Todo estaba planeado al milímetro para conseguir la gran noche que Love Of Lesbian merecían y, por fortuna, todo salió a pedir de boca. Porque si de algo cabe catalogar el concierto del sábado en un abarrotado anexo del Sant Jordi Club es de triunfo total y absoluto. Ni siquiera el sonido, que en algunos momento del show resultó algo embarullado, pudo poner una mácula en un espectáculo a la altura de lo que se han convertido los Lesbianos tras dos décadas de carrera de fondo. Y me alegro, me alegro mucho. No dejo de sentir cierto orgullo al ver triunfar a un grupo tan próximo, al que hemos seguido al dedillo desde estas mismas páginas, aunque no siempre les hayamos dorado la píldora. No hubiera sido justo ni con nuestros lectores ni con los músicos, obligados a huir constantemente de la vacuidad de la complacencia. Y es que, tras llegar a la cumbre, se asoma uno al vacío de la eterna pregunta: ¿ahora qué? Está claro que toca disfrutar, recoger lo sembrado y medir muy bien el siguiente paso. Y máxime cuando tu último trabajo ha supuesto un vaciado de grandes proporciones que no ha sido entendido de igual manera por todo el mundo. Un disco que, no obstante, aporta grandes canciones al set list de la banda como las iniciales “Cuando no me ves” o ese largo río melódico que es la excelente “Bajo el volcán” que tan bien condensa lo que son Love Of Lesbian en la actualidad: un gran grupo de pop-rock que juega entre lo intimo y lo expansivo con una habilidad a la que muchos aspiran, pero pocos logran.

Claro que no todo lo recitado durante las tres horas de concierto vino por parte de “El Poeta Halley”. Hubo tiempo para repasar su discografía con canciones ganadoras como “La niña imantada” y “Maniobras e escapismo”, testigos de la fase de asentamiento de la banda en un estilo cada vez más propio, que dejaba atrás los más deudores y titubeantes pasos de sus inicios en inglés. Tampoco faltaron en la enorme tarta del concierto esos otros temas más populistas y bailongos que han proporcionado al grupo el estatus suficiente para poder realizar un espectáculo visual de altos vuelos. Me refiero a temas saltarines como “Algunas plantas” o de riff arrebatador como “Club de Fans de John Boy” coreada hasta la afonía al igual que “Si salimos de esta” o la inevitable “Toros es la Wii”. Todas ellas respaldadas por trucos escénicos básicos aunque efectivos que van de los enormes cañones de confeti a la lluvia de grandes globos de colores que sacan a ese infante que todos llevamos dentro y te incitan al salto y la algarabía. Una fiesta que tuvo su broche de oro con una de sus mejores composiciones, la delicada “Incendios de nieve” que daba paso a que la figura de Joan Manel Serrrat apareciera en la enorme pantalla de alta definición para recitar “El poeta Halley” y finalizar con “Planeador”, canción con la que abren su último disco y que completó el largo viaje circular de la banda catalana.

Durante el trayecto pudimos disfrutar de casi todos los ángulos y vértices de su música, excepto quizás del más humorístico y cafre representado por canciones como la añorada “Marlene”, “Shiva” o ese “Villancico para mi cuñado Fernando” que, desde hace diez años, suena irremediablemente en mi casa todas las navidades.

Igual Love Of Lesbian han perdido algo de ese sentimiento más cafre y su propuesta se ha vuelto más seria e intrincada, quizás, pero lo que ahora importa es encarar lo que está por llegar. No tengo ni idea de qué nos deparará el futuro, es más, apostaría que ni los mismos lesbianos tienen respuestas para esa pregunta, así que habrá que cargarse de paciencia y esperar a escuchar las canciones con las que algún día intentarán sorprendernos de nuevo.