La primera edición de Mad Cool Festival se cierra con el triunfo de la música y las buenas sensaciones por encima de polémicas, fallos organizativos que los hubo, sobre todo en su primera jornada y un recinto especialmente engalanado para la ocasión. Con más 100.000 visitas, más de 30.000 espectadores por día, si la dispersión genérica del cartel buscaba la diversidad de asistentes, desde luego que lo consiguió, juntando en el mismo suelo a nostálgicos, eruditos musicales y tímpanos de politono.

Jueves 16 de junio de 2016

Fue sin duda el día de las incidencias y del caos, en el que resultaba imposible encontrar nada a la primera, las pulseras del sistema electrónico de pago fallaron y los nervios propios del primer día se hicieron palpables, sin embargo nada podía ocultar la emoción de pensar “es que hoy vamos a ver a los Who” y sonreír al entrar en el recinto principal al ver esa noria gigante, esos metros y metros de moqueta verde sobre la que hacer “el gamba” y un sin fin de pijaditas festivaleras bien dispuestas.

El músculo nacional comenzaba a bombear con las actuaciones de Manel o unos Lori Meyers sólidos y enérgicos, con un repertorio cada vez más consolidado que los granadinos manejan a la perfección en grandes escenarios. Especial mención para el soul de Morgan que desde el escenario Mondosonoro, lugar dedicado a bandas emergentes, emocionaron con la voz de Nina.

The Kills, ya en uno de los tres pabellones cerrados del recinto y con aforo limitado, cosa que indignó a más de uno, comenzaban a presentar su nuevo trabajo Ash & Ice” aderezado con sus hits de siempre y con una Alison Mosshart siempre desmelenada y contoneante. Otro fue el cantar de su compañero Jamie Hince que cabreado por los problemas técnicos, decidió abandonar el escenario en la recta final del concierto, con un “Lo siento, volveremos pronto”

Se acercaba la hora para uno de los grandes reclamos del cartel: los británicos The Who, en su ya prolongada celebración de (más de) 50 años de existencia de los padrinos del movimiento mod. La nostalgia iba adueñándose del público según en la pantalla aparecían viejas fotografías y curiosidades sobre la trayectoria del mítico cuarteto…hasta que Roger Daltrey, Pete Townshend y compañía aparecieron sobre el escenario y la borraron del mapa. Nos esperaba un aluvión de clásicos que sonaron con máxima autoridad y rotundidad (“Pinball Wizard”, “My Generation”, “I Can See For Miles”, una desgarradora “Love Reign O´er Me”…) Acompañados al bajo por el habitual Pino Palladino que les acompaña desde la muerte de John Entwistle, Zach Starkey recogiendo el espíritu de Keith Moon y otros músicos de primera fila, The Who dieron un concierto sublime, en el que (cómo no) destacaron las guitarras ardientes de Townshend y la generosidad con la garganta de su socio Daltrey. Puede que los años no perdonen, pero The Who pasaron como un vendaval por el gran escenario. Histórico, sí.

La actuación de los británicos Django Django se saldó con muy buen sabor de boca. Son de esos escasos grupos que con un ojo en el pasado (Madchester, concretamente) se las arreglan para hacer pop personal y verdaderamente excitante en el buen sentido de la palabra, en lugar de mimetizar influencias. La psicodelia electrónica y rítmica de los de Londres venció y convenció.

Garbage.-Foto: Alfredo Arias

Garbage.-Foto: Alfredo Arias

Otro de los platos fuertes de la jornada fueron los americanos Garbage, que presentaron su nuevo trabajo “Strange Little Birds” acompañados de sus siempre incendiarios hits /máquina del tiempo noventera, como “I think I´m paranoid”, “Push it”, “Why do you love me” o una sorprendente versión electrónica de “Stupid Girl” con una Shirley Manson que aún retiene esa actitud macarra, algo más suavizada y ese pelo rosa que nos devolvió por unos momentos a los años de instituto.

Hercules & Love Affair, que abarrotaron el escenario Avalon haciendo bailar el esqueleto al personal con su disco punk, bajos infinitos y sonido rotundo. Otro de esos nombres que no suelen fallar en el ambiente hedonista de un festival y que junto a Digitalism dieron las dosis de baile necesarias ya caída la noche.

La recta final corrió a cargo de unos siempre correctos Editors, que siguen creciendo y obsequiándonos con himnos contemporáneos como su maravilloso “Ocean of Night” y unos Vetusta Morla parapetados por legiones de seguidores que aguantaron bien el envite del madrugón del viernes. La Deriva esculpida a base de directos, sigue funcionando igual de bien que el día que se estrenó y Pucho y los suyos siguen alzándose con uno de los mejores directos del panorama nacional.