Pocas veces tiene uno la ocasión de presenciar un concierto de rock que desprenda ese halo de autenticidad, que transpire esa esencia, que aúne profesionalidad y entusiasmo, que sea, en definitiva, tan cien por cien norteamericano. Porque si nadie discute que un japonés pueda aprender la técnica del flamenco pero no halle el duende del pueblo gitano, y si nadie discute el lamento real y opresivo del blues afroamericano, nadie de los afortunados asistentes al concierto de RFTC podrá discutirme que lo desplegado por Speedo y esa estratosférica panda que le acompaña tiene una denominación de origen, San Diego, que es en sí su razón de ser y también de noquear, de divertir, de implicar a la audiencia y sobretodo de fundir garage, punk, groove y R&B como lo que son: unos auténticos maestros.
Con un excelente nuevo disco, “Group Sounds”, bajo el brazo y dos joyas de la altura de “Scream Dracula Scream” y “RFTC”, es fácil salir confiado a un escenario, hay donde elegir, pero otra cosa muy distinta es salir a comerse un escenario. Salir dispuesto a desafiar a la lluvia aunque se moje todo el equipo y juegues con el riesgo a un peligroso calambrazo. Salir cuidando el detalle de vestir todos de negro con un elegante bordado de lentejuelas rojas que logra situarte en la Vegas a la que cierras los ojos y olvidas que estás en un parque de Santa Coloma que sirve para tapar una enorme autopista soterrada. Salir con la actitud de un currado “vende Biblias” de carretera que te arenga hasta lograr ese merecido entusiasmo con el que deben ser correspondidos. Eso y no otra cosa es un concierto (y no lo pongo en mayúsculas que luego no paso la censura del señor Luna y me tilda de populero). Ah y antes habían tocado dos bandas estatales pero hablar de ellas sería un pecado.