Viva Belgrado visitaban la ciudad de Zamora por primera vez, para presentar las canciones del que hasta la fecha sigue siendo su último trabajo de estudio, “Ulises” (Aloud, 16). Como ellos mismos comentaron desde el escenario poco antes de que el concierto llegase a su fin, las expectativas ante el evento eran difusas. Y es que la propuesta del grupo es compleja, incluso extrema durante la mayor parte del tiempo, y puede resultar tan hipnótica e inquietante para algunos como obviamente declinable para muchos otros. Dadas las circunstancias y teniendo en cuenta que además la cita era entre semana, el grupo debería considerar la respuesta del público como un triunfo, tras congregar a medio centenar de aficionados entregados y que salieron convencidos con esa mezcla explosiva de post-rock y hardcore del cuarteto.

Los cordobeses ofrecieron una actuación prácticamente ininterrumpida y durante la que parecen entrar en absoluto trance, como si el mundo resultase desintegrado por su propia música y despareciese durante el espacio de tiempo que dura su actuación. El combo teje paisajes apocalípticos y arrasadores a través de una brutalidad instrumental que contrasta con la limpieza de sus formas en plena sorpresa. La sacudida es salvaje, de intensidad constante y absolutamente asfixiante, pero cada uno de los elementos que la componen tienen su espacio, aportan y son claramente diferenciables.

Es un mérito poco habitual, ese de manejar una consistencia de volumen generoso y trazo general grueso pero siempre orientado a un fin que no se pierde de vista. Aquí no hay ruido por ruido, y lo que sí hay es honestidad y auténtica independencia creativa que además realza sus cualidades en directo. La banda cuenta ya con una proyección internacional que antecede a su presencia sobre un escenario, y a ellos les bastaron cuarenta y cinco crudos minutos para justificar dicho estatus. Y de paso, las peculiaridades de su obra.