerlo al reivindicar la música de Julio Iglesias o Franco Battiato. Sin embargo, no fue ninguno de ellos quien le dio el empujón final para componer sus propias canciones, sino Jota de Los Planetas (“somos muy amigos desde que lo conocí a la salida de uno de sus conciertos hace catorce años en San Sebastián”) y otro músico, Horacio Nistal, quien la ayudó a grabar una demo que desde ya compite con la famosa “Maqueta plateada” de Family como uno de los tesoros más codiciados entre los aficionados al pop sentimental en nuestro país.
En febrero de 2008 La Bien Querida recibió un nuevo regalo de Antonio Luque al presentarse con su banda para acompañarla en su primer y hasta la fecha único gran concierto, en el marco de las fiestas Demoscópicas de MondoSonoro en la sala Joy Eslava de Madrid. “La gente empezó a relacionarme con Chinarro, incluso leí comentarios que decían que él cantaba en la demo, cuando en realidad quien me acompañaba era Edu de Waldorf Histeria. El caso es que cuando llegué a un acuerdo con Elefant para grabar el disco a mí me apetecía hacer otra cosa. Yo no había escuchado nunca una producción de Antonio y no quería meterme a trabajar con su productor porque no le conozco de nada. Además, Antonio monta y disuelve tres proyectos nuevos cada año y está muy ocupado con sus propias giras como para implicarse a fondo en un grupo que no sea el suyo”. Y ahí es donde surge la figura de David Rodríguez, ahora al frente de su propia historia en solitario (La Estrella de David), cabeza visible de Beef, fundador junto a Joe Crepúsculo de Junco Y Diamante, ex Telefilme y mil cosas más. “A David inicialmente lo conocí a través del Myspace porque a él le encantaban las canciones. Luego me dijo ‘¿Te apetecería hacerte una Comarca para Junco y Diamante?’. Y él y Joe Crepúsculo me escribieron la canción del Penedés, para la que yo grabé la voz desde casa con la ayuda de Manu de Los Punsetes. Cuando Luis Calvo me dijo que teníamos que decidirnos por un productor yo pensé en David. Me parecía que debajo de un montón de capas muy marcianas en el disco de La Estrella de David había algo muy artístico. Y sé que David cuando lea esto va a decir ‘Artístico, ¡qué horror!’, pero es como lo siento”. Efectivamente David Rodríguez se había enamorado de La Bien Querida, de su voz, de sus canciones de amante despechada, de los reproches del día después y de unas líneas abiertamente descarnadas. Aún no conocía a Ana, pero se refería a ella como una gran dama de la canción. “Bueno, eso lo decía un poco con ironía…”. No lo tengo tan claro atendiendo a la producción que ha llevado a cabo para este disco: las flautas, los violes que dibujan arabescos convierten a La Bien Querida en una Sandy Denny (en sus pasajes más ortodoxos), una Linda Perhacs (cuando más deja correr su imaginación) de nuestro tiempo, con pronunciado acento español. David se enamoró platónicamente de La Bien Querida, reinventándola para mostrarla tal y como la ven sus ojos. Y después se enamoró de Ana. “Uy no, no quiero hablar de eso. Soy muy pudorosa”. El “romance” llama ella a una relación que de lo musical ha derivado en sentimental. El disco, por cierto, se titula “Romancero”…
Comentaba hace poco Francisco Nixon que lo más sencillo para un músico, más aún si canta en castellano, es esconderse tras la broma, tras la ironía. Lo doloroso es desnudarse y afrontar el dardo envenenado de la crítica. Sin embargo en “Romancero” todo está hecho desde la sinceridad más absoluta. “A mí no me avergüenza decir ‘amor’ o ‘enamorarme’ en una canción. Lo que me produciría pudor sería dar vueltas sobre esa idea sin enfrentarme a ella. Canto sobre experiencias personales y por el momento se trata tan sólo de canciones de amor porque no me salen de otra forma. Mis libros de cabecera no tienen nada que ver con la temática amorosa, son cosas como Petrarca, Lucrecio, Cioran, Breton… Me encantaría hacer letras que tratasen sobre la astronomía, la botánica o las aves exóticas, pero de momento no me salen, no hay manera”. También David se ha desnudado musicalmente. “Jota siempre le dice que por qué no cuida más sus propios discos, que podría hacer que sonaran realmente bien, como éste. Pero él contesta que ya se pondrá algún día. Sí, supongo que es un poco lo que dices, que tiene miedo a tomarse en serio algo suyo”. Entre una colección de canciones de imaginación desbordante que exige la atención del oyente, destaca un inesperado hit rompepistas, “9.6”, un himno que aspira a suceder en el universo indie a la exitosa “La revolución sexual” de La Casa Azul. “Hicimos otra canción más del rollo del resto del disco y quedó fatal. Si te soy sincera David odiaba esta canción porque no era capaz de encajar la letra, pero Luis Calvo dijo que tenía que estar en el disco porque era de sus favoritas. Así q