No estamos locas
Conciertos / Futuro Terror ...

No estamos locas

8 / 10
Reuben Weedianaut — 21-04-2021
Empresa — Cosmic Tentacles
Fecha — 17 abril, 2021
Sala — Jimmy Jazz Gasteiz, Vitoria-Gasteiz
Fotógrafo — Eider Iturriaga

Mikel Chtulhu (Cosmic Tentacles) es un conocido agitador cultural desde los tiempos del blog Ecos de R’lyeh, que pasó a denominarse como los múltiples tentáculos (sello discográfico, estudio de diseño, promotor, festival, podcast…) que conforman la bestia hoy en día a raíz del aumento de la represión por parte del Estado en materia de “descargas ilegales”. Su estudio ha sido víctima también de una represión contra la libertad de expresión en los últimos meses, y unido ello al hecho de que el Cosmic Fest ya se suspendió en confinamiento, y que los intentos de llevar a cabo este formato de las Cosmic Sessions se habían visto abortados por las distintas restricciones posteriores, hacían de la primera de estas sesiones una fecha a reivindicar por todas las partes involucradas.

No es casualidad que el evento tuviera lugar en la Jimmy Jazz de Gasteiz. La sala alberga varios rincones empapelados con diseños de Mikel (similares en estilo y mordacidad al que ha sido coartado) y siempre ha sido hogar para las locuras del Primigenio. A punto de cumplirse un año del inicio de la desescalada, la Jimmy ha demostrado un compromiso inquebrantable con la cultura; llevando adelante contra viento y marea una agenda de conciertos tan normal como es posible y que, estando en zona roja como era el caso ese día, no cuenta con los ingresos de barra que son determinantes a la hora de hacer viables estas iniciativas. Toda mi admiración y respeto desde estas líneas.

El público se comprometió también sin dudarlo, agotando las entradas un mes antes de la fecha y llenando los asientos para cuando Inoren Ero Ni salieron a escena. El bajo comienza a hacer temblar las baldosas de la calle sirviendo de llamada a los rezagados de última hora, mientras guitarra y batería dan las primeras muestras de connivencia entre ellos y una cuarta silueta espera entre bambalinas. Okene hace acto de presencia, dejando atrás un telón de sombras y abrazando la luz como el maestro de ceremonias que toma la pista central para darnos la bienvenida al show. Agarrado al pie de micro con el apremio de quien no tiene voz y tiene que aprovechar cada segundo sobre un púlpito por temor a que sea el último, el espíritu de Gil Scott-Heron declama a través de Abrego como si estuviera poseído por el poeta. Mientras tanto, el trío instrumental se erige cual Soulsonic Force tras un spoken word que bebe de la bertsolaritza, haciendo patente la importancia de la improvisación en la propuesta en directo del grupo, tanto musical como vocalmente. El propio discurso refuerza esta afirmación, haciendo hincapié en el carácter irrepetible del espectáculo que estaba a punto de acontecer en ese mismo lugar (“orain eta hemen!”) y terminando con un aullido seguido de una trompeta tras la que podemos vislumbrar retazos de la (bendita) locura de Captain Beefheart.

Con un sonido que se podría definir como post-jazz (de post-hardcore, en este caso), llama la atención la forma que tiene de tocar Guantxe y lo peculiar de su set de batería. Con un tom a cada lado, la caja se sitúa en medio y delante de ella, un timbal prácticamente horizontal hace las veces de segundo snare, mientras pisa los pedales de bombo y charles casi de puntillas. Siendo ambidiestro, esto le permite ejecutar abiertamente, manejando a izquierda y derecha todos los cambios y repeticiones del repertorio; bien mediante gestos con las baquetas o bien con esas constantes miradas cómplices entre Borja y él que nos hacen sentir como en un ensayo en su local. Sonrisas perennes en sus caras, Mariano permanece ligeramente apartado de la pareja, sabedor de que su bajo ejerce de ancla y él de apuntador en una obra en la cual es lícito perder el hilo, porque esa habilidad que tienen para tocar de memoria como uno solo los devuelve al libreto a cada vaivén.

