A punto estuvo de irse al garete la primera jornada del festival, con el diluvio que cayó en Gasteiz durante la tarde del jueves. El Polideportivo Mendizorroza se inundó y la carpa MondoSonoro resultó providencial para albergar la primera tanda de grupos del maratoniano fin de semana. Estos obligados cambios de última hora jugaron en contra de Urge Overkill, quienes se resarcirían de los problemas de sonido al día siguiente. En contra de lo anunciado, UO basaron su actuación en temas propios. A continuación, Five Horse Johnson estuvieron tan efectivos como siempre gracias a su boggie-blues demoledor y su entrega habitual. New York Dolls cerraron la velada, capitaneados por sus únicos supervivientes (David Johansen y Sylvain Sylvain) y con Sami Yaffa de Hanoi Rocks al bajo. Difícil, o más bien imposible, era hacer olvidar a los ausentes Thunders y compañía, pero aún así ofrecieron un concierto muy digno con algún momento emocionante. El viernes empezó con los vascos Bide Ertzean y su estilizada propuesta cercana al pop, seguidos por Stacey Earle y su marido Mark Stuart, quienes no encandilaron como en las salas pequeñas en las que suelen desplegar su intimista alt-country, pero gustaron de todas formas. Mother Superior debutaron en nuestros escenarios sonando más duros de lo que algunos esperábamos. Gran concierto el suyo, repleto de actitud y contundente rock & roll. Tras los californianos, Josh Rouse Band supuso un cambio de tercio radical. Sus melodías pop fueron lo más blando y meloso del festival y carecieron del vigor necesario para la ocasión. Le siguieron Urge Overkill, quienes como ya hemos apuntado, superaron su actuación del día anterior. Sin duda, son un grupo singular que merecería más suerte y que en directo sabe elevar sus guitarras a lo más alto. Mark Lanegan, por su parte, supo adaptarse a un entorno que no le favorecía en cuanto a dimensiones, siendo capaz de ofrecer un concierto más que correcto. Después, con Fun Lovin` Criminals, llegó otro de los puntos álgidos del evento. El gran Huey, inspiradísimo, se encargó de liderar una demostración de clase que llegó acompañada de ese rock-rap-swing tan especial que les caracteriza. El sobrevalorado Ryan Adams, por el contrario, vino a hacer las paces y le salió el tiro por la culata. Talento no le falta, pero su actitud lamentable lo está echando todo a perder. Para esto, que venga borracho y a tocar rock & roll. Al fin y al cabo, tenerle hecho un corderito no nos libró de interminables parones entre canción y canción. Le siguieron los denominados DKT/MC5, combinación de los supervivientes de MC5 e invitados como Nicke Royale (Hellacopters), Mark Arm (Mudhoney), Johnny Walker (Soledad Brothers) y Lisa Kekaula (Bellrays). Si no lo tomamos como un concierto de MC5 –puesto que no lo era- concluiremos que fue una experiencia satisfactoria, a pesar del pobre volumen (problema que se acusó incluso más la noche posterior en ese escenario). Finalmente, y bien entrada la madrugada, cabe suponer que Radio Birdman hicieron las delicias de sus incondicionales, aunque tras verles en directo, muchos seguimos sin comprender a qué se debe el desmesurado culto del que disfrutan estos iconos del punk-rock australiano. El sábado -tras resultarnos imposible ver a Kuraia- empezamos con toda una revelación, el rock de tintes country de Jonny Kaplan. Siguiendo la magnífica actuación del americano –sorprendentemente concurrida para ser a las cinco de la tarde- asistimos al no menos interesante concierto de The Silos. Su rock enriquecido por variadas influencias sonó potente y a veces virtuoso. A continuación, Backyard Babies evidenciaron que sus temas antiguos poco tienen que ver con unos nuevos que parecen filtrados por la comercialidad. En escena se entregan como siempre, si bien cada día es más evidente que en parte son pura pose. Fue bueno a ratos. Los vitorianos Obligaciones, en cambio, mantuvieron un nivel alto en todo momento, tirando de un rock stoniano (excelente versión de “Rocks Off”) con toques punk. Matthew Sweet, por su parte, nos sorprendió gratamente a los que pensamos que sus discos carecen de punch. Fue melódico, pero también guitarrero y sólido. Otros que también mostraron su cara más agresiva fueron The Wildhearts. Los británicos protagonizaron los únicos riffs metálicos del festival, junto a ramalazos punk y grandes dosis de energía en general. Y justo después, The Screamin’ Cheetah Wheelies ofrecieron un apasionante show, que tan pronto brilló por el poder vocal de Mike Farris, como por su capacidad para transformarse en una imparable banda de rock sureño, de hard rock (gran versión de “Jailbreak” de AC/DC) o en una jam-band capaz de bordar las improvisaciones. Violent Femmes fueron otros que acusaron el citado pobre volumen del escenario grande. Aún así, convencieron a más de algún desconocedor de las excelencias de su intocable primer Lp. Flamin´ Groovies, en cambio, con un único miembro original en su formación, estuvieron más cerca de la tomadura de pelo que del mítico nombre que representaban. Y ya cerrando la jornada del sábado, los noruegos Turbonegro congregaron a un nutrido número de exaltados. El suyo realmente es un caso a estudiar. Su imagen glam-cutre y su limitado punk-rock no parecen nada del otro mundo, pero la gente les adora. Tal vez sea porque, hay que reconocerlo, tienen su encanto y unos himnos con gran pegada. Finalmente, la resaca del domingo estuvo marcada por un homenaje a Johnny Cash que no lo fue tanto, aunque sin duda mereció mucho la pena. Walter Salas-Humara, el líder de The Silos, fue quien interpretó más canciones del mito country. Le siguió Mike Farris, que se dedicó a exhibir su portentosa voz y se metió rápidamente al público en el bolsillo. Y finalmente, actuó el artista más importante, influyente y significativo de todos los que conformaban el cartel: Roger McGuinn. El ex-Byrds repasó lo más conocido de su repertorio, cantando como los ángeles y tocando la guitarra con su personalísimo estilo. Fue un broche de oro a un festival que, por segundo año consecutivo, se ha convertido en cita obligada para todos los rockeros de este país.