Por muchas cosas, el nuevo álbum de Hinson “And The Opera Circuit” (Sketchbook/Houston Party) resulta paradójico. Tiene un acabado orquestal, pero está grabado en casa. Es la obra serena de un músico (que teníamos por) épico y oscuro. Tiene el tono de una sincera confesión, aunque aparece promocionado con un poco de literatura biográfica. Tiene un poco de confirmación y también un poco de cambio de rumbo.

Con “And The Opera Circuit”, su segundo disco, Micah P. Hinson ha vuelto a presentar candidatura para ser la nueva savia de la música americana que se agarra a las raíces. En esta ocasión, con un sonido que le acerca más a la alegría elegante de Lambchop o al folk de musical de Sufjan Stevens que en su anterior disco, su debut para Sketchbook “And The Gospel Progress”. En todo caso, este giro hacia un espectro más luminoso y matizado de su música se ha producido, paradójicamente, en un momento muy doloroso para el de Memphis. “Durante la grabación del disco tuve unos fuertes dolores de espalda que no me dejaban vivir, tenía que estar encorvado, casi no podía estar de pie. Por causa de los dolores tambien me estuve medicando con un montón de drogas (Según la hoja promocional que nos ha facilitado su distribuidora: cuarenta miligramos de Codeina, cien de Soma, dos de Xanax y cuatrocientos de Neurontin).

“No quiero crear la imagen de un Pete Doherty o algo así”

Su nueva obra es un disco que ha grabado en solitario en su casa de Abilene (Texas) tocando practicamente todos los instrumentos (guitarras, bajos, banjos, mandolinas, órganos…) y al que posteriormente se le han añadido los arreglos de cuerda y viento (compuestos por el ex-Archers Of Loaf, Eric Bachmann). “Lo mejor de grabar en casa es que no tienes prisas y haces lo que te da la gana. Un día te levantas a las tres y media de la mañana con una idea, bajas y la grabas. No sientes la presión de estar en un sitio extraño y frío como en el anterior disco, que lo tuvimos que grabar en Manchester. ¡Joder, no es lo mismo!”. La calma y la famirialidad de la grabación casera se perciben perfectamente en temas como “She Don’t Own me” o “Little Boys Dream”. Canciones como postales que nos traen imágenes de atardeceres apacibles ante campos de trigo o de ancianos cruzando el país en un tractor John Deere. Un remanso de cálida placidez a las antípodas de la épica tremebunda y plomiza de la que hizo gala en el concierto de presentación del Primavera Sound 2006 en la sala Apolo. “Me gusta que me digan que sueno épico porque siempre ha sido lo que he querido hacer. Subir al escenario y hacer algo jodidamente grande y ruidoso, como hacían grupos que adoraba de adolescente como My Bloody Valentine o Ministry”. Nadie lo diría escuchando sus nuevas composiciones, más bien parecen obra de un amante del detalle, de un artesano optimista. “El nuevo disco me ha salido más alegre. Bueno quizás alegre no sea la palabra. Digamos que suena más luminoso, más relajado. Pero no ha sido una cosa premeditada”. Cambiando de tema y como decía al principo, ¿no les suena sospechosa esa promoción exhibicionista a golpe de leyendas cargadas de malditismo que acompañan siempre los lanzamientos de Micah P.Hinson? No digo que no sean verdad, de hecho, durante toda la entrevista el americano se mostró como una persona simpática y honesta. Pero, ¿es necesario que nos ponga puntualmente al día de sus dolores, adicciones y penas cuando tiene que publicar un disco? Quizás, se lo tendría que plantear aunque sea por el pudor a que parezca un truco de márqueting. “Es una buena pregunta. No, no es necesario, pero ayuda. No es que quiera que todo el mundo sepa que estaba realmente jodido de la espalda y que tomé un montón de drogas en la grabación, no quiero crear la imagen de un Pete Doherty o algo así. Simplemente, creo que saber algunas cosas de mi vida puede ayudar a entender mejor mi música, porque, evidentemente, hay una relación entre las cosas que me pasan y mis canciones. Quiero que la gente vea dónde estaba cuando empecé y acabé este disco”. Está claro que por el momento le absolvemos, aunque sea por canciones como la perezosa “Seems Almost Impossible”, la estupenda apertura de un disco que ha disparado las quinielas sobre el talento de Micah P. Hinson.