Que un sello discográfico celebre su décimo aniversario con la que está cayendo ahí fuera, es motivo de alegría independientemente de si nos gusta su catálogo o no. Limbo Starr tiene buenas referencias, pero lo más importante es que saben transmitir el cariño que ponen en cada nuevo lanzamiento. Parece un tópico, pero no siempre es así. Cuatro eran los invitados al cumpleaños encima del escenario. Delante, todo el que quisiera venir. Cartas desde Moscú abrieron la noche y tras ellos salieron los seis músicos de Litoral. Cantan en catalán, y en Madrid parece que eso ha dejado de ser un problema, afortunadamente, a la vista de la buena acogida que recibieron. Canciones dulces, a las que quizás aun les queda un poco de rodaje en directo, pero que comunican lo esencial: emociones. Tuvieron que abandonar las tablas un poco antes de lo que tenían previsto, y lo hicieron con cajón y palmas. A lo grande con pequeñas piezas mediterráneas. Ornamento y Delito cada vez son menos el juguete de la crítica musical de la ciudad y cada vez más un grupazo sobre el escenario. Sobre su disco hay poco más que decir: imprescindible. Empezaron con ese cuento de terror que es “La Policía”. Muy oscuros, con una voz susurrante e intensa cuando era necesario y una batería claustrofóbica, repasaron su álbum de debut, “Rompecabezas de moda y perfección moral”. Contundentes con los instrumentos -el ruido a veces tapaba la voz- dieron un concierto impecable en el que brillaron especialmente en la recta final, con esas tres bombas de relojería que son “Madrid”, “Madrid de los Austrias” y “Llega Octubre”. Tras ellos, Tachenko, casi siempre una apuesta segura en concierto. Elegantes y desenfadados, hacen mucho ruido sin llamar demasiado la atención. Sobrados de actitud, y de modestia, con muchas risas delante de los amplificadores, comenzaron con “Compañeros del Metal” con Sergio Vinadé tocando la guitarra acústica. Pronto pasó a la eléctrica y dejaron caer los temas de su nuevo EP (casi pidiendo perdón por tocar canciones que el público no conocía) y diminutos hists de pop pluscuamperfecto como “Hacia el Huracán” o “Tírame a un volcán”. Muy compenetrados a las voces (a veces cantaban todos menos el batería), Sergio y Sebas se alternaban en el micrófono de manera natural. Recuperaron para el directo “Robar y Compartir”, dedicaron un tema a Pedro San Martín, bajista de La Buena Vida, y se asombraron de “lo bien que os lo habéis montado en Madrid con lo de Sol. En la Plaza del Pilar tenemos poco más que un tenderete”. A los bises, se pusieron en modo festival con “Amable”, “Afganistán” y “El tiempo en los Urales”. Hace tiempo apuntaban maneras, ahora son una manera de entender el pop. Muy suya. Muy mañica.