Tras dos primeros discos excelentes y un tercer álbum que resultó ser un fracaso, Jake Bugg llegó a Barcelona para defender “Hearts That Strain”, un cuarto trabajo que apenas lograba un aprobado raspado para la redacción de esta revista. Y lo hizo solo con su guitarra ante una Sala Apolo que había colgado el cartel de sold out.

Abrió la noche el cantautor St.Woods con una sala todavía a medio llenar. El madrileño, que quizá os suene por haber sido telonero de Julien Baker en su último paso por España, presentó con éxito su último EP “You’ve Been Changing Far from Home”, algunos temas más viejos e incluso una versión de “Roxanne”. Con una guitarra y pedales consiguió crear un sonido envolvente que crecía y, a la vez, atrapaba atrapaba al público. Fue una pena que esta atmósfera se fuera rompiendo y se tuviera que pedir silencio varias veces a medida que el recinto se llenaba y se acercaba la hora de la actuación de Jake Bugg. Sin embargo, aquellos que fueran admiradores de Ben Howard o Damien Rice y todavía no lo conocieran sin duda se llevaron una agradable sorpresa.

Apenas diez minutos más tarde de lo previsto, Jake Bugg se presentó ante una Sala Apolo ya llena. Sentado ante el público, inició el concierto con “Hearts That Strain”, la canción que da nombre a su último trabajo. Siguiendo con “How Soon The Dawn” y “Saffron”, se empezó a entender por qué el británico había decidido embarcarse en un tour con un formato tan íntimo y acústico. No queda muy claro si fue el ambiente familiar o los gin-tonics, pero Bugg se mostró mucho más relajado y amigable que en su primera actuación en Barcelona hace ya un par de años.

Continuó el repertorio con “Strange Creatures”. Aquí el público se animó y los que estaban sentados en pista decidieron acompañar el tema con unas palmas que se fueron apagando cuando el de Nottingham empezó a cantar. Los que estaban en la primera planta de la sala hicieron lo mismo, pero al estar de pie añadieron un intento de taconeo. El ambiente se volvió a relajar con “Slide”, “Southern Rain”, aunque volvió a crecer con “Trouble Town”. Estaba claro que el público quería escuchar los primeros temas de Jake Bugg y él no se los negó.

Tras “Trouble Town” llegaron “Me and You”, de su segundo álbum “Shangri La” (13), y “Simple as This”, de su homónimo debut. En esta última se escuchó un “Everyone!” de alguno de los británicos que asistieron al concierto y que llevaban un buen rato pidiendo canciones. El comentario, lejos de molestar, provocó que el público arrancara a cantar con Bugg. El británico continuó con “Love Me the Way You Do”, “Bigger Lover” y “Country Song”, pero no fue hasta “There’s a Beast and We All Feed It”, en la que tuvo cierto problema con la letra, y “Slumville Sunrise”, que el concierto llegó a su punto álgido.

Aprovechando el entusiasmo de los asistentes, Jake Bugg por fin tocó dos de los temas que más estaba pidiendo el público (aparte de sus versiones de “Slide Away” y “Wonderwall” de Oasis): “Broken” y “Seen It All”. Pese a la larga duración del set y el número de canciones interpretadas, que creció con “Someone Told Me”, “In the Event of My Demise” y “Taste It”, no hubo tiempo para ninguna canción de su tercer álbum “On My One” (16).

El concierto encaró su recta final con “Two Fingers”, una de las canciones más coreadas y conocidas por los asistentes. La siguieron dos temas de su último disco, “Indigo Blue” y “Waiting”, que en su versión de estudio es acompañado por Noah Cyrus, hermanísima de Miley Cyrus a la que no habría que perder de vista. Se cerró la noche con “Lightning Bolt”, que dejó a todos con un buen sabor de boca. Si bien los dos últimos trabajos del que se decía que iba a ser el nuevo Bob Dylan dejan mucho que desear, este formato acústico sienta como un guante a Jake Bugg y su buena conexión con el público hace que su directo sea muy fácil de disfrutar.