Dani Nel·lo es uno de los mejores músicos que ha dado la escena rockabilly de nuestro país, aunque con el paso de los años ha ido extendiendo su abanico musical hasta pasearse por distintos géneros, siempre con la sangre hirviendo y las ganas de disfrutar con la música, como demuestran su carrera con Mambo Jambo. Hace unos meses publicó en solitario “Los saxofonistas salvajes” (Buenritmo, 17), un disco cuyo título homenajea a Roberto Bolaño, y los miércoles por la noche estrena programa musical dedicado al jazz en iCat FM, “Jazz Watusi”, con guiño a Francisco Casavella. Aprovechamos el momento para entrevistarle.

Era una aventura arriesgada, pero Dani Nel.lo, al menos en lo musical, no conoce el miedo. Lanzarse a versionar a sus saxofonistas favoritos, presentar en muchos casos esos nombres para muchos desconocidos que se esconden en los discos de Sam Cooke, Little Richard o Fats Domino y, como él mismo asegura, “perpetuar la especie” era algo que, por derecho propio correspondía hacer a este barcelonés que está a punto de cumplir el medio siglo de vida. Años, la mayoría de ellos, convertidos en una eterna oda al instrumento que ama: el saxofón. Y como si de su particular cumbre creativa se tratara se enfrenta a este “Los saxofonistas salvajes” (Buenritmo, 17), con la ilusión de un adolescente cargado de la sabiduría que dan los años de escenario, y con la curiosidad de que podamos decir algo así de un disco de versiones cuando nos encontramos ante un compositor excelso.

¿Sentiste algo de vértigo al enfrentarte a temas que significaban tanto para ti?
No, respeto sí, siempre, pero no vértigo o miedo. Yo quería aportar mi gotita a esos temas, continuar la tradición, transmitirlos. Eso es lo más bonito de la música, que los que la amamos queremos compartirla. Todos conocemos ese momento en que te llevas un colega a casa y le pones discos sin parar, sin ni siquiera dejar acabar las canciones. Ansioso porque escuche una más. Eso es la pasión y yo me he enfrentado a este disco desde ahí. Hay temas que hemos cambiado más y otros no tanto. Hemos jugado con ellos, pero ante todo los hemos respetado por lo que son, porque representan mis propias raíces.

Imagino que escogerlos no sería fácil para alguien como tú, coleccionista empedernido.
Ya sabes cómo va esto. Empiezas haciendo listas y luego recortas, cambias, etcétera. Para mí era importante que el disco tuviera una coherencia, que contara algo, y por eso algunos temas que me encantan se autodescartaban. No era cuestión de tocar sin ton ni son, sino de hacer algo que pudiera tener sentido.

Ahora que lo dices, una de las cosas que más me sorprende de ti es tu capacidad para contar historias desde la música instrumental.
Pues te lo agradezco mucho (risas). Es que todo está en la interpretación, esa es la base. Has de enfrentarte a ello dándolo todo. Cada bolo los has de encarar como si fuera tu último bolo. Porque igual lo es. Mira el mundo qué vivimos. Tú has de respetar al público y la manera de hacerlo es vaciarte del todo. Y lo mismo sirve para un directo que para grabar un disco.

Es un espíritu casi punk.
No, lo es directamente. No es que casi lo sea. Con Mambo Jambo nos pasa a menudo. Recuerdo una gira por México en que pensamos “tío, nos estamos pasando”. Todo estaba a toda hostia, un volumen infernal… Eso es actitud. Y es cierto que este disco es más dinámico, pero también cargado de esa actitud. No digo que Mambo Jambo no lo sean, ojo, pero en ese caso empezamos muy arriba y nos mantenemos ahí. Es más por fuerza bruta. En este proyecto somos más juguetones, te diría que tenemos más sentido del humor.

¿Eso hace que Mambo Jambo sea más para todos los públicos?
Buff, no puedo pensar eso. Cuando hago un disco no puedo pararme a pensar qué tipo de público lo va a acabar escuchando. Yo tengo que hacer lo que me dictan mis sentimientos, lo que sé, lo que me apetece. Y ahora era lo que quería hacer, aunque no ha sido algo nada premeditado, sino que encontré el momento en el que debía hacerlo.

Dentro de un estilo, te ha quedado un disco muy variado, ¿no?
Sí, y ese también era el objetivo. Es que esta gente tocaba de todo. Incluso llevamos percusión en el directo para los temas más latinos. Pero no quiero que interpretes ese latino como la típica canción de radiofórmula. Big Mama Thornton llevaba percusiones latinas en algunos temas, pero más densas, más profundas. Esa es la idea. Ya me conoces, yo soy un tío abierto y el disco debía serlo.

Son nombres importantes para ti: Big Jay McNeely, Arnett Cobb, Lynn Hope… ¿con cuál te quedas?
Eso sí que no. No me hagas quedarme con uno. Tampoco tiene sentido. Entiendo que lo preguntes pero entenderás que no se puede elegir. La música es un tema también de momentos y los hay de todo tipo. Tienes tantas respuestas para preguntas de ese tipo como minutos en la vida (risas).

Me parece admirable tu reivindicación del saxo como voz del rock’n’roll.
Es que esa gente ha estado en discos de Duane Allman, John Lennon y nombres así, y la gente no parece darse cuenta. Son tipos muy grandes. Me gusta mostrar las cosas con perspectiva. Joder, que el saxo es algo más que el “Careless Whisper” de George Michael. Yo no tengo ningún interés en llevar a cabo una cruzada en plan “el saxo es mejor que la guitarra”. No es eso. Es que es lo que a mí me ha emocionado y me ha hecho engancharme a la música. Mira, yo recuerdo el día en que un alumno me vino una vez tras una master class y me dijo “yo me hice saxofonista cuando te escuché un día hacer un solo con no sé quién”. Entonces pensé, ya está, ya has hecho algo grande. Ese tipo de pasión es lo que nos dignifica. Y me da igual si es soplando un saxofón o tocando una batería.