La noche estaba escrita para que Mendetz arrollaran con su casiopunk “in your face” y dejaran los cimientos del Razz calentitos para los de Sheffield. Así fue cuando tras media hora de espera salió al ruedo tímidamente el cuarteto imberbe y comenzó con un potentísimo tema nuevo, seguido de un inocente “Hola Barcelona” y otro corte inédito algo menos fiero pero igual de resultón. Redoble y primera bofetada con “I Bet You Look Good On The Dancefloor”, así-nos-sacamos-rapidito-el-pedazo-de-single-que- esperabais-en-los-bises. ¡Que aquí están los Arctic Monkeys, por si no os habíais enterado! Dos minutos cuarenta y seis segundos y tres golpes de baqueta más tarde dan paso al “Still Take You Home” y la sala se viene abajo, el público se desboca, Turner casi haciendo playback, “you know nothing!!!!!”, un sujetador volando por la derecha, una cara B, otra canción nueva, bailonga y sincopada, el triunfo del Clearasil-pop. Continúa la fiesta con “When The Sun Goes Down”, o cuando el sol se pone ya no hay stop que valga; un pisotón, dos tragos de cerveza y los monos del ártico siguen con una inmediatez de espanto, sin descanso, sin fisuras, en comunión absoluta. A la media hora de show asedian con un delicioso tema introducido por el goliath del incombustible batería, un corte que podría ser de Bloc Party (¿lucha de titanes tras las baquetas?) pero casi no. Post punk + Iron Maiden de bolsillo + insolencia teenager + madurez precoz o lo que sea. Y siguen presentando canciones nuevas que esperan ser conocidas para ser coreadas a destajo en su próxima visita al FIB, cortes nerviosos, trepidantes, efectivos y con esos finales chimpún que tan bien saben hacer. Después de trece canciones llega la aclamadísima “The View From The Afternoon” seguida de “Dancing Shoes”, y pocos esperan mucho más porque no queda mucho más; pero ahí está “Fake Tales Of San Francisco” y un “You´re very kind” que sale despedido de la boca de un extasiado Alex Turner mientras sus chicos se miran entre sí, todo emoción y buenas vibraciones, sonriendo satisfechos tras su glorioso paso por la ciudad condal. Lo llaman solidez.