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grizzly

Ni tan asequible como “Veckatimest” (Warp, 2009) ni tan marciano como su debut Horn of Plenty (Kanine Records, 2004), cuando Grizzly Bear todavía era el proyecto en solitario de Ed Droste. Lo que si es seguro es que “Painted Ruins” (RCA Records, 20017) se ha hecho esperar. Después de 5 años sin saborear nuevo material, por fin los de Brooklyn se han decidido. Los motivos de esta larga hibernación del oso son personales y variados, y han afectado a todos los miembros de la banda: paternidad, matrimonio, divorcio y crisis personales. La vida, en definitiva.

Después de tanto tiempo alguien podría pensar que una evolución hacia otros derroteros artísticos era mas que probable. Pues no; el cuarteto parece no estar dispuesto a dar un paso más si esto significa alterar su ADN. Puede que porqué cuando uno logra crear su propia personalidad artística con un discurso sólido y que le identifica, es difícil dar un paso mas sin correr el riesgo de diluirse. O puede que simplemente les guste hacer lo que hacen y cambiar sólo por cambiar cuando disfrutas haciendo algo es una soberana tontería.

En este disco, el quinto de estudio, siguen sonando exageradamente a ellos mismos (“Loosing All sense” o “Cut-Out” llevan su copyright marcado a fuego): los mismos artificios abrumadores, el mismo barroquismo formal, los mismos paisajes indescifrables, las mismas harmonías vocales corales (aunque menos que en otros discos para mi gusto). En definitiva, los mismos trucos que hace que los adores o que los aborrezcas. Eso si, con una técnica impecable, propia de alguien que se toma muy seriamente su oficio, mimando la ejecución al detalle, con una excelencia poco común en el mundo del indie pop y sólo a la altura de grandes como Bon Iver y su séquito de musicazos.

Puede que haya texturas que recuerden a Radiohead y sus guitarras, o al ritmo sincopado de The Beatles, o a los coros de The Beach Boys, o que creen atmosferas dream pop a lo Beach House, pero se alejan de todas y cada una de estas bandas, volviendo una y otra vez a su personal discurso, eludiendo los estándares. ¿Su mejor disco? Seguramente no (la sombra de “Veckatimest” sigue siendo muy larga), aunque el nivel es altísimo. Lo que si es seguro es que siguen siendo unos genios en la construcción de canciones cebolla, con capas y capas de composición, perfectamente intrincadas y elaboradas que te descubren cosas nuevas en cada escucha que les dedicas.

Orfebres sonoros de alto nivel, amantes de lo raruno, pero que son capaces de sacarse de la manga auténticos hits, como ya hicieron con su consagrada “Two Weeks”. En este disco “Mourning Sound” es la estrella pop indiscutible de la cara A, aunque personalmente creo que tiene una digna competidora, menos obvia y más de cara B, con “Cut-out” y sus voces perfectas aunque imposibles de reproducir sin desafinar por el resto de mortales.

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