Dos segundos de espeluznante caída libre, tan sólo dos segundos que se lo han llevado todo por delante y que inevitablemente marcan este Mad Cool 2017. Más allá del sentimiento de rabia e impotencia que genera la trágica muerte de Pedro Aunión, traumática para parte del público que lo ha vivido en primera persona, el suceso sitúa en un segundo plano lo que en principio iba a ser la razón de ser de nuestra crónica: la música. Imposible arrancar esa crónica de lo sucedido este fin de semana en el recinto de La Caja Mágica sin hacer referencia a la muerte de Pedro. También a la toma de decisiones posterior, al fuerte debate en redes sociales y al tratamiento del asunto en medios de comunicación, donde se ha arremetido con dureza y en tono moralizante contra la Organización del Festival e incluso contra las bandas y asistentes al evento.

Aproximadamente a las 22:45 del viernes, en el intervalo entre el final del concierto de alt-J y el arranque de Green Day, se produce la fatal caída del acróbata Pedro Aunión cuando practicaba un ejercicio de danza aérea a unos 30 metros del suelo. Aunión colgaba de una grúa sobre un espacio acordonado, junto a las primeras filas del escenario Mad Cool (el principal), el lugar reservado al público VIP y el foso de los fotógrafos que en ese momento esperaban a que comenzara el concierto estelar de esa noche. Aunque los servicios médicos se presentaron inmediatamente con una UVI móvil, Pedro fallece pocos minutos después como consecuencia del golpe brutal. Hay unos momentos de desconcierto en los que no se sabe realmente qué ocurrirá a continuación: la policía ha acordonado el perímetro del accidente y se desaloja a los fotógrafos, aunque inicialmente no se produce ningún comunicado oficial. La primeras noticias empiezan a ver la luz en la prensa digital aproximadamente 30 minutos después, poco antes del arranque del concierto de Green Day a las 23:55, con 25 minutos de retraso sobre el horario previsto. Los tres componentes de la banda habían sido advertidos de un problema de seguridad pero desconocían en el momento de subirse a tocar qué había pasado exactamente. Aproximadamente a medianoche en los medios de comunicación se empieza a certificar vía EFE la muerte de Aunión. Mientras tanto en las oficinas de Mad Cool está reunido el gabinete de crisis formado por la Organización, los cuerpos de Seguridad del Estado y dos concejales, Javier Barbero y Nacho Murgui, que acudieron rápidamente al recinto. A las 2:00 la Alcaldesa Manuela Carmena lanza un tweet: “Apenada por la muerte del acróbata mientras hacía su trabajo en el Mad Cool”. También a las 2:00 Slowdive deciden finalmente y tras hacer la prueba de sonido que no van a salir a tocar: Rachel Goswell se encontraba entre el público en el momento del accidente y lo había presenciado in situ. El resto de grupos programados esa noche siguen tocando; no nos consta que hubieran recibido una comunicación oficial de lo que había ocurrido. A las 03:17 eran Green Day quienes se manifestaban públicamente a través de twitter: “Acabamos de salir del escenario en el Mad Cool Festival con noticias inquietantes. Un artista muy valiente llamado Pedro perdió su vida aquí esta noche en un trágico accidente. Nuestros pensamientos y oraciones para su familia y amigos”. Finalmente Mad Cool lanza un escueto comunicado casi de la mano a las 3:24, en el que sin confirmar la identidad del fallecido afirma que “por razones de seguridad el festival decidió seguir su programación”. Doce horas más tarde, a las 15:15 del sábado, el Festival publica un comunicado de diez puntos más extenso en el que da cuenta del por qué de su proceder la noche anterior.

