María y Nacho son San Jerónimo y hace poco que han publicado su segundo disco, “El Sur” (WeAreWolves, 18). Once canciones que hablan de lo cotidiano con melancolía, pero de una melancolía que, según ellos, “apetece recordar, que no hace daño”, y que combina entre sus influencias el downtempo con las guitarras de Red House Painters o el R&B contemporáneo con una delicadeza admirable.

¿Cuál era el sonido de vuestra infancia?¿Sonaba mucha música en vuestras casas cuando erais pequeños?
(María) En mi casa siempre ha sonado música, aunque no exactamente la que supone las influencias de San Jerónimo. Mi padre cantaba en un orfeón y yo siempre estaba cantando en casa cuando era pequeña. Creo que el primer disco que le pedí comprar a mis padres, con cierta consciencia de lo que estaba haciendo, fue “Talk On Corners” de The Corrs. Tendría unos nueve años.
(Nacho) Mis recuerdos sonoros de la infancia son Juan Luis Guerra y Mecano en el coche de mi padre.

Ambos vivís en Salinas, un pequeño pueblo de Asturias, aunque Nacho creo que es de Avilés. ¿Cómo se ha ido desarrollando vuestra relación con la música viviendo un sitio tan pequeño?¿Teníais acceso a música en directo que os gustase? ¿Qué papel juega Internet en todo ello?
En Salinas no, porque es un pueblo pequeño, ni siquiera en Avilés si me apuras. Gijón y Oviedo sí que tenían más oferta, pero bueno yo hace cuatro años que vi a Cat Power en directo y era alguien que me apasionaba desde los quince años. Y otras bandas que escuchaba por aquella época y que ahora ya apenas escucho, como Pearl Jam o todo ese rollo grunge, nunca he llegado a verlos ni tan siquiera a día de hoy. Así que la oferta que teníamos era limitada. Ahora hay más movimiento que antes, y es más fácil acceder a música, o enterarse de los conciertos al menos. Estamos informados continuamente, más que antes. Seguro que me perdí conciertazos cerca de bandas poco conocidas en aquella época. Todavía recuerdo cuando me pusieron Internet en casa (risas). Tendría catorce o así. El papel de Internet es clave en nuestro bagaje musical ya que gracias a él, día a día, somos capaces de descubrir nuevos sonidos. El hecho de que Salinas sea un pueblo tan pequeño y tranquilo nos ayuda a digerir mejor todos estos descubrimientos y vivir nuestras composiciones un poco alejados de esa gran vorágine musical que se cuece en las grandes ciudades.

Aunque el título del disco, “El Sur”, igual que “Salinas 20:15”, hace referencia al lugar en el que se grabó, Sevilla, ¿existe algún trasfondo o metáfora para vosotros en él?
Aparte de la referencia geográfica a Sevilla que no podemos obviar, hay otra cinematográfica un poco más concreta: la película de Víctor Erice, “El Sur”. Nos dejó fascinados cómo este filme retrata las ganas y la ilusión que la protagonista tiene por hacer ese viaje al sur, a comienzos de verano. Ver luz, palmeras y escapar de la monotonía gris de su pueblo, situado en el norte. Creo que todos los que vivimos aquí arriba sentimos un poco eso casi todos los días. Este disco tiene la intención de ser más luminoso que el anterior y eso se ve reflejado a través de varias inspiraciones: la de esta película y la de nuestros propios viajes al sur de España.

Lo que más llama la atención de este disco con respecto a vuestro debut es una apertura más electrónica y ambiental en términos de sonido, con un poso melancólico de fondo como común denominador. ¿De dónde surge esa necesidad de cambio? ¿Qué grupos os han inspirado a ello? ¿Creéis que es un camino que continuareis explorando en futuras canciones?
Fue un cambio bastante natural, influenciado por la música que escuchábamos en el momento de composición del album: Rhye, Baths, Beach House, Toro y Moi, Wild Nothing o Cocteau Twins por citar algunos. Se trataba también un poco de un reto personal a la hora de hacer canciones más rítmicas, luminosas y experimentales y compaginarlo con el folk sosegado característico del primer disco. En este nuevo trabajo hay sitio para ambos y eso es de lo que más orgullosos estamos. Nos hemos adentrado en el mundo de la electrónica, pero no olvidamos las guitarras y melodías que siempre nos han gustado y que seguirán gustándonos. Y creo que esto marcará el futuro de nuestras nuevas canciones. Seguiremos combinando ambos elementos y aprendiendo sobre ellos.

También es un disco en el que está más presente el trabajo en la producción y la instrumentación deja de lado el sonido más lo-fi. ¿Cómo fue la experiencia de salir de casa para grabarlo en Sevilla junto a José A. Pérez de I Am Dive? ¿Teníais las ideas claras antes de llegar al estudio o fueron evolucionando a medida que avanzaba la grabación?
La grabación fue muy intensa y enriquecedora. Grabamos once temas en seis días, algo de lo que estábamos muy lejos en nuestro primer disco, el cual fue grabado en casa sin ningún deadline concreto. El papel de José fue fundamental en la grabación. Fue una guía estupenda, nos ayudó un montón y dejó su huella en muchas canciones. Todos los temas fueron maquetados en casa previamente, pero una vez en el estudio hubo cambios improvisados y obviamente la opinión de José fue muy importante, así que bastantes arreglos terminaron de perfilarse allí in situ con él. Esto pasó con la canción “Coleccionistas”, la cual estuvimos a punto de desechar del disco porque no terminaba de convencernos la grabación, pero aquí José nos propuso un cambio muy interesante jugando con los delays que prácticamente la ha convertido en nuestra favorita del album.

