“Tengo ganas de callar, pero en su lugar me pondré a cantar”. Así comenzaba Hans Laguna su concierto, sin saber que esas palabras servirían para describir lo que posteriormente viviríamos con el protagonista de la noche.

Pero por lo que a la parte del catalán se refiere, decir que fue un directo perfectamente equilibrado entre ritmos muy trabajados y letras que atraparon al oyente. Un show conformado por tres músicos, dos a las percusiones y el frontman con su guitarra, utilizando el looper de manera magnética. Un agradable descubrimiento, en mi caso, que brinda la esperanza de pensar que la música actual de este país está bien cimentada y que quedan muchas propuestas diferentes que distan de lo que nos rodea. Ya sea por imposición o por conformismo.

Hans Laguna

Pasadas las diez y media el Salamandra estaba ya prácticamente lleno con gente que esperaba a que Nacho Vegas saliera a escena. Una servidora nunca había visto en directo al asturiano así que las espectativas eran bastante altas, aunque sabido el porqué de la cita (concierto solidario a favor del Centre Educatiu Autogestionario Arcàdia de Can Battlò) el cariz que adquiriría el directo auguraba lo que ciertos asiduos a los shows del artista comentaban: nuevas canciones revolucionarias por encima de sus temas más introspectivos.

Y así fue. Nacho Vegas se posó en el centro, guitarrele en mano, con Hans Laguna y un percusionista brillante a su lado y escoltado la mayor parte del concierto por el Cor desaCord. Por consiguiente el concierto adquirió un tinte más político, de puño en alto y letras que volaban como dagas a yugulares de ciertos personajes públicos mayormente en relación a la situación actual del país. Cortes como “Santa Bárbara bendita”, “Canción para la PAH” o “Ámenme soy un Liberal” sonaron como si la sala se hubiera convertido en una especie de manifestación musical.

Sin embargo y por satisfacción propia también hubo tiempo para disfrutar de temas como “La gran broma final”, “Reloj sin Manecillas”, “Que te vaya bien Miss Carrusel” o “Ciudad Vampira”. Es cierto que, puestos a pedir, faltaron canciones más emblemáticas como “El Hombre que Casi Conoció a Michi Panero” (no lo digo solo yo, el público también la exigía).

Salí de allí con una sensación contradictoria en el cuerpo. Regocijo y desagrado se mezclaron tras haber visto al asturiano como un hombre cansado ya de cantar al mundo lo que de otro modo se quedaría en el silencio, pero por otro lado un hombre con un don especial para escribir y cantar sus experiencias, amores, desamores y otras tantas cosas que no hay que contar.