Desde su paso hace unos meses por el recoleto Teatro Del Arte hasta esta presentación en el Lara, Maria Arnal i Marcel Bagés han terminado de consolidarse como una de las más fascinantes propuestas que ha dado la música popular de este país. Y lo han hecho, como no podía ser de otra forma, de la mano de esa gente a la que habitualmente se dirige su cancionero, un público que se ha multiplicado exponencialmente en sus –si la memoria no me falla- tres actuaciones en Madrid en los últimos meses. En el patio de butacas de un Lara abarrotado no costó reconocer a muchos músicos, periodistas y gente de la industria musical, pero sobre todo a personas anónimas que se sienten apelados por la reinterpretación del acervo popular que representan Maria y Marcel. Ellos, ese público, fue el que desde el minuto uno calentó el ambiente con un estruendoso recibimiento al dúo que, emocionado, respondió con la interpretación de la canción que da título al disco. La cosa iba de corazón…

En un año que se recordará como aquel en que las voces femeninas acercaron la tradición musical de nuestro país al terreno del pop (la irrupción de Rosalía, los discos de Rocío Márquez y Silvia Pérez Cruz…) Maria y Marcel representan la hibridación, una feliz colisión de sonidos que va del folklore, a la vanguardia pasando por el pop independiente. Sobre el escenario lo hacen sin trampa ni cartón, presentándose prácticamente desnudos, entregados a una exquisita y fiel interpretación de los temas de su debut, señalados por una iluminación más parecida a la del salón de tu casa que a la de un concierto de rock, y vestidos muy probablemente con la misma ropa con la que poco antes se habían acodado en la barra de alguna de las tabernas que rodean al teatro. Se muestra orgulloso su manager de haberles encontrado cantando en la calle, su hábitat natural, el de los músicos verdaderos, los que se mantienen ajenos a la mercadotecnia. El Lara fue ese día su plaza, y desde allí Maria ejerció de maestra de ceremonias explicando el origen y en ocasiones también el fin de sus canciones. “Nuestro disco gira alrededor de la memoria y esta canción habla precisamente de lo contrario”.

Quien más quien menos se cuestionaba cómo un grupo con un evidente sesgo político iba a afrontar su concierto más importante en Madrid en medio de la que está cayendo. También de cuál podría ser la reacción del público al respecto. Lo hicieron sin necesidad de hacer explícito lo que siempre han mantenido en el plano de lo simbólico, y el patio de butacas por un instante pareció venirse abajo: “La gent no s’adona del poder que té” cantó María, flanqueada por Marcel y el productor David Soler, que se unió en la recta final del concierto al dúo para aumentar un poco más las cotas de intensidad.

Fue en total poco más de una hora coronada -no podía ser de otra forma- por Canción total y Tú que vienes a rondarme. Tiempo más que suficiente para constatar aquello que ya sabíamos. Y es que no es casual que para la portada de 45 cerebros y 1 corazón se eligiera un mapa: para muchos sus once canciones han sido las coordenadas con las que nos hemos movido por este 2017 que ya se escapa.