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Raúl Rodríguez es un mago. Y como tal, no explica nunca sus trucos ni desvela sus secretos. Los misterios de su universo musical, profundo y abierto, los descubren en primer lugar todos aquellos que se suben a su barco con la intención de sumar, incluso de multiplicar, si se da el caso. Luego, quienes nos sumergimos en profundidad en sus canciones. En este segundo disco, Raúl Rodríguez amplía su catálogo de sonidos y su paleta estilística, aportando colores y aromas al fin del verano. Así, este músico asombroso –hijo de Martirio– ha pensado en “La raíz eléctrica” en atardeceres tardíos, en baños de madrugada, en recorrer calas sin miedo a perderse…

Rodríguez acude a la tradición, aunque suene contradictorio, para reinventarla. No decanta la balanza hacia los sonidos añejos, ni hacia los más modernos, sino que a quien nos encontramos aquí es a ese rockero andaluz alucinógeno que ya conocemos, al flamenco travieso que le viene de cuna, a ese capaz de acudir al son cubano, de echar mano de esos sonidos fronterizos que nos divierten e incluso a dejarse llevar por la llamada de África, que avisa con llevárselo todo por delante. También queda lugar para el funk o incluso para la electrónica, que echan un pulso, mientras por ahí se vislumbra la magia de su madre y la de Chano Domínguez como inspiradores, siempre en un segundo o tercer plano.

Para conseguir tan atractivo resultado, Rodríguez comparte protagonismo con un conjunto de músicos resolutivos y disciplinados (Mario Mas, Guillem Aguilar, Pablo Martín Jones y Aleix Tobias), además de contar con algunos invitados especiales de lujo: Jackson Browne -no es tan importante su voz como el apadrinamiento-, Juan de Juan –saltan chiscas con su baile flamenco- o Javier Mas, que ejerce de antropólogo musical descubriéndonos el archilaúd.
Hasta Haití se traslado toda la comuna para conocer el vodou y su magia musicada. Puede que por ello, Raúl Rodríguez siga mejorando canción a canción, sin dejar que descubramos sus trucos o la magia de la que está hecha su música.
Por cierto, la portada es obra de Javier Mariscal, que dibuja una sugerente raíz eléctrica, y el prólogo, de Santiago Auserón. Que no nos falte de nada.

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