El autor de “Goliath” o “Todo el mundo tiene envidia de mi mochila voladora” visitó nuestro país para presentar su nuevo trabajo, “Un policía en la luna” (Salamandra Graphic, 17), donde el británico se permite trabajar en formato largo su fascinación por la ciencia-ficción de los sesenta.

El dibujante Tom Gauld ha conseguido crear un imaginario que atraviesa el espacio y el tiempo a través de personajes y situaciones que recalcan lo absurdo de la condición humana a través de sus tiras semanales para The Guardian o la revista New Scientist. En ellas, destila con fino humor toda una serie de referencias pop deliciosamente estilizadas y retro.

¿Qué fue lo primero para ti, el humor o dibujar?
Sin duda, dibujar. Me encantaban los dibujos de los cómics y me encantaba dibujarlos. Nunca sentí el impulso de escribirlos. Siempre di por hecho que sería ilustrador, que dibujaría para otras personas. Solo al final de mi época universitaria fue cuando me di cuenta de que algunos de los mejores escribían y dibujaban sus propios cómics, probablemente viendo el trabajo de gente como Daniel Clowes o Chris Ware. Así que empecé a escribir historias también y la parte de mí a la que le gustaba el humor empezó a aflorar de nuevo. Conforme me he ido haciendo mayor mi trabajo ha ido recogiendo todo aquello que me interesa, y el humor siempre me ha gustado, siempre me ha gustado la comedia.

Tienes la capacidad de hacer humor con todo tipo de protagonistas, desde insectos a personajes históricos. ¿De dónde sale la chispa que originan esas historias? ¿Cómo ocurre?
Bueno, he hecho unas quinientas tiras humorísticas para The Guardian, y en la actualidad hago también una semanal para la revista New Scientist. Hay días que me siento en la mesa de dibujo y pienso ‘he hecho esto quinientas veces, ¿cómo puede ser que no sepa hacerlo ahora?’. No tengo un sistema sencillo para hacer humor, y a veces me gustaría tenerlo. En ocasiones parece que estás llegando a algún sitio, pero si es algo demasiado mecánico, el chiste es aburrido. Necesitas sorprenderte a ti mismo un poco. Así que me gusta combinar cosas inesperadas. “Un policía en la luna” va un poco de eso, de unir una situación ordinaria con cosas emocionantes. El propio título resulta evocador de cosas emocionantes, y el hecho de que luego no las haya espero que resulte divertido. Esa es una manera de hacerlo pero, al final, solo intento ver las cosas desde un nuevo punto de vista.

Tienes un estilo muy personal pero, a la vez, tus viñetas son muy universales, conectan con público de todo el mundo. ¿Cómo se hace eso?
No quiero hacer cómics solo para gente que lee cómics. Hay algunos autores que me encantan, pero no podría dejarles obras suyas a amigos que no leen cómics, son demasiado complicados, demasiado autorreferenciales. Yo quiero que mi trabajo esté abierto a todo el mundo. También creo que me ha ayudado crecer en Reino Unido, donde podías encontrar tebeos de todo tipo: británicos, americanos, europeos… los primeros tebeos que leí fueron Asterix y Tintín, y luego pasé a cosas como 2000 AD y Juez Dredd, y luego al cómic americano… esa mezcla de influencias ayuda mucho.

Sigues utilizando el formato físico para dibujar pero, ¿empleas también algún tipo de herramientas digitales?
Sí, juego un poco con lo digital si lo necesito, pero prefiero utilizar lápiz y papel, porque me permite darle vueltas, tenerlo entre las manos… El ordenador es estupendo para colorear y diseñar el libro, tiene cosas maravillosas, pero me sigue gustando que mi trabajo tenga las imperfecciones de algo hecho a mano.

¿Necesitas algún tipo de entorno especial para trabajar?
Tengo un estudio al que voy cada mañana, porque trabajo mejor por las mañanas. Comparto el estudio con otra gente, pero llego siempre el primero y escucha la radio o podcasts y audiolibros mientras trabajo. La mayoría de mi trabajo lo hago de esa manera. Puedo trabajar en otros sitios, pero creo que mi cabeza relaciona ese estudio con trabajar.

