El concierto de Chris Isaak en el Auditori Barcelonés tuvo el extraño poder de transportarme a esa época en la que tan sólo había un par de canales, y en los que muy de tanto en tanto podías disfrutar de algunos especiales americanos de televisión dedicados a homenajear a sus viejas y respetadas glorias como Carl Perkins o Chuck Berry. Conciertos como el registrado en ese mítico doble álbum de homenaje a Roy Orbison por alumnos tan aventajados como Tom Waits o Bruce Springteen, y en los que todo sonaba con esa perfección modulada, sin estridencias y en permanente búsqueda de la elegancia tanto en los solos como en los arreglos de percusión y piano. Conciertos televisados en los que unas rubias de mediana edad de pechos generosos y oxigenadas melenas cardadas, desencajaban sus caderas mientras agitaban sus numerosas pulseras a la par que suspiraban en las baladas. De amor, por supuesto. Pues bien, Chris Isaak pertenece a esa época -quedan pocos ya- y sabe manejarse a la perfección sobre un escenario, sacando ese animal escénico curtido también en televisión a base de trucos manidos, pero no por ello menos efectivos, como pasearse por el teatro a la búsqueda de las damas de mayor edad entonando el “Love Me Tender”, mientras ellas suspiran y sus hijas le sacan la consabida instantánea. Momentos de gloria en los que derrocha simpatía mientras explica la anécdota mil veces contada sobre el escenario de cuando, como fan, se encontró con James Brown y este le dedicó un erupto como toda respuesta a su saludo, para a continuación acometer con el “I’ll Go Grazy” del Padrino del Soul. Pero quedarse tan sólo con el traje de espejuelos o las coreografías de la banda con las guitarras sería algo injusto, porque ante todo presenciamos un gran concierto de rock dulzón y almibarado, afianzado en canciones tan solventes como “Two Hearts”, “San Francisco Days”, “Blue Hotel” o “Blue Spanish Sky”. Y sí, también tocó “Wicked Game”, aunque el desbordante éxito de ese tema le haya hecho más mal que bien a su protagonista, pues el gran Chris Isaak es mucho más que un puro y duro “One hit wonder”.