Segunda dosis de black metal en menos de una semana con Satyricon, esta vez acompañados de dos bandas teloneras, Fight To Fight y Suicidal Angels, que -una lástima- poco tienen que ver musicalmente con ellos. El concierto de Fight To Fight fue un retroceso musical al año 2000 con un sonido claro y bien ejecutado pero que poca pasión despertó en la gente. Con Suicidal angels la cosa varió un poco, ya que los griegos llevan unos quince años en el mundillo del thrash y ahora se alejan de ese sonido de unos primitivos y geniales Sepultura para acercarse a algo más técnico y europeo, como hicieran Kreator a finales de los 90.

Hacia menos de una semana que salía a la venta el nuevo disco de Satyricon, llamado “Deep Calleth Upon Deep”, y ya los teníamos tocando por nuestras salas. Con Satyricon desde hace dos o tres discos la cosa no acaba de arrancar, al menos en cuestión de asistentes a los bolos de la península, ya que por desgracia ni en su última visita en la Sala Apolo como aquí han conseguido reventar las salas. Algo que sinceramente no entiendo siendo a mi parecer la banda de black metal que mejor mantiene la forma hoy en día. Pero el público es soberano y decide dónde va y ya les puedo decir que ellos se lo pierden, porque el concierto de Satyr y Frost de ese jueves fue de lo mejor que he visto este año. Agresividad y ejecución perfecta de los temas junto a una puesta en directo que te ponía el vello de punta. Cierto es que en los temas de este último disco la gente se relajaba un poco menos con en el atronador inicio de “Midnight serpent”, y ya que la tercera era “Black crows in a tombstone” todo iba bien encarrilado. A Frost no se le vio hasta el final de la actuación, detrás de esa inmensa batería y esos blast beats continuos, pero Satyr detrás de su tridente logra sacar lo mejor de cada uno que está allí adorándole. Temas más modernos como “Commando” o “Now, diabolical” hicieron enloquecer a unas apretadas primeras filas, pero sobretodo el final con la instrumental “Trascendental requiem of slaves” ponía a todos en orden y preparados para escuchar un inmenso “Mother North” de su obra maestra “Nemesis divina” (96).

Tras un breve descanso, entre vítores y aplausos, acabaron su concierto con el black and roll que nos han demostrado esta última década con temas como “The pentagram burns” y las rifferas “Fuel for hatred” y “K.I.N.G”, con Satyr micro en mano y todo el público cantando los temas a viva voz. Una experiencia única que solo Satyricon logran despertar en mucha gente, sin duda una de las mejores bandas de black metal y una de las que mejor se han sabido adaptar a los nuevos tiempos sin perder la magia.