Las letras siguen conservando una poética tierna y costumbrista, ¿Qué evolución o cambio veis vosotros a nivel de escritura en este disco con respecto a vuestro debut? ¿Cómo se da el proceso de creación? La voz en cambio aparece más suelta, con más registros, ¿era algo que pedían las canciones?
Narrativamente la línea no ha cambiado mucho respecto a “Salinas, 20:15”. Las canciones siguen hablando de amor, desamor y melancolía. Pero de una melancolía que apetece recordar, que no hace daño. Esto puede encontrarse en canciones como “Cabañaquinta”, “El verano era ella” o “El Sur”. Otras abordan temas de forma más concreta, como el caso de “Géminis”, que relata una pasión difícil de refrenar, o “Cuento de invierno” que habla de una confusión vivida en redes sociales por mi misma y que dio lugar a un guión fácil de estirar. El proceso de creación surge de ideas muy variadas: de conversaciones con amigos, de una imagen en la calle, de una película o de una experiencia personal. Respecto a la voz sí que como bien apuntas, me he soltado más. Me apetecía acercarme a terrenos más r&b y explorar con ella y me sentí cómoda para hacerlo en este nuevo disco.

Cuando presentasteis uno de los adelantos, “Géminis”, citabais la película “Herida” de Louis Malle como una de las grandes influencias a la hora de armar la canción. ¿De qué manera está presente el cine en San Jerónimo? ¿Qué otras influencias extramusicales son rastreables en este nuevo disco?
El cine es una de las principales referencias en nuestra música. No solamente como influencia a la hora de escribir, sino que también nos gusta que nos acompañe en los visuales de nuestros directos. Hay guiños fácilmente reconocibles al cine en nuestra música. La gente suele decir que nuestras canciones son muy cinematográficas y que podrían encajar como banda sonora de alguna película. Estamos esperando que Coixet nos descubra algún día. Aparte del cine hay otras referencias muy distintas. Como comentaba antes: desde experiencias y relaciones personales, conversaciones con amigos, personas totalmente desconocidas, cualquier imagen o situación en la calle, fragmentos de algún libro… Pueden ser innumerables.

Tanto el artwork del disco, a cargo de Siro García y Cristina Fernández, como las proyecciones de La Casa Junto Al Mar que lleváis en directo, siguen esa línea melancólica que comentaba antes. Para vosotros, ¿qué papel juega lo visual?, ¿creéis que la parte estética ayuda a crear o dar forma a la identidad del grupo? ¿Cómo surgió la colaboración con ambos?
Totalmente. Creemos que un grupo nunca debería descuidar lo visual. Para nosotros es esencial. Nos gusta cuidar las proyecciones que llevamos en nuestros directos y las imágenes que ilustran nuestros discos. Creemos que lo estético debe ser sugerente y atractivo e ir de la mano con los sonidos que estás creando. Un claro ejemplo de esto son las portadas de nuestros discos, a las cuales también le damos un gran valor. Tenemos la suerte de que Guille Pando (La Casa junto al Mar) y Siro y Cris (The Petticoat) son amigos y nos han ayudado muchísimo con su experiencia fotográfica y estética a definir y relacionar de manera impecable nuestra imagen con la música que hacemos.

¿Qué tal fue la presentación del disco en el Café Paraiso de Oviedo? ¿Tenéis más o menos claro cómo plasmar las nuevas canciones en sintonía con las viejas?
En el Café Paraíso decidimos hacer una presentación especial: una listening party. La idea se trataba de escuchar el disco antes de su publicación acompañados de todo el que quisiera unirse. Aprovechamos la ocasión para tocar un par de canciones con las guitarras acústicas. Todo fue muy bien, fue algo muy íntimo y familiar. En el Café Paraíso siempre nos tratan genial y nos sentimos como en casa. Es una experiencia bastante interesante la de escuchar tu disco rodeado de personas conocidas y desconocidas. Respecto al directo, estamos montando las canciones jugando con los nuevos elementos de electrónica con los que antes no contábamos. De todas formas, la conjunción con el disco anterior será fácil, porque las guitarras siguen estando muy presentes.

Ya para acabar, ¿qué sentido tiene para vosotros hacer canciones a día de hoy? ¿Sigue intacta la ilusión de cuando comenzasteis a hacer música?
Hacer canciones es una forma de expresarnos y de pasar un buen rato. La música es uno de nuestros principales hobbies desde hace mucho tiempo y seguiremos manteniéndolo. Podremos seguir publicando discos o no, pero seguramente las canciones sigan surgiendo. La ilusión sigue tan intacta como el primer día o incluso más, ya que parece que este nuevo disco está llegando a más personas, y no hay nada que nos haga más ilusión que a la gente le guste nuestra música.