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En la triada del pop español más enérgico compuesta por Sidonie, Lori Meyers y Tachenko, eran estos últimos los que siempre parecían estar en el furgón de cola. Los eternos aspirantes que, aun teniendo experiencia y buenas canciones, no acababan de rematar la faena con una estocada melódica definitiva o con un sonido de estudio más robusto y que en el fondo les hiciera algo más de justicia. La buena noticia es que por fin lo han logrado. Con este nuevo álbum de los mañicos, ese podio al que hacía referencia al principio, acaba de igualar como mínimo sus escalones. Y es que si en esto del proceso creativo no hay que perder nunca las ganas de ir a más con la misma ilusión que al principio, pero aprendiendo de los errores y desprendiéndote de las taras y defectos que te impiden avanzar. No es menos cierto que la diana no siempre se consigue y que, justo por ese motivo, cuando la combinación de todos los factores que intervienen en la grabación de un disco lo propicia, la música da con su ecuación perfecta y lo clava. Eso es el disco de Tachenko un clavo hasta el fondo en el que todo funciona. Y para ello lo primero que tiene que haber en cualquier disco de pop que se precie son grandes CANCIONES. De los contrario todo quedaría reducido a un buen ejercicio de estilo con mayor o menor personalidad propia en la interpretación. Pero es que las canciones existen aquí como nunca antes o al menos en mayor cantidad. Tomen nota porque las joyas se llaman: “Sombras, Tormentas” con uno de esos estribillos que no puedes desprenderte de la cabeza; “El Respland’Or” un medio tiempo precioso concebido para ser compartido, para calar hondo y ser popular hasta en la peluquería de mi barrio. “Decisiones Justas” que tengo la certeza de que le encantará a Marc Ross de Sidonie. “Compañeros del metal” ideal como antesala de lo que vendrá después con esa voz que, forzando el tono, logra un punto de épica a lo Fountains Of Wayne que me encanta. “Vámonos” que se inicia con un riff glorioso para recrear una escena de amistad tan emocionante que cada vez que la escucho me eriza el bello. “Tírame a un volcán” puro pop marca de la casa, pero sonando como nunca antes lo habían hecho… Y ahora que lo pienso: Eso es lo segundo que cabe destacar de esta grabación y de cualquier disco de pop que se precie: Las voces están arriba, las guitarras no suenan enmarañadas y la base rítmica marca el tempo situándose en el plano justo, ni demasiado arriba, ni demasiado atrás. Y ya para redondear el título del disco que me resulta simplemente genial.. Lo dicho un pleno al quince como una casa

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