La sala Razzmatazz, continuando con los festejos conmemorativos de su décimo aniversario, volvió a colgar el cartel de “todo vendido” en un concierto de Suede después de muchos años. Y es que para todos, la ocasión de la vuelta de uno de los estiletes de la época dorada del pop británico de los 90, bien lo valía. Desde que en marzo de este año, la banda liderada por Brett Anderson anunciase oficialmente su regreso a los escenarios han regalado a sus (todavía) numerosos fans un puñado de conciertos por toda Europa. El de anoche fue su primera (y única) visita a nuestro país. La excusa no ha sido otra que la publicación este mes de “Best of” un disco doble recopilatorio que por primera vez recoge los temas más emblemáticos de Suede seleccionados por sus propios integrantes. Además de los hits más destacados (sobretodo de la primera época) también incluye caras b de altísimo voltaje. Había por lo tanto una gran cantidad de expectativas creadas alrededor de este concierto. Suede volvía a una de sus plazas predilectas con un objetivo bastante claro: darle a la gente lo que deseaba, o sea lo mejor de su legado de la primera época. Así que tras una introducción con fondo sonoro de los Sex Pistols, arremetieron nada menos que con “This Hollywood Life”, eso sí, con un tempo más ralentizado (pero también con más músculo). Todos aparecieron enfundados con camisas negras -excepto Mat Osman (bajo) que dio la nota discordante vistiendo de blanco – y ocuparon sus respectivas posiciones en el escenario, -como si no hubiera pasado el tiempo. Lo cierto es que, incluso la iluminación ayudó a trasladarnos en el tiempo hasta mediados de los noventa. Luego siguieron con “She” y el ritmo a menos rpm puso en alerta a más de uno. Pero llegó “Trash” y con ella la primera gran ovación de la velada. Brett Anderson cogió el tono y ya no lo abandonaría hasta el final. La empalmaron con “Filmstar” y “Animal Nitrate” (el público ya estaba en el bolsillo), y siguieron paseándose por las alturas con “New Generation”, “Electricity” y “Can’t Get Enought”. La banda –la misma que grabó “Coming Up”-, cumpliendo con su papel de comparsa, se mantuvo en un segundo plano todo el concierto, dejando a Anderson desplegar su habitual artillería gestual. El tramo final lo conformaron “Everything Will Flow”, “The 2 of Us”, “So Young” –nueva avalancha humana-, “Metal Mickey”, “Killing of the Flashboy”, “Wild Ones”, “By the Sea”,”Beautiful Ones” y un rácano bis con solo“Saturday Night”. Sin duda fue su mejor concierto en más de una década y dejó de manifiesto que su legado sonoro de garantía se limita prácticamente a sus primeros tres discos.