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En la situación de Coldplay no debía ser sencillo plantearse cómo iba a sonar o qué dirección iba a tomar el grupo en su tercer larga duración, más aún tras el espaldarazo de “A Rush Of Blood To The Head”. Así que es de suponer que la mejor salida es lo que ha acabado siendo “X&Y”, un trabajo continuista y con puntuales actualizaciones del libro de estilo de los firmantes de “Parachutes”.

Chris Martin y sus muchachos aún pueden tensar la cuerda antes de verse obligados a tomar oxígeno y recapitular, y eso es precisamente lo que hacen en una buena parte del minutaje, tirar de esos medios tiempos que tan atractivos resultados les dieron en el pasado y que, esta vez, se convierten en el mayor lastre de su propuesta. Apenas nada aportan “What If”, “Fix You”, “Swallowed In The Sea”, “Twisted Logic”, quizás el momento más Echo & The Bunnymen del disco, o ese tema oculto que compusieron para Johnny Cash (y que suena precisamente a él). Por eso es en los momentos en los que Coldplay se mueven de sus casillas a la búsqueda de acercarse aún más a U2, con quienes han sido comparados una y mil veces, cuando dan con la fórmula ideal para enfrentarse al futuro más próximo. Dejando a un lado la efectiva “Speed Of Sound”, con el habitual piano de Martin marcando la línea melódica, los grandes momentos de “X&Y” –que los hay- llegan al emular a los de Bono en la ágil “Square One” –esa línea de bajo y esos coros les delatan- o en la más moderna “White Shadows” y, sobre todo, al tomar prestado el esqueleto de “Computer Liebe” de Kraftwerk para redondear la imprescindible “Talk”. No sorprenden, pero por el momento mantienen la dignidad intacta.

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