El trovador moderno
ConciertosNacho Vegas

El trovador moderno

8 / 10
Aitor Sáez de Castillo — 17-05-2026
Fecha — 16 mayo, 2026
Sala — Jimmy Jazz Gasteiz, Vitoria-Gasteiz
Fotografía — Sara Irazábal

Por mucho que él mismo evite considerarse un artista, como bien dice en "Fíu", Nacho Vegas lleva décadas demostrando que sí lo es. Intimista, reivindicativo, contador de historias, comprometido… con sus luces y sus sombras, pero un artista con todas las letras. Y siempre con ese toque ensimismado, al más puro estilo Mark Lanegan, que genera un estado de alerta en el público atentos a cualquier tropezón que pueda sufrir el asturiano.

Llegaba a la Jimmy Jazz a presentar su última obra, “Vidas Semipreciosas”, en torno a la cual giró la mayor parte del concierto. Este último disco, al igual que en otros anteriores, hace una preciosa mezcla entre esas historias tristes que tanto le gusta contar, y esas reivindicaciones que el escenario le permite realizar. Y no solo lo demuestra sobre el escenario, sino con actos como la cancelación de su concierto del viernes en Bilbo, en solidaridad con la huelga de técnicos de espectáculos.

La banda que le rodea aporta lo que Nacho necesita: estabilidad, complejidad y complicidad. Manu Molina a la batería, Hans Laguna al bajo y Ferran Resines a las teclas, en la parte trasera. Y en los laterales, dos personas que jugaban en casa: el inquieto Joseba Irazoki a la guitarra solista (si no habéis escuchado sus trabajos en solitario, en el último se esconde una auténtica joya grabada junto a Niño de Elche: !Baga Biga Higa!) y la sedosa Miren Narbaiza a la guitarra acústica y coros.

Desde el principio del concierto, con “Alivio” que también abre el álbum, se vio que la conexión con el público iba a ser total, en una sala que, aunque no estaba llena, presentaba una buena entrada. Fue repasando “Vidas Semipreciosas”, intercalando algunos temas antiguos, hasta que llegó uno de los momentos que, como él mismo había reconocido, más miedo le daba interpretar en el País Vasco: “Les Ales”. La versión de “Txoria Txori”, de Mikel Laboa, en asturiano funcionó a la perfección, a pesar de que parte del público la cantase en euskera, oyéndose casi por encima de la letra en asturiano, que tanto Nacho como Joseba y Miren se esforzaban en remarcar. También funcionaron muy bien otros temas nuevos como “Mi pequeña bestia” y “Tiempo de Lobos”.

El fin de fiesta estuvo a la altura de lo que estaba siendo la noche: “Ser árbol” empezando en solitario con guitarra acústica, Seis pardales, donde se echó de menos a Rodrigo Cuevas, que le acompaña en la versión de estudio, y la gran “La pena o la nada” que cerró el concierto, espectáculo con percusión, agua y luces incluido. Un cierre que, junto con “Bravo”, interpretada anteriormente, nos hizo recordar la joya que Nacho y su amigo Enrique Bunbury nos regalaron hace ya 20 años.

Hora y media de concierto que confirmó que “Vidas Semipreciosas” es algo más que un disco; un proyecto que gana enteros sobre el escenario. Y que sitúa a Nacho entre esos artistas que conocen el trasfondo de su oficio y lo devuelven al público con la más diáfana de las sinceridades.

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