El viernes 23 de junio, el día del mestizaje en el festival, comenzó a la vez que un partido del Mundial. Con un calor brutal con el que tuvieron que luchar No Reply, ganadores del concurso de maquetas de MondoSonoro Madrid, y el rapero judío Matisyahu. Los primeros se metieron en el bolsillo a unas escasas cien personas que terminaron indecentes de bailar un swing-ska ardiente que hubiera merecido otra hora en el festival, aunque evidenció desde el primer momento las diferencias entre el escenario pequeño (Parque) con un sonido potente y dinámico, y el escenario grande (Metrorock) en el que faltó brillo y contundencia. Tal vez por eso, valió más la pena ver la gran barba de Matisyahu que escuchar un set de hip-hop bastardo que no terminó de arrancar. Casi lo mismo le pasó a Macaco, que fue de más a menos a pesar de sus intentos de levantar, sentar y hacer bailar a la gente que se quedó con ganas de un poco más de sudor. Mientras, Spunkfool se empeñaban en cruzar punk, metal y dance y terminaban acertando con lo más pop de sus estribillos. Habría que pasar por la revisión poco sorprendente de Ska-P que son The Locos para ver el primer lleno del escenario Parque con Sólo los Solo, que no tenían ganado al público a priori, pero que hicieron disfrutar a propios y extraños, algo poco común en el hip-hop nacional actual. De casta les viene. No como Sons & Daughters, que a pesar de venir de una familia ilustre del rock británico, sonaron fríos y pequeños. Pero quedaban Franz Ferdinand, la guinda del día, engarzando uno a uno esa colección de temas que son carne de festival y locura colectiva. No se dejaron ni una, pero el sonido del escenario Metrorock volvió a palidecer una actuación que debía haber despegado mucho más alto. La desbandada general se pospuso para ver la salida de El Bicho, ataviado de zíngaro y sellando con sus quejíos la mejor página de fusión flamenca del festival, a la que Chambao no consiguió llegar. La gente prefirió esperar a llenar la fiesta con la rumbita de Muchachito Bombo Infierno, que se atrevió a hacer versiones de Los Rodríguez y Kiko Veneno y consiguió levantar el ánimo de una noche que declinaba un poco ante tanto ir y venir estilístico. El sábado 24, es el día del público del rock y el indie, a pesar de que en el escenario Parque comienzan los conciertos con la franja adolescente de Nowayout y Pignoise, imitaciones de Green Day mezclados con Blink 182 sin ganas de ofender más de la cuenta. Prescindibles. Fue extraño ver cómo les sucedían 12twelve en estado de gracia. Sorprendentes como en cada concierto de su gira, pero aun más al ser los más experimentales del festival. Se llevaron la mayor ovación del fin de semana mientras que Sexy Sadie y Lori Meyers hicieron despegar por fin el sonido del escenario grande tendiendo puentes entre el clasicismo revolucionario de los primeros, y la novedad clásica de los segundos. Mucho más punzante fue el punk rock de El Columpio Asesino, que como OK Go, arrancaron más aplausos cuando versionearon a los Pixies. Sintomático, a pesar de la seriedad cada vez más consolidada de los primeros y de la fuerza histriónica de los segundos, más guapos que efectivos. En el escenario Metrorock, Paul Weller dio un concierto demasiado adulto para un público de festival, y The Charlatans evidenciaron estar en horas bajas, sin embargo dejaron su último disco para peor ocasión y recordaron de lejos su brillo perdido. Surfin’ Bichos protagonizaron el concierto más contundente y compenetrado de su gira hasta la fecha, convencieron a los nuevos y emocionaron a los viejos, cambiaron mínimamente el repertorio con respecto al estreno del Primavera Sound y cerraron un festival que se va asentando como una realidad necesaria en Madrid, por mucho que algunos pidieran más coherencia en el cartel.