Mientras se suceden las canciones (aunque a veces calificarlas como tal puede parecer exagerado, dado que una nunca sabe bien cuándo termina un tema y empieza otro, o si están sonando los dos a la vez), nos vienen a la cabeza Shellac, Slint y unos The Ex menos intrincados pero igualmente bailables (hasta Mariano se viene arriba en algún momento y se lo baila). Okene a lo lejos observa como el pastor a su rebaño, interviniendo para dar paso a las distintas fases de la velada; controlando los tempos como si estuviera hablando en todo momento con el respetable, recitando y cantando como un chamánico Screamin’ Dr. John y sentándose al borde del escenario para que el público vea de cerca al polichinela.

Calma, tensión, ritmos motorik, mantras, kraut… se suceden y solapan con complicidad absoluta y sutileza en los arreglos. Como una locomotora de vapor, analógicos, acometen la banda sonora de la velada y la sensación de estar en un teatro se hace total, una suerte de hipnosis cinemática de la cual te despiertan a voluntad con ramalazos de hardcore o proclamas orwellianas muy apropiadas en esta distopía actual. Desde la mesa de sonido, Martxel Arkarazo pone orden a toda esta amalgama que parece una jam entre amigos con la maestría que lleva en el apellido, consiguiendo hacer sencillo lo complejo y sacando partido del virtuosismo sin alardes del grupo para sonar enormes desde cualquier rincón de la sala; una sala que Okene cruza de punta a punta antes de terminar, como si anunciara a 1.5x una revolución no televisada que sirve de catarsis final para dejar clara una cosa: Inoren Ero Ni han dado el bolo del año. Da igual cuando leas esto.

Futuro Terror son la punta de lanza de una escena valenciana (la comunidad) que lleva tiempo bullendo en el underground y que factura el punk más fresco que se ha hecho en el Estado este siglo. Grupos como Pódium, Paz SS, Mausoleo, Finale… que orbitan alrededor de sellos como Mascarpone y Flexidiscos, y espacios como La Resi o el Plug In The Gear, operando siempre al otro lado del espejo de la cultura con una ética más propia de un sombrerero loco.

Abrieron fuego con “Frío”, que da comienzo al disco que venían a presentar (“Sangre”, Humo Internacional) y serviría de perfecta analogía del concierto. Vitoria es la capital vasca donde, además de la Ley, se hace el frío, y tanto la audiencia (incapaz siquiera de mover las cervicales durante todo el setlist) como la banda (acostumbrada a una temperatura ambiente más amable que la de Siberia-Gasteiz) contribuyeron a esa frialdad que fue la tónica general. Empezaron con una lentitud próxima a un post-punk que no se deja ver más que a destellos en su cancionero (siempre de la mano del bajo de Néstor), con Jose algo incómodo a la hora de encajar esos solos tan elegantes que acercan su música a los 80 vía Gabinete Caligari. Siempre han defendido que hacen pop con influencias punk, pero este último género está más presente que nunca desde que incorporaron a Óscar Mezquita a la batería (fundador de Discos Flexi y a los parches también en ZANUSSI o Cuello) y en directo se deja notar a lo largo de todo el set. Remontando desde la retaguardia al ritmo al que antes se despojaba de la ropa hasta acabar en calzoncillos, imprime pulso hardcore con su tupatupa para Espasmódicos a temas que basculan entre lo bailable y la clase de una Radio Futura.

Llega “Sangre” y palpitan frenéticos con constantes cambios de ritmo, aunque no consiguen derretir la nieve del todo a pesar de esa urgencia punkcore marca L.A.licante que presagia un porvenir aterrador en unas letras al nivel de sus contemporáneos Biznaga. Bajan las revoluciones para bailar lento en la oscuridad, sosteniendo la mirada mientras la desvían a Óscar en cada pausa entre canciones para ver si podrá soportar otra acometida. “Urgentes” nos hace sentir indivisibles con cada palabra, una letanía que nos reafirma en que juntas somos mejores, y que se vio refrendada ese día en Jimmy.

“Matar / Dejar Morir” (con dedicatoria a Fernando Simón) encara la recta final, con Flexi muriendo a matar bajo un sudor que ya ha empapado al trío y que los lleva a caldear el ambiente hasta el punto de tener que volver a las tablas para un bis ante la ovación suscitada. Si la sombra de los Wipers había estado presente desde la propia camiseta del cantante, The Feelies hicieron aparición también en cuanto tomaron de nuevo el escenario, acabando por desatar del todo la energía y las ganas de quienes necesitamos de ese crisol musical y de colgados como Mikel y la Jimmy Jazz que lo lleven a cabo para sentirnos vivas.

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