A todo grupo le llega el día en que necesita una sacudida: Es lo que le ha sucedido a los australianos The Drones, que en su séptimo trabajo “Feelin Kinda Free” (Tropical Fuckstorm, 16), deconstruyen su blues descarnado con un ojo puesto en el hip-hop y otro en el Tom Waits post “Swordfishtrombones”. Su intensidad asilvestrada sigue intacta, con trallazos de blues dislocado como “Taman Shud” o la perversa balada “To Think That I Once Loved You”, que hará suspirar a Nick Cave.

Conferencia desde las antípodas con Gareth Liddiard, alma del quinteto y fuerza desatada en decenas de conciertos que les han dado la merecida reputación de ser una de las mejores bandas del mundo encima de un escenario. Gareth es un tipo tan visceral con su Jaguar y su garganta como sensato y articulado al teléfono. Y un apasionado melómano, que nos reserva una sorpresa inquietante para el final de nuestra conversación.

Os vi hace unos meses en Madrid y fue un concierto increíble. Quizá el mejor de los cuatro o cinco que he visto de The Drones.
¿Ah, sí? Eso está bien, gracias. Recuerdo que fue bastante bueno, creo que tuvimos una buena noche en todos los sentidos.

¿Os cuesta mantener ese nivel de intensidad?
No. Simplemente sucede así.

Hablando ya del nuevo disco: Es evidente que habéis dado una vuelta de tuerca a vuestro sonido. ¿Buscabais un nuevo enfoque con las canciones o los arreglos?
En cierta manera, sí. Tenía la impresión de que nos habíamos estancado en la guitarra y, ya sabes, el rock and roll no se está haciendo más joven. No sé, me da la impresión de que todo el mundo se ha estancado. Hay algunas bandas que siguen mirando hacia adelante como los grupos solían hacer. Porque el rock and roll se inventó como un medio de modernizar las cosas y de usar la imaginación, y pensé que habíamos llegado a un punto en que necesitábamos revitalizarnos, convertirnos en una especie de travesura sonora.

“Los discos más radicales y que más han perdurado tienen ocho canciones. Porque en cada una de las canciones pasan muchas cosas”.

¿Habéis grabado de nuevo en vuestro propio estudio?
A menudo grabamos con nuestro propio equipo portátil, que podemos mover de un sitio a otro. Pero esta vez, de hecho, alquilamos un estudio durante un año en Melbourne, con nuestro equipo, y fue estupendo tener nuestro propio club Mickey Mouse.

Entonces, ¿fue diferente la manera en que lo grabasteis?
Así es. Usamos equipo muy diverso. A la hora de hacer canciones, normalmente, nos sentamos en círculo, o estamos de pie en círculo, y tocamos juntos. Y eso está bien, pero al final hace que las cosas suenen igual una y otra vez, porque al final, la gente tiene las mismas rutinas. Esta vez quería parar los hábitos de cada uno antes de que empezáramos a grabar. La idea era romperlo todo en pedazos, destrozar el sonido, y después volver a recomponerlo. Y para conseguirlo, utilizamos material disparatado, como samplers y un montón de equipo de hip-hop. Pero la idea era usarlo de un modo rockero. Me explico: En el hip-hop todo suena muy mecanizado, las máquinas están ahí. Nosotros queríamos usarlas como Jimi Hendrix utilizaba su guitarra…al final, la rompía, ya sabes.

De hecho, “Taman Shud” es lo más cerca que habéis estado nunca del hip-hop, lo cual me parece sorprendente…
¡Es que hemos hecho todo lo demás! Puedo entender que a la gente le sorprenda, pero hemos hecho blues, jazz, cosas funky, noise rock…de todo. Lo que pasa es que en el momento en que haces algo con una batería groovy, parece que ya estás haciendo hip-hop. Y de hecho lo es. Hay un poco de hip-hop ahí, pero no me parece algo significativo. Todos hemos escuchado hip-hop, pero ésta era la primera vez que teníamos equipo propiamente dicho en el estudio. Un amigo que trabaja en el estudio tiene material que usaron Public Enemy o Wu-Tang Clan. Ahora mismo, son cacharros clásicos, como lo es la Stratocaster de Jimi Hendrix. Empezamos a usarlos y fue algo instantáneamente bueno, empezamos a escribir canciones, nos inspiró mucho.

Me pregunto si también ha cambiado la manera en que escribes las letras.
Mmm. No lo sé, no lo sé. Es difícil de decir. Son casi como un diario, pero…han cambiado, sí, porque me he hecho mayor. De alguna manera, las cosas que hacemos maduran según nosotros maduramos. No es como en Ramones, AC/DC o Arrested Development, donde no se puede cambiar. Esto está construido para que crezca, como sucede con Leonard Cohen. En ese sentido, han cambiado, pero es lo mismo si te preguntara cómo ha cambiado tu personalidad en el último año (risas).

