Producido por el propio Juancho junto a Paco Salazar, el disco combina energía y delicadeza en trece canciones en las que el grupo madrileño demuestra que su madurez no implica renunciar a la curiosidad ni al riesgo. Charlamos con la banda sobre el sentido de este “Everest”, el proceso creativo y los nuevos horizontes que encaran.
(Puedes consular las fechas de su gira al final de esta entrevista)
¿Por qué elegisteis el título “Everest” para el disco? ¿Qué os evoca esa palabra?
Sentimos que la palabra “Everest” evoca muchos adjetivos que nos representan. Habla de esfuerzo, de sacrificio, de miedo, de ilusión… Nos sentimos muy identificados con ese camino. Aunque ya nos lo han preguntado, no creemos que hayamos alcanzado ninguna cima; de hecho, está todavía muy lejos. Lo importante es disfrutar del trayecto, avanzar despacio, paso a paso, sin perderte el paisaje ni el aprendizaje. Ese es el paralelismo que encontramos con el disco.
En las canciones se percibe una reflexión sobre el ritmo de vida actual, sobre la necesidad de bajar revoluciones.
Sí. Vivimos en una época en la que todo va muy deprisa, siempre pensando hacia dónde queremos llegar y olvidándonos de vivir un poco. Nosotros creemos que hay que bajar la intensidad y disfrutar también del tránsito, conseguir las cosas poco a poco. Cuando haces eso, valoras mejor lo que has hecho bien, lo que has hecho mal y hacia dónde quieres seguir. Esa es la idea que queríamos transmitir con el disco.
"A medida que creces te quitas caretas y dejas de intentar parecerte a tus ídolos"
Es el primer álbum que produce Juancho junto a Paco Salazar. ¿Cómo fue asumir ese nuevo papel?
Teníamos claro que necesitábamos un cambio de etapa. Hemos trabajado durante años con Nigel Walker, de quien aprendimos muchísimo, pero sentíamos que tocaba probar cosas nuevas. Nos lanzamos al vacío con Paco Salazar y decidimos hacer el disco de otra forma, grabándolo por bloques, para llegar al estudio con la cabeza fresca. Fue un reto y daba vértigo - sobre todo asumir la responsabilidad de producir el séptimo disco de estudio de una banda con tanto recorrido -, pero nos apetecía probarnos y estamos muy contentos con el resultado.
El disco tiene arreglos de cuerda y voces femeninas que aportan nuevos matices a vuestro sonido habitual. ¿Cómo surgieron?
Nos guiamos mucho por lo que nos pide cada canción. A mí siempre me ha encantado cómo combinan las cuerdas con el rock y el pop, desde Paul McCartney hasta Oasis. En “A cámara lenta” o “Everest” vimos claro que una sección de cuerdas iba a sumar. Y las voces femeninas surgieron de forma muy natural. “A cámara lenta” la grabé con Esmeralda Escalante, con quien coincidimos en gira, y “Sin conexión” con Laura Rull, una amiga que estaba conmigo cuando maqueté el tema. Grabamos unas pruebas y luego ya no podía imaginar esas canciones sin sus voces.
En “Diez segundos” contáis con la participación de Iván Ferreiro. ¿Cómo nació esa colaboración?
Surgió de manera muy espontánea. Juan quería reflejar un sentimiento que le recordaba a la canción “Pensamiento circular” de Iván y pensó que el propio Iván podría ser el eco perfecto para esa emoción. Le llamamos y antes de colgar ya estaba encantado en el estudio grabando. Fue más un cameo que una colaboración formal, pero con muchísimo cariño.
¿Qué referencias musicales manejabais durante la grabación?
En el estudio solemos hablar mucho de referencias. Cuando es difícil describir un sonido, lo mejor es escuchar ejemplos. Por eso tiramos de discos de Tom Petty –especialmente los producidos por Jeff Lynne– para los sonidos de batería, o de cosas más inesperadas como Olivia Newton-John para una línea de bajo. Tom Petty siempre ha sido una influencia muy clara para nosotros.
¿Crees que con los años habéis perdido prejuicios a la hora de componer?
Sin duda. A medida que creces te quitas caretas y dejas de intentar parecerte a tus ídolos. Cada vez quieres sonar más a ti mismo. Y si aparece una canción que se sale del molde, pero encaja en el conjunto ¿por qué no hacerla? Esa libertad es muy sana.
Habéis mencionado que el proceso de grabación fue distinto al de discos anteriores. ¿En qué sentido?
Siempre habíamos grabado a la vieja usanza: veinte días encerrados en el estudio, de principio a fin. Esta vez lo hicimos todo durante la gira anterior, en varios bloques de pocos días. Eso nos permitió tener perspectiva, ver cómo iba tomando forma el disco, y mantenernos frescos de ideas. Cuando llevas muchos días seguidos en el estudio acabas saturado. Así, cada sesión era como un nuevo impulso. Ha sido una forma distinta de trabajar que nos ha encantado.
¿Y qué podemos esperar de la nueva gira?
Lo principal será el repertorio. No somos un grupo de grandes artificios escénicos. Nos gusta que el protagonismo lo tengan las canciones. Admiramos los shows espectaculares, pero también esas bandas como Wilco que simplemente salen a tocar. En esta gira queremos que el foco esté en la música y en la conexión con el público. Quizá insistamos más en este disco porque creemos que puede cambiar nuestro repertorio para siempre. Queremos que cada concierto sea un viaje compartido, sin distracciones, solo canciones.

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