HIM regresaban a Madrid después de nueve años, pero esta vez lo hacían con un adiós bajo el brazo. Con todas las entradas agotadas desde hacía meses y la reventa disparada por las nubes ante el anuncio de la última gira, Ville Valo y su banda asaltaban el escenario con su acelerado “Buried Alive By Love”. Ya no eran los mismos de siempre, pero sonaban igual, recordaban a aquellos chicos que a final de los noventa nos enamoraron con esa forma melancólica, oscura y sexy de hacer rock.

Un Ville Valo más tranquilo y con una voz recuperada, todo el mundo se percató de que no cogió ni un solo cigarrillo durante el show, convenció y mucho con esa pose de Jack Skeleton que le caracteriza. Así sonaron casi enlazadas “Heartache Every Moment”, “Your Sweet 666” y su intensa “Resurrection”. Estaba claro que el show iba ser un greatest hits en toda regla. Cuando nos dimos cuenta teníamos quince años de nuevo y gritábamos a cada comienzo de cada canción: “Kiss Of Dawn”, “The Sacrament”, “Tears On Tape”, “Wings Of A Butterfly” y un sorprendente “Sigillum Diaboli”, rareza para sus acólitos más aventajados. Fueron las concesiones a sus primeros discos “Greatest Love Songs Vol.666” y “Razorblade Romance”, verdaderas joyas discográficas, las que emocionaron más profundamente, así una impecable “It´s All Tears” con su famosa voz grave y cavernosa y su mítica versión de “Wicked Game” de Chris Isaak, desataron la euforia.

Tras un momento de silencio, Valo se dirigió al público para decir que aquello era un adiós de verdad -“Llevamos 25 años con esta mierda”- y todos nos sentimos un poquito más viejos de repente, al ver cómo se nos escurría un trocito de la juventud en aquella digna retirada. Pero aún Sus Infernales Majestades tenían cuerda para rato y de una manera impecable se sucedieron “Killing Loneliness” especial mención para “Poison Girl”, “Heartkiller” y por supuesto su tema insignia “Join Me” y los tecladitos de Burton, la destreza a la guitarra de Lily en “Right Here In My Arms” y la estupenda complicidad sobre el escenario de toda la banda con de Mige y Valo haciendo de las suyas. Un amago de final con “Funeral Of Hearts” no achantó a una muchedumbre que no dejó de gritar hasta que volvieron al escenario con artillería pesada: “Pretending”, “Soul On Fire” y una magistral interpretación de “When The Love And Death Embrace”, pausada, consistente, intensa y brumosa, dejó claro que era aquel género que se inventaron y defendieron siempre, el Love Metal que brilló en directo aquella noche por última vez en Madrid. La despedida definitiva llegó con de la mano de otra de sus covers míticas, “Rebel Yell” de Billy Idol y toda la sala saltando y gritando. Ojalá nos hayan mentido y vuelvan a reunirse pronto, prometemos no enfadarnos y sentirnos adolescentes por siempre.