¿Cómo surgió la idea para “Un policía en la luna”?
Me encanta la ciencia-ficción y he querido hacer algo de ese género durante años. Pero no podía encontrar una historia que valiese la pena. Estaba mirando chorradas en Internet cuando vi unos juguetes de latón antiguos de los años sesenta. Había uno que se llamaba Patrulla Espacial. Era un Cadillac estilo años sesenta, pero tenía una cúpula de cristal y dentro de ella había un astronauta o un robot, o algo así. En la caja se veía ese mismo vehículo recorriendo una luna vacía. Pensé que era muy divertido que en los sesenta tuviésemos esa idea de que íbamos a vivir en la luna y andar por ella como si tal cosa, incluso que iba a ser necesario un cuerpo de policía. Me resultó triste y divertida al mismo tiempo la gran diferencia entre el juguete, en el que la gente vive en la luna y van por ahí con sus coches y nuestro futuro de verdad, en el que nadie ha vuelto a caminar por la luna desde los años sesenta.

¿Esto es algo muy común de la ciencia ficción de esa época no? Por ejemplo, en obras como “Crónicas Marcianas” de Ray Bradbury, en las que los astronautas fumaban en Marte, que es algo que no verías nunca en una película de ciencia-ficción actual…
Por supuesto, y eso me resulta fascinante. Otra de mis grandes fuentes de inspiración para “Un policía en la luna” fue “2001” de Stanley Kubrik, que ofrece esa visión perfecta del futuro que no tiene nada que ver con nuestro futuro. 2001 tuvo lugar hace dieciséis años y en la película el ordenador es enorme, tienen una cabina de teléfonos y vuelan en aviones de Pan Am. Esa sensación agridulce, la de los futuros que nunca se convirtieron en realidad, era algo que me interesaba. Los futuros imaginados por la ciencia-ficción siempre molan más. Y así es como se siente el protagonista de “Un policía en la luna”. Siente que su mundo no es el futuro de ciencia-ficción que estaba esperando.

¿Acostumbrado a trabajar en publicaciones periódicas, te resultó muy difícil trabajar en un proyecto largo?
Lo bueno de trabajar con fechas de entrega semanales es que te obliga a tener una idea, hacer que sea todo lo buena que puedas y enviarla. No tiene ningún sentido dibujar la historieta perfecta si no cumples con la fecha de entrega. Te despedirán y no podrás volver a dibujar. Para mí esa es una buena manera de trabajar, porque me obliga a hacer cosas, no a quedarme en casa intentado hacer algo perfecto. Lo que me encanta del formato de novela gráfica es que es un lienzo enorme que te permite hacer muchas cosas. Lo malo es que te a demasiadas opciones entre las que elegir y da más lugar a la búsqueda de la perfección, que es algo que nunca vas a alcanzar, y a perder el tiempo. Con “Un policía en la luna” y con “Goliath”, mi otra novela gráfica, el reto era obligarme a acabarlas. Convencerme de que valían la pena fue la mayor parte del trabajo. Hacer una novela gráfica puede ser algo más largo y laborioso, pero también resulta satisfactorio de un modo distinto.

Tu visión del futuro está muy marcada por un halo nostálgico. ¿Es la nostalgia algo importante para ti?
Creo que, cierto modo, sí. En el sentido de que “Un policía…” explota la nostalgia de un futuro que nunca ocurrió, sí. Lo que no me gusta de la idea de nostalgia es que plantea que las cosas eran mejores en el pasado, cosa que yo no creo. Todos mis cómics, estén ambientados en la Edad de Piedra o en el futuro, muestran que la gente siempre es igual. Siempre somos idiotas, siempre la liamos, siempre queremos ser héroes y salir de lo ordinario. Eso no es que sea malo, es la vida.

¿Es también una especie de reacción a una realidad que quizás no encuentras tan atractiva?
No estoy seguro. Puede que a un nivel subconsciente sí, pero no es eso lo que estaba pensando cuando estaba haciendo “Un policía en la luna”. Lo que sí tenía en mente, y lo que sí me genera una cierta nostalgia es esa idea que teníamos en los años sesenta de que el futuro sería mejor, de que la tecnología haría la vida mejor, que viviríamos en otros planetas en casas modernistas de cemento, comeríamos comida de paquetes y todo sería estupendo. Y estábamos completamente equivocados, porque algunas de esas cosas no han ocurrido y otras sí pero han resultado ser terribles. Me encanta esa ambición que teníamos. No puedo con el cinismo actual, me resulta algo muy difícil y esa falta de ambición. Es que, no sé… ¡Fuimos a la luna! ¡Es un logro alucinante de la humanidad! Siento nostalgia de esa idea.

¿Qué banda sonora imaginas para “Un policía en la luna”?
No lo sé. Seguramente sería algo tranquilo, raro y modernista, compuesto principalmente a partir de sonido estático, muy minimalista.