El público del Circo Price no pudo ni esperar a que terminase el primer tema (Antídoto) para romper en aplausos. Ganas generalizadas de asistir a un concierto que podría verse como un simple acústico, versión reducida y light, solo si no estuviésemos hablando de Xoel López. El gallego se despedía tras esta noche por unos meses de los escenarios, siendo quizá la única oportunidad de disfrutarle en solitario y la cosa, detengámonos un momento, tenía miga: con un segundo micro de radio para simular segundas voces, pedales o caja al pie para la percusión, así como piano, guitarra flamenca o el tan conflictivo ukelele, al que como irozinaba defiende sólo “en su justa medida” ante la a veces cargante moda del folk. Es decir, un solo músico frente a un sala de mediano o gran aforo empeñado en llenar cada rincón, adaptando además un repertorio complicado si atendemos a la elaborada producción de su último disco de estudio, Paramales.

Así, y ante una sala que rozaba el lleno, el gallego comenzaba con un largo repaso a su trayectoria que arrancaba, como es natural, por temas de su citado último álbum o el fabuloso Atlántico, los dos primeros largos tras la etapa como Deluxe, reparando también en el repertorio antiguo e incluso recordando a Lovely Luna (momento especial con Parando el tráfico), su proyecto a dúo con Félix Arias. Entre canciones, agradecimientos a los que dejaron el fútbol de lado por una noche, un aplauso a quienes lucharon por permitir la entrada a menores en las salas de la capital y, tirando de humor, la historia de cómo llegó a adaptarse este formato de hombre orquesta al que se veía forzado durante su estancia en Latinoamerica, al no contar con banda fija. Algo que le costó casi tanto, según él, como dejar de fumar.

Con el público en el bolsillo, al que convencía para acompañarle en los coros a lo Grease de Nueva York, subía los decibelios al agarrar la eléctrica y ofrecer uno de los momentos de la noche con El cielo de Madrid, de Deluxe, para volver a su obra más reciente (Yo vi un hombre desaparecer) y aprovechar para confesar un pequeño engaño: que no estaría completamente solo. Segundos después subía al escenario el humorista pero también músico Julián López, que le acompañaba a la trompa en Rostro de actriz. Por graciosa que suene la situación, otro momento bastante emocionante. Poco a poco, aunque allí nadie tenía prisa, se acercaba el final del concierto y no podían faltar imperdibles como Joven poeta y, ante todo, Tierra, muy posiblemente el momento cumbre de su trayectoria, de gran significado respecto a la recuperación de Xoel para la causa. Ya en el bis, su compañera Lola García Garrido cantaba junto a él la canción que aportaba al último disco del gallego, La casa hace ruido cuando no estás, anticipando la despedida habitual, para un concierto muy poco habitual, con De piedra y arena mojada. Terminaba así una noche en la que Xoel volvía a demostrar ser uno de los talentos más en forma del pop español, desprejuiciado, polivalente y libre para seguir creando.