“Muchas veces me invento las letras y el idioma mismo”
Entrevistas / Wind Atlas

“Muchas veces me invento las letras y el idioma mismo”

Ane Barcena — hace 2 años

Hablamos con Andrea y Sergi de Wind Atlas sobre los cuerpos comestibles, la poesía y el arte del desdecir.

Primero de todo, enhorabuena por vuestro “Edible Body”. Me quedé gratamente sorprendida por los nuevos tiros de este recién salido LP. Otra vuelta de tuerca a vuestro constante cambio de sonido. ¿Qué pretendíais con “An Edible Body”?
A: Teníamos claro que queríamos explorar y experimentar nuevos sonidos, nuevas preguntas, en todo lo amplio del concepto. No teníamos ni idea de a dónde nos dirigiría eso pero, partíamos de la premisa de ponernos a prueba a nosotros mismos.
S: Las primeras canciones siempre salen un poco sin saber exactamente lo que quieres hacer, y ya con el segundo disco tomamos direcciones inexploradas. A veces nos cuesta verlo como un todo, pero de repente un día enlazas todo, y ves que tiene un sentido todo junto.
A: Es un disco más afirmativo. No es tan lánguido como los otros. Hay un proceso de búsqueda activa, que queda reflejado. Tiene una fuerza más vital. Es un proceso intuitivo, más que premeditado.

Sin ir más lejos el título me resulta de los más atractivo. ¿A qué hace alusión? ¿Qué concepto esconde detrás?
A: El título me vino a la cabeza de repente. Teníamos el disco hecho y de repente dije: ¡Ya lo se, es este! Tiene que ver con una búsqueda personal: el reconocimiento de una forma física (de mi propia forma física), de los límites que tiene el propio cuerpo. De una re-significación de esos límites. Límites no entendidos como “lastres” si no, como el límite de aquello que hace al ser humano, humano, finito. Tiene que ver con este cambio de la significación del cuerpo, la carne, lo negativo, la sangre, el pus, la saliva… de todo eso que hasta ahora en mi generaba rechazo.

“Me obsesionan conceptos como la “nada”. Temas recurrentes que hacen que constantemente me pregunte cosas. Respuestas artísticas que nacen de estás cuestiones”

En relación a los temas tratados, las canciones fluyen con un hilo místico, y esa incertidumbre espiritual las hace aun más desconcertantes a la par que atractivas por aquello que va más allá. ¿De dónde nace esta búsqueda de lo no-terrenal?
A: Tiene mucho que ver con el descubrimiento de algunos escritores y escritoras que me han marcado, por ejemplo “La Pasión según G.H” de Clarice Lispector. Cuando te vas haciendo mayor descubres ciertos autores o músicas que dices: ¡Ah! ¡Era esto! En mi caso por ejemplo la mística barroca española me ha influido mucho: San Juan de la Cruz, Miguel de Molinos, Santa Teresa… Esta parte tuvo mucho impacto en mi adolescencia porque descubrí una manera de pensar que me afectó tanto que me marca mucho a la hora de escribir: me obsesionan conceptos como la “nada”. Temas recurrentes que hacen que constantemente me pregunte cosas. Respuestas artísticas que nacen de estás cuestiones.

¿A través de Wind Atlas encuentras respuestas a estas cuestiones?
A: Encuentro más preguntas. También hago un ejercicio de intentar no responder esas preguntas porque todo el mundo tiende a buscar respuestas. Genero más preguntas, me dejo sorprender. Es un poco la idea de Wind Atlas.

A la hora de componer, ¿cómo os repartís la tarea?
S: Andrea tiene más peso conceptual. No tiene tantas herramientas para componer pero siempre sabe muy bien lo que está bien y lo que no. Es muy intuitiva. Todos componemos en general. De hecho en este disco, Raul Q. De Orte, el teclista, ha tenido mucho peso, y ha solucionado todas las dudas técnicas.
A: La composición es muy fluida. No tenemos un proceso concreto. Se te ocurre una melodía en la ducha y vamos probando, con ritmos etc. Cada canción ha salido de una manera muy distinta.

Esto ha sido siempre así, o, ¿ahora con el cambio de formación los procesos han cambiado?
S: Al principio éramos los dos solos y componíamos con guitarra. Una vez que pasamos a ser un grupo con más gente la cosa cambió. Cada disco ha sido más repartido. Al principio Andrea y yo teníamos más peso y ahora como hay más elementos, está todo más repartido. Lo que hacemos es grabar todo y después re-escuchar e ir descartando.
A: El cambio de formación ha sido un campo de pruebas, pero ha sido genial.

