Sin prisa pero sin pausa, el nuevo proyecto de Hugo Sierra se ha asentado de manera natural. La prueba: el rotundo “no hay entradas” que registró la sala madrileña bastantes jornadas antes del día D. La culpa la tiene su debut largo, el estupendo A ninguna parte, considerado con rara unanimidad como una de las sorpresas capitalinas (y por extensión, nacionales) del año recién terminado. Sierra jugaba en casa, pero no es fácil reventar una sala de mediano aforo como El Sol en una ciudad en la que la inagotable oferta de bolos suele acabar en inevitable canibalización.

Fue una noche de viejos compañeros de batalla. David Rodríguez, La Estrella de David, completó en solitario un set que se hizo corto, según la sala se llenaba. En formato desnudo de guitarra acústica y voz trémula al principio, volvió a demostrar la excelencia de canciones de emociones a flor de piel como Tremendas amazonas; a continuación, reivindicación de Maracaibo; bases pregrabadas con guiños electrónicos y esas letras a corazón abierto del eterno adolescente romántico. La lucidez desaliñada e inteligente de un compositor e intérprete único se impuso hasta a las conversaciones de los brasas de turno.

La sala bullía cuando le llegó el turno a Sierra. Hay que estar en el momento justo, y ése parece ser el caso de un músico que no es ningún recién llegado, pero que en su debut largo en su nueva piel ha conectado con el personal, sacando a relucir sus virtudes como compositor de píldoras atemporales de pop depurado: inmediatez elegante de una Nueva Ola futurista. Todo con una naturalidad, nervio y elegancia admirables. Con la chupa blanca de la portada (en breve sería sólo camiseta: hacía calor), gafas de sol y Jazzmaster también inmaculada, un entusiasmado Hugo demostró ser un cantante solvente y carismático, arropado por una banda engrasada, y beneficiada su propuesta por el sonido nítido de la sala. Trasladaron al directo modélicamente su disco, con picos en canciones pop pletóricas, directas y al grano del calibre de Hacerlo fuerte, La noche criminal, Amiga extraña o No eres increíble. El público devolvió el cariño con creces, coreando los estribillos a todo pulmón. La noche ha empezado de puta madre, sentenció Hugo. Con toda razón.

Aunque la guitarrista Clara Collantes se lució con sus fraseos a lo The Cure, por encima de todo brilló la química del conjunto, que dejó espacio a esas letras con frases memorables: “No querías hacerlo bien, querías mentir mejor”, perla del EP que les puso en el mapa, Tiene mucha fuerza, con la que dieron paso a los bises. Triunfo en toda regla y futuro esplendoroso a la vuelta de la esquina.