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Desde que Ty Segall debutó con un disco epónimo en 2008, el chico de oro ha entregado una larguísima ristra de LPs, EPs y singles en tiempo record con diferentes formatos, bandas y proyectos paralelos. Pero no ha sido hasta ahora que ha decidido cerrar el círculo volviendo a utilizar su propio nombre como título de un nuevo álbum, el mejor hasta la fecha –anda que no he dicho esto veces ya-. “Ty Segall” tiene todo lo bueno de “Twins”, de “Manipulator”, “Fuzz” (auque ahí toque la batería) y otras obras magnas de su repertorio, de hecho ya hubiera sido admirable grabar algo a su altura, no bajar el listón, pero es que el amiguete vuelve a subirlo.

Supera la calidad compositiva del primero, la audacia del segundo, y suena a banda en directo tanto o más que el tercero. A sus fans nos parecía imposible, pero da la impresión de haberlo hecho sin despeinarse. Urgencia desatada y medios tiempos arrebatadores, compases rompecuellos y melodías armonizadas con don divino, ultrahits fuzzísticos y baladas semiacústicas lennonianas conviven en perfecta fraternidad en el mejor marco que un autor hubiera podido ofrecerles.

La demolición eléctrica de la mastodóntica “Break a guitar” (qué jitazo dios mío) hace justicia al título en un arranque para la historia (y que nos recuerda a una bonita anécdota con un jovencísimo seguidor en su brutal concierto en la sala But: “come on baby, play the guitar, gonna make it, a real big star” / “come on baby, take my guitar, i’ll be out there in the bar”), “Freedom” es un glam de categoría sufriendo una convulsión epiléptica, y “Warm Hands (Freedom returned)” cierra una tríada inicial de ensueño con una joya narrativa atravesada por un punk-rockazo old school que te arruga los genitales, además de dejarte boquiabierto ante sus milesdavidsianos diez minutos de duración (¿a partir del cinco se atisba un guiño al “Whitewater” de Kyuss?).

El resto del LP parece evidenciar que el bueno de Ty Segall ha dicho basta a tanta mierda pretenciosa que ve por ahí, porque se ha quitado de sintes, orquestaciones y demás aderezos, o al menos sólo se pone de vez en cuando (con algún piano extraordinariamente bien aprovechado en su justísima medida). Se antoja una reivindicación necesaria, aunque no faltarán modernuzos que piensen lo contrario. Pero lo realmente importante es que cada vez sabe hacer mejor que su música se parezca a la música que más le gusta a él como fan, y la música que más le gusta es para quitarse el sombrero. Por el camino no inventará la rueda, pero bien bonita que la está dejando. Así que también nos lo quitamos ante él. Segall se metió en el estudio con Emmett Kelly, Mikal Cronin, Charles Moothart y Ben Boye para buscar la verdad, y la encontraron. Así lo demuestran en el último corte. Ya pueden salir discos tremendos este año, porque va a costar bajarlo del podio de lo mejor de 2017.

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