“Las cosas nunca salen como quieres al cien por cien, pero nos tomamos muy en serio lo que hacemos”

¿Sois muy exigentes con vosotros mismos?
Andrea: No se que es la exigencia con uno mismo. Creo que yo personalmente trato por regirme mucho por mi intuición. Me ha costado mucho conseguirlo, pero en todo caso no me consideraría exigente si no impulsiva.
Sergi: Yo no me considero muy exigente, ellos dicen que lo soy, pero para mí es el mínimo. Creo que en general somos muy trabajadores. Las cosas nunca salen como quieres al cien por cien, pero nos tomamos muy en serio lo que hacemos.

En referencia a “An Edible Body”, ¿Cómo ha sido el proceso de grabación? He escuchado que os fuisteis a NY a grabar con Sean Ragon (Cult of Youth)
S: Estuvimos un año componiéndolo. En realidad había muchas ideas que se fueron quedando por el camino. Tienes un año para componer un disco y de repente te tienes que ir a NY y dices, ¡hostia! Que me voy  a grabar. Pensábamos que llevábamos los temas un poco agarrados por pinzas pero Sean lo vio genial.
A: Obviamente siempre dices, hubiera hecho esto en vez de lo otro…
S: En general llegas al estudio y grabas lo que tienes en el momento. Cada disco es una etapa, el reflejo de la misma.
A: Wind Atlas es un camino. Paramos en el camino, grabamos, y seguimos caminando. No entiendo los discos como algo perfecto.

¿En la grabación misma cambiasteis muchas cosas?
A: Sean tuvo muchísimo peso en la grabación. Tiene una sensibilidad musical descomunal.
S: Fuimos ahí sin instrumentos para no tener lio en aduanas y el nos dejó todo. Salieron cosas muy significativas dentro del disco que fueron fruto de la improvisación.
Fuimos a grabar con el porque era la persona ideal. Es un disco que empieza a contener elementos de la música industrial y el es de las personas más expertas en este tema.

“Tratamos de desdecirnos nosotros mismos y musicalmente, hasta el punto de que muchas veces me invento las letras y el idioma mismo”

¿Qué diferencias habéis notado en grabar allí?
A: Mucho tiene que ver con el espacio que tiene Sean montado ahí, que es mágico. Se generó una química brutal.
S: No hubo que hablar mucho. Normalmente cuando grabas es como una especie de regateo entre el productor y nosotros, de poner consenso. Con Sean casi no dijimos nada.
A: Hasta ahora odiaba las grabaciones y para mi fue un cambio el grabar con Sean. De cara al grupo y para mi personalmente. Fue muy catártico porque estaba donde quería estar por primera vez. Fue muy bonito y estamos encantados con el resultado, con todos sus defectos. Con este disco he aprendido a aceptar y mimar los puntos negativos.

Creo que ya os habéis forjado la cualidad de ir en constante evolución entre el público. ¿Qué reacción habéis obtenido por su parte?
S: No lo sé muy bien.
A:  Soy muy poco consciente de lo que piensa la gente.
S: Me parecería increíble que a alguien le gustara más el anterior porque este es mucho mejor en todos los sentidos. Esta más cerca de lo que somos ahora.

En vuestro caso resulta especialmente peliaguda “La catalogación”: post-rock, industrial, electrónica, folk… ¿cómo os sentís vosotros con las etiquetas? ¿Tratáis de definiros?
A: Para mi Wind Atlas es un ejercicio de des-categorización: tratamos de desdecirnos nosotros mismos y musicalmente, hasta el punto de que muchas veces me invento las letras y el idioma mismo. Sin embargo, en un mundo lleno de etiquetas, necesitas un código para comunicarte, el lenguaje mismo.
S: No nos molestan las etiquetas.
A: Nos dicen que hacemos música post-punk, etérea… Pues algo hay de todo, porque en el fondo son cosas que hemos escuchado. Esta bien que no haya un consenso porque eso significa que ha habido un ejercicio de reflexión.

¿Cómo traducís el disco en físico al escenario? ¿Qué puede esperar el público de un concierto de Wind Atlas?
A: Sí es alguien que nos escuchaba antes se sorprenderá porque ha cambiado mucho. Ha cambiado a raíz de la grabación sobre todo. Hicimos un cambio inconsciente y ahora tenemos más fuerza en directo. De hecho, a mi nunca me ha gustado tocar en directo, solía decir que lo odiaba. Ahora me encanta. Disfruto muchísimo. Creo que es algo que se nota y da otro rollo. Aflora más el amor en nuestros conciertos, estamos más compenetrados y más luminosos.

Y ya para concluir, comentar el 24 tocáis en casa. Habéis montado un buen tinglado…
A: ¡Si, así es! Tocamos con nuestros colegas de Una Bèstia Incontrolable, de hecho, hicimos una versión de “A les seves mans” en nuestro primero disco.
S: Nos apetecía hacer algo con un cartel muy como el disco: que tiene de todo. Hay un grupo de hardcore (Una bèstia), Helm, que hace electrónica experimental, pero que viene del punk… La idea era hacer un cartel ecléctico y creo que lo hemos conseguido. Solo decir que esperamos veros a todos el 24 de marzo en La (2) de Apolo.  

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