Desde entonces Mad Cool ha recibido críticas feroces que van desde responsabilizar a la Organización por el accidente hasta recriminarles la no cancelación del evento. Un linchamiento en toda regla que horas antes se había extendido a las bandas que salieron a tocar el viernes y, más concretamente, a Green Day a quien el diario británico Daily Mirror dedicó el siguiente titular pocas horas después: “Un acróbata se mata al caer desde 30 metros en Mad Cool festival, 35.000 personas lo presencian y los cabezas de cartel Green Day siguen tocando”. A pesar de que en ese primer tweet Green Day ya afirmaban desconocer lo que había pasado hasta el momento de acabar su actuación, las críticas al grupo no remiten hasta que Billie Joe Armstrong emite la madrugada del sábado al domingo un comunicado más amplio en su cuenta de instagram. Billie Joe se refiere en todo momento en ese texto a las “autoridades” y no a la organización como los interlocutores que primero le advirtieron que había “problemas de seguridad” y posteriormente dieron el visto bueno al show. Desconocemos por otra parte cuál fue el papel del manager del grupo en esa decisión, si él también desconocía lo que había pasado o decidió que lo mejor era seguir adelante sin decirle nada a la banda en sintonía con la decisión del gabinete de crisis de continuar con el festival.

De hecho a día de hoy desconocemos casi todo lo que ocurrió en bambalinas la noche del viernes. Por un lado en lo relativo al accidente, que ahora mismo está siendo investigado para desvelar si el mismo se debió a un fallo humano o técnico y, en este supuesto, quién fue responsable del mismo. Hasta que esa investigación policial se esclarezca poco se puede comentar de una desgracia en la que algunos se han empeñado en ver un caso de explotación laboral.

También sabemos poco -y esperamos de verdad que empiece a salir a la luz- sobre cómo y quién tomó las decisiones en lo referente a la continuidad o no del festival y cómo se debía comunicar lo que estaba sucediendo. En su comunicado de las 15:15 del sábado la Organización afirma: Si el festival no paró en el momento de los hechos fue porque en una decisión coordinada entre los responsables de seguridad y los cuerpos de seguridad del Estado, se desaconsejó hacerlo para prevenir un movimiento incontrolado de gente, ante una posible conducta reactiva por una cancelación con 45.000 personas dentro del recinto”. Puede resultar descabellado pensar que como consecuencia de la cancelación del concierto de Green Day o incluso del resto de la programación del viernes se hubieran vivido escenas de pánico entre el grueso de los asistentes. Pero no lo es tanto imaginar a un centenar de asistentes borrachos y furiosos actuando en consecuencia: los más veteranos recordarán Festimad 2005. El más mínimo incidente posterior al accidente habría sido razón suficiente para que las críticas a la gestión de la tragedia se hubieran multiplicado precisamente por esos mismos que consideran que fue descabellada la decisión de seguir adelante con la programación.

Más allá de la incertidumbre sobre quién y cómo se decidieron cuáles eran los pasos más correctos ante un drama de esas características, sí creo que la lentitud de la comunicación por parte de la Organización ha sido un error que además les ha hecho daño esencialmente a ellos mismos. Independientemente de la oportunidad o no de suspender el festival o el escenario principal la noche del viernes (entre el público seguro que habría opiniones y, en consecuencia, reacciones para todos los gustos) creo que tanto bandas como asistentes tenían el derecho de conocer qué estaba ocurriendo para que cada cual optara por la opción que le pareciera más correcta: abandonar o no el recinto, salir o no salir a tocar esa noche. Máxime en un evento de esas características que reúne a la práctica totalidad de la prensa nacional y buena parte de la internacional. Frente al silencio organizativo, a partir de medianoche los datos esenciales de lo que estaba ocurriendo en el recinto habían sido publicados ya en numerosos medios, provocando la confusión de buena parte de los asistentes y hasta, en algunos casos, reacciones airadas por parte de los mismos.

48 horas más tarde la sensación de profunda tristeza por todo lo que ha pasado lejos de mitigarse aumenta de la mano del juicio paralelo que se está llevando a cabo en medios de comunicación y redes sociales. Por eso, y más allá de las investigaciones pertinentes en lo relativo al accidente, es realmente importante por la propia credibilidad de Mad Cool, de las Fuerzas de Seguridad y hasta del Ayuntamiento (propietario del recinto) que lleguemos a saber quién se puso al mando de la toma de decisiones y en base qué se llevaron a cabo. Es la única manera de que definitivamente se otorguen o quiten razones a quienes con sus comentarios ahora mismo despojan a los responsables y trabajadores del festival de la categoría de seres humanos. Luis J. Menéndez

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