La fórmula B-Core más Sidecar es, especialmente en los últimos meses, una apuesta segura para el punk y el rock en Barcelona. Sin posibilidades de decepción. Tal y como hicieran Cala Vento y Power Burkas poco antes –puedes leer la crónica de ambos conciertos en nuestra web– esta vez eran Futuro Terror los encargados de confirmarlo presentando su nuevo disco, “Su nombre real es otro”, con los barceloneses Brut como teloneros. Unos Brut que van poco a poco, pero claramente a más. De los tres conciertos que les he visto en los últimos meses -y no es que les persiga, pero últimamente tocan en saraos recomendables- el del Sidecar fue el mejor con diferencia. Y eso que estaban ahí de rebote, ya que Pane eran los anunciados inicialmente como teloneros antes de verse obligados a cancelar el concierto unos días antes. A pesar de estar en ese género peligrosamente habitual que es el garage-punk manejan ese lado punk de cierta manera que convierte las aristas menos pulidas en virtudes. Rodaje les queda, claro, también mostrarse un poco más sueltos sobre el escenario, pero varios detalles de este último concierto apuntan maneras.

A Futuro Terror, sin embargo, no es tan fácil ponerles etiqueta sin dar lugar a equivocaciones. El punk rock parece englobar más o menos lo suyo, los pogos que se montan en sus conciertos parecen confirmarlo y la costa levantina tiene pedigrí dentro del género, eso es innegable. Pero el after-punk también está presente en sonido e imaginario, y no pecan tanto de ramonianos (por poner el referente más habitual por esas latitudes) sino que la guitarra, más nerviosa que pesada, se acerca al indie rock mientras batería y bajo aportan la precisión necesaria dejando espacio a la guitarra y sobre todo a la voz. Casi sorprendía lo bien que sonaba esta y lo clara que estaba en la mezcla en comparación a otros conciertos de características similares, pero la razón es evidente: cuando tienes buenas canciones quieres que se oigan.

Hay que aclarar que cuando beben del after-punk lo hacen quitándole todo rastro de solemnidad, llevándolo en directo a lo festivo gracias a lo coreable de sus canciones y a un universo lírico propio del terror de serie B. Lo melódico es precisamente lo que más han refinado en su segundo disco, y si en el primero había varias canciones buenas y algún que otro hit en “Su nombre real es otro” la proporción se invierte. Prueba de esa efectividad es que a la segunda repetición de cada estribillo se multiplicaban las voces que lo cantaban, aunque no lo conocieran de antemano. Que su repertorio estuviera mayoritariamente compuesto por temas nuevos puede justificarse por la presentación del disco, pero lo cierto es que de no ser así no cambiaría ni uno de ellos. Porque han llegado para quedarse.