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Proclamados por crítica y público como uno de los grupos más influyentes de los últimos quince años, Radiohead siempre se han caracterizado por lo imprevisible de su trayectoria. Desde su tibio debut con “Pablo Honey” (1993) y hasta el irregular “Amnesiac” (2001), cada entrega suponía un peldaño más en una carrera casi inmaculada (tropiezos tiene hasta el más grande) que iba forjando el tipo de leyenda creativa a la que sólo acceden los más grandes (U2, Pink Floyd, Led Zeppelin, The Cure, Sonic Youth…).

Proclamados por crítica y público como uno de los grupos más influyentes de los últimos quince años, Radiohead siempre se han caracterizado por lo imprevisible de su trayectoria. Desde su tibio debut con “Pablo Honey” (1993) y hasta el irregular “Amnesiac” (2001), cada entrega suponía un peldaño más en una carrera casi inmaculada (tropiezos tiene hasta el más grande) que iba forjando el tipo de leyenda creativa a la que sólo acceden los más grandes (U2, Pink Floyd, Led Zeppelin, The Cure, Sonic Youth…).
Sin embargo, resulta casi imposible sorprender a cada nueva entrega y ya el anterior disco “Hail To The Thief” (2003) mostraba signos de encasillamiento en lo musical, aunque su lírica ganara cierta profundidad. Por eso cabía tomarse un prolongado descanso y generar una gran bola de expectación que se ha visto agigantada con una jugada maestra. Y debo decir que “In Rainbows” vuelve a sorprendernos a todos, pero por desgracia no en el fondo -del que hablaremos más tarde- si no en la forma.
El grupo decide prescindir de sellos multinacionales y pone su trabajo a disposición de cualquier hijo de vecino con ordenador y ADSL, por el precio que cada uno esté dispuesto a pagar por él. Ya habrá tiempo más adelante para editar una lujosa caja con dos compactos y dos vinilos de diez pulgadas con ocho temas más a añadir a los diez que se pueden descargar desde el pasado 10 de octubre. De esa manera diferencian la música digital ajena al soporte y el soporte físico en sí, al que cabe darle un valor en si mismo para que pueda ser pasto de los coleccionistas o los seguidores que se enorgullecerán de tenerlo en la estantería de sus casas. Una lección que sin duda marcará buena parte de las estrategias futuras de unas compañías que siguen sin encontrársela con ninguna de las dos manos. Pero vayamos al fondo, que al fin y al cabo es lo que nos interesa a todos.
Cabe reconocer que “In Rainbows” empieza de forma inmejorable, prometedora. “15 Step” es un tema que recuerda a los Radiohead de “Kid A” por el uso de esos beats sincopados que marcan el camino a una juguetona guitarra a la que se le suman unos arreglos inapelables y una producción en la que cada detalle suena preciso y a la búsqueda de crear un ambiente tan denso como espectral. Tras un inicio de lujo que genera expectativas, viene la que es sin duda una de las mejores piezas del disco, la rockera “Bodysnatchers”, con un sonido de guitarra eléctrica que bien podría haber firmado Josh Homme de QOTSA y un puente instrumental de gran belleza melódica que desemboca en un crescendo inapelable. Aunque mucho me temo que a partir de aquí la cosa se empantana en una serie de temas de baja intensidad que lastran en exceso el ritmo del disco. Y aunque “Nude” sea otro temazo en el que juegan de nuevo con esos ritmos sincopados que dan pie al desarrollo melódico de la ensoñadora y etérea voz de Thom Yorke, los que le siguen no logran remontar el vuelo como nos gustaría, sumergiendo al oyente en un empacho de emo-pop de aires progresivos que tampoco logra emocionar del todo. De hecho, no es hasta el penúltimo tema del disco, “Jigsaw Falling Into Place”, cuando vuelven a pisar el acelerador entregando otra de esas pequeñas joyas de pop-rock inquietante y acústico. Al margen queda ese plagio confeso de un tema de Peter Green (Fleetwood Mac) que es “House Of Cards” y la despedida con la tierna y delicada “Videotape” que nos recuerda que antes que Coldplay explotaran la vertiente más épica y emotiva del pop, Radiohead ya nos habían emocionado a todos. Nos hallamos por tanto ante un disco desigual víctima de un exceso de temas de tempo lento que no llegan a dejar la huella emocional que sí habían logrado en ocasiones anteriores.

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