La ASACC comunica que "espera que se estén estudiando las compensaciones por lo que se considera un agravio y un daño patrimonial sin precedentes".
La Comissió Delegada del Govern de Catalunya ha dado a conocer sus medidas restrictivas para combatir los efectos de la sexta ola de la pandemia a causa de los contagios y muertes por la variante Omicron. Entre esas medidas está el toque de queda de la 1 de la noche a las 6 de la madrugada, reducción de aforos en actividades deportivas, comerciales y culturales con público sentado (cines, teatros y auditorios al setenta por ciento) y reducción al cincuenta por ciento en el interior de la hostelería.
Pero, por lo que respecta a las salas de conciertos y clubs, se obliga al cierre de todos los establecimientos. Ha sido una medida inesperada por el sector que se queja de que ni siquiera haya habido contacto con ellos por parte de la Generalitat antes de poner en marcha tan drástica acción.
Después de dieciocho meses cerrados y solamente dos abiertos, el sector considera inexplicable e injusta la medida tomada por la Generalitat, especialmente por considerar que no se llevan a cabo otras medidas que deberían tomarse al mismo tiempo si lo que se quiere es atajar los contagios.
El sector argumenta que ha habido cinco olas previas con todas las salas cerradas y eso no consiguió atajarlas debido a que no se llevaron a cabo medidas generales y se estigmatizó a un sector que ni siquiera estaba ejerciendo su actividad.
En el comunicado, ASACC argumenta que "a diferencia de otros países como Portugal o los Países Bajos, en los que se declaran confinamientos totales que afectan al cien. por cien de la población con el objetivo de reducir los contactos de forma rápida y eficiente con vistas a recuperar la actividad lo más rápido posible, el Govern de la Generalitat ha considerado que el único sector que debe estar totalmente cerrado es el ocio, las salas de música y los clubs nocturnos, imponiendo un toque de queda que afecta mayoritariamente a su público".
De este modo, queda claro que se trata de una medida totalmente cosmética y que difícilmente atajará los contagios. El sector considera que es una medida "totalmente ineficaz y onerosa que no conseguirá el objetivo que se propone por diversas razones: En primer lugar, el público usuario de las salas de conciertos y los clubs en horario nocturno no llega ni al diez por ciento de la población total, de manera que el noventa por ciento de la población seguirá trabajando, cogiendo el transporte público y relacionándose entre ellos a pesar de la reducción de aforos de estas actividades, así que el objetivo principal de disminución considerable de contactos no se alcanzará".
Por otro lado, considera que, sin salas, ni clubs, en los que socializar, la gente buscará otros espacios ocupando el espacio público o asistiendo a fiestas clandestinas en las que no se cumplen las medidas sanitarias, de seguridad, etcétera, además de provocar infinidad de molestias y problemas con los vecinos. De este modo, el sector muestra su incredulidad frente a unas medidas que castigan una vez más a la cultura y a la población más joven, estigmatizando a un sector que ha demostrado tener un grado muy bajo de incidencia en la pandemia.
En otras palabras, que los botellones van a volver a producirse en las próximas semanas y los problemas por sus dimensiones volverán a convertirlos en un problema incontrolable a causa de unas medidas incomprensibles.
Por último, la ASACC comunica que "espera que se estén estudiando las compensaciones por lo que se considera un agravio y un daño patrimonial sin precedentes".

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