¿Crees que va a ser difícil llevar algunas de estas canciones al directo?
No, no lo creo. Cada vez que grabamos un disco lo hacemos como una cosa de estudio. No nos importa pensar en cómo vamos a tocar el disco en directo o algo así. Pero es verdad que la mayoría de los grupos tratan de hacer esto, me parece extraño. Creo que fue en los 90 cuando todo el mundo intentaba capturar el sonido del grupo en directo. Siempre me ha parecido un poco tonto. La única vez que salió bien fue en la era Bon Scott de AC/DC…fue el único momento en que lo que sucedía en el escenario funcionaba en el estudio. En el resto de los casos, no sé, Led Zeppelin, Jimi Hendrix, Jane´s Addiction, Black Flag…siempre es un poco diferente. No sé, usa el estudio y ya está.

Me ha parecido que en las canciones hay una huella clara del blues descacharrado y primario de Tom Waits. ¿Es una influencia para vosotros?
Sí, es una influencia enorme. Desde el instituto hasta este momento. Pero no de la manera en que influencia al resto del mundo. En plan (pone una voz cavernosa cómica y ruiditos sincopados), porque a eso se reduce para mucha gente. Él lo ha sido en este disco en particular, en el sentido de que Tom Waits tenía una carrera, se había ganado la vida con la música desde hacía mucho tiempo, y entonces, de repente, se cansó de todo ello, dijo “a tomar por culo”. No tenía que ser el mono que tocara lo que todo el mundo esperaba de él. Y fue en ese momento cuando hizo “Swordfishtrombones” y “Rain Dogs”. Se hizo mejor pero más raro, cuando tenía cuarenta años, mientras la mayoría de la gente se hace más y más normal con la edad. Nosotros estamos en ésas, queremos hacernos más extraños.

No he estado nunca en Australia, pero tengo la sensación de que sois una banda muy australiana, con una personalidad muy marcada de allí. ¿Lo veis así?
Sí, sí. Antes de que empezáramos, a finales de los 70 y los 80, había bandas australianas como X (no confundir con la banda punk de Los Angeles), The Go-Betweens o The Scientists, cuyos cantantes cantaban con acento australiano. Y después, por alguna razón, se dejó de hacer. No volvió a haber acentos australianos en los grupos hasta mucho después. Siempre me ha parecido algo extrañísimo que no cantes con tu propio acento. Sólo trata de imaginar a un japonés cantando con acento francés. ¿Por qué vas a hacer eso? Un español cantando con acento sudafricano (risas). Qué desperdicio. Nosotros fuimos la primera banda en años que lo hacíamos. Pero ahora todas las bandas australianas, no sé, Dick Diver, Deaf Wish, bandas muy populares y estupendas, cantan todas con acento australiano. Y no por nosotros, ni nada por el estilo, sino porque han dejado de darse tanto autobombo como la generación anterior. Es un tema complicado.

Tendéis a hacer discos cortos e intensos. Éste tiene ocho canciones, como el anterior “I Sea Seaweed”.
Los discos más radicales y que más han perdurado tienen ocho canciones. Porque en cada una de las canciones pasan muchas cosas. Siempre pienso en “Raw Power” de The Stooges, el cuarto disco de Led Zeppelin, “Marquee Moon” de Television…hay otros más que tendría que pensar, pero lo que pasa con estos discos es que los puedes escuchar una y otra vez, no te das cuenta necesariamente de que sólo tienen ocho canciones, porque cada una de ellas es tan complicada…

Para terminar: Publicáis el disco con vuestro propio sello, Tropical Fuckstorm. Para una banda como la vuestra, ¿es lo natural?
Sí. ¿Quieres saber por qué?

¿Por qué?
Porque nadie en el puto mundo quería sacarnos el disco. Ésa es la razón. Los sellos de ahora necesitan catalogar fácilmente: Tienes que sonar como Siouxsie and the Banshees o Joy Division. Pero en realidad ya NO puedes ser Joy Division, porque ellos inventaron algo. Tienes que copiar. Es una putada. Lo intentamos, lo intentamos y lo intentamos y nadie en todo el puto planeta Tierra nos quiso (risas amargas).

¿Crees que esto pasa porque cada vez se venden menos discos y los sellos no pueden asumir ningún riesgo?
Sí. En los años 50 se vendían tantos discos que la industria discográfica se hizo muy conservadora y autocomplaciente. Y ahora se venden tan pocos que sucede lo mismo. Están desesperados, no quieren asumir ningún riesgo con un grupo como el nuestro. Sólo quieren copias. Pink Floyd era un grupo pop que vendía muchísimo en su momento, y ahora parece una cosa extrañísima. Y Jimi Hendrix era el artista más grande en Estados Unidos, pero también el más radical. Me temo que esto ya no se da y no pasará nunca más (risas).

Es bastante deprimente. ¿Os veremos de nuevo en Europa pronto?
Sí, tenemos planes para estar por allí en septiembre.