Quién iba a decir que la sala Razzmatazz 2 se quedaría pequeña en pleno mes de agosto para presenciar un concierto de death metal. Así ocurrió el pasado miércoles en Barcelona, aunque no debería sorprendernos tanto: detrás de la convocatoria se hallaba el Resurrection Fest, uno de los mejores festivales de la península, con una gira itinerante que esta vez nos traía a Obituary, una garantía infalible del mejor metal extremo. Y es que los de Tampa son uno de los ejemplos más sólidos del death metal old school surgido en Florida a mediados de los ochenta; una de aquellas formaciones fieles a su sonido que anteponen la calidad a la exploración y que, aún así, encuentran nuevas sendas dentro del género.

Sabíamos de su excelente estado de forma por sus recientes victorias por KO en festivales y salas –fueron los vencedores morales del Deathcrusher Tour, en el que desbancaron a vacas sagradas como Carcass o Napalm Death– y esta noche no fue menos. Recuperaron piezas de sus primeros años, rescatadas de sus totémicos “Slowly We Rot” (1989) y “Cause Of Death” (1990), como “Internal Bleeding” y “Chopped In Half”, entre otras, un auténtico bálsamo para nuestros oídos contaminados por el enésimo hit del verano. Las combinaron con piezas de su último lanzamiento homónimo (“A Lesson In Vengeance”, “Ten Thousand Ways To Die”), defendidas por una banda compacta (el sonido algo tosco del arranque se fue depurando progresivamente) y un John Tardy infalible al micrófono. Tras “Don’t Care”, de su excelente “World Demise”, cerraron por todo lo alto con la instrumental “Redneck Stomp”, erigida en clásico tras abrir sus últimas giras, y la arrastrada y primitiva “Slowly We Rot”.

Abrieron la fiesta dos de las mejores bandas de Barcelona: Dejadeath y Assot. Los primeros presentaban su último “Satan Is Losing Momentum”, probablemente el mejor disco de metal nacional del pasado año, y su poca presencia en los escenarios nos hizo lamentar doblemente algunos problemas de acceso a la sala que nos impidieron ver la primera parte de su show. Más injusto fue, sin embargo, que una de sus dos guitarras no sonara en todo el concierto. Una auténtica lástima, porque su demoledora descarga (descomunales “You Might As Well Die” o la final “Every Pig Into The Fire”) podría haber sido aún más aplastante. Esperamos poder verles muy pronto en condiciones y con sus espectaculares proyecciones, ausentes en esta cita. En cuanto a Assot, los de Sant Celoni sonaron algo mejor y desgranaron su death con toques hardcore algo menos abigarrado que el de los anteriores pero igualmente poderoso. Su cantante Funu interactuó con soltura con un entregado público que, a diferencia de otras ocasiones, disfrutó y mostró sumo respeto con los teloneros. Pese a algunos detalles, una inmejorable noche de verano que, como no podía ser de otra manera, acabó con tormenta.