El madrileño sello Limbo Starr, en su apuesta de descubrir nuevas y personales sensaciones, juega fuerte, a todo o nada, por dos grupos con sobrado marchamo de incontestable actitud. En una sola noche, nada más y nada menos que dos bandas, de las que, finiquitado el cartel, no sabrías con cuál quedarte.

Pusieron el despertador Disciplina Atlántico, con “Gran Oriente” (Limbo Starr 2017) recién aterrizado. La presentación de su primer trabajo certifica el nivel de lo firmado en 2015 en forma de EP, haciendo presagiar una larga trayectoria. Todo ello, a pesar del hándicap con el que esta logia sonora llegaba a Moby Dick: ese mismo día, José Luis, su batería, era operado de la clavícula, teniendo que ser Arturo, su teclista, el que se hiciera cargo de las baquetas. ¿Y el teclado, que en muchas canciones es marca de la casa? Joaquín, encargado de mezclar el disco, puso el listón muy alto: trallazos del tamaño de “Tu gemelo enfermo” o “Chivato” tomaban el testigo de “El Cristo de las sales de baño”, con la que iniciaban su presencia esa noche. Además, Ricardo, entre tinieblas, alzaba su voz y se dejaba la piel en la sinuosa “El camino es una serpiente” o en “Esto huele como a espíritu adolescente”, imbatible oda al peterpanismo.

Pero si hablamos de adolescencia, atentos a la presencia de los deslenguados Camellos. Llegar directamente a su estreno, “Embajadores” (Limbo Starr 2017) en su particular “kunda del sonido”, como a ellos les gusta decir, es muestra de una sensata e irresponsable madurez. Bienvenida esta hilarante actitud punk, que, no por repetida, se agota. A Camellos se les aúpa a esa promoción garajera que nada ahora mismo en Madrid, con The Parrots o Los Nastys a la cabeza. Pero por sonido, e incluso por letras, su reinado puede comenzar en breve. “Becaria”, “Gilipollas” o “Ejecutivo estresado”, terna para empezar su actuación y volar las cabezas de las primeras filas. Frankie y Fernando, cantando al unísono la dura vida de los personajes de “Pantoja-ha” o los devaneos sociales de “Internet” dan sobradas muestras de dominar la cultura trash 3.0. Camellos, a los que apenas les han salido pelos en las piernas, tampoco los tienen en la lengua. Confiemos en que mantengan lampiña la “húmeda” por mucho tiempo.