Pocos grupos hoy en día ofrecen la fiabilidad de Nada Surf. El repertorio de los neoyorquinos contiene tantas buenas canciones que en su directo nos dan exactamente lo que esperamos: hora y media de grandes momentos melódicos a golpe de pop de guitarras. Nada más. Y nada menos. Algo que parece baladí para cierto sector de la prensa musical, acostumbrado a valorar la música en tanto en cuanto a su capacidad para articular lo que ellos creen un discurso diferente, “innovador” en cuanto a música pop se refiere.

El concierto de anoche en La Riviera demostró, además, lo mucho que quiere a Mathew Caws y los suyos el público español en general y el madrileño en particular. De hecho, venían a presentar su segundo disco con sello de aquí (Ernie Records), el notable “The stars are indifferent to astronomy”. Y lo hacían con la incorporación, parece que ya definitiva en directo, de Martin Wenk de Calexico y Doug Gillard de Guided by Voices. Músicos ambos de una calidad tan enorme y una hoja de servicios tan impresionante que no sólo añaden empaque al clásico formato de power-trío del grupo, sino que además ofrecieron momentos francamente bonitos. Como la trompeta de Wenk (¡uff!) en “80 windows”. Una canción que sigue sonando tan bien como el primer día. Antes, habían tocado temas del nuevo álbum (a destacar “Waiting for something”, muy The Posies) ante el aplauso general, “Happy kid”, “Whose authority”, “What’s your secret?” o “Weightless”. Después, la bonita “When I was young” y ese pildorazo que es “The way you wear your head”, una de las favoritas de este comentarista. Mientras, el miembro español del grupo Daniel Llorca no había parado de dar las gracias al entregado público, y Caws (muy simpático) había hecho lo propio también, en un buen castellano, que hasta le permitió soltar un espontáneo “¡Qué fuerte!” Había que hacer, por tanto, un guiño al respetable con la (buena) versión que hicieron en su día de “Evolution” de Mercromina, para luego cerrar con “See these bones”. En los bises, nada menos que cinco canciones (incluyendo, claro “Always love”, la más celebrada por el público) y un único pero. Lo rápido que tocaron “Popular”. Tanto que era imposible recitarla al mismo tiempo que el cantante, incluso para los que dominamos la lengua de Shakespeare. El colofón lo puso “The weight is a gift”, que se alargó para disfrute de nuestros oídos con, de nuevo, la trompeta de Wenk. Ni siquiera esa parte del público que tiene la extraña manía de ponerse de espaldas al grupo y parlotear durante todo el concierto nos lo estropearon. En definitiva, un conciertazo que dejó claro quienes son los catedráticos del power-pop.