“El alcohol y las drogas nunca pasaron factura a mi memoria”
Entrevistas / Richard Lloyd

“El alcohol y las drogas nunca pasaron factura a mi memoria”

Carlos Pérez de Ziriza — 19-12-2019
Fotógrafo — Archivo

Enhebró junto a Tom Verlaine algunos de los más hermosos diálogos de guitarras de la historia del rock, como los del “Marquee Moon” (1977) de Television, especialmente en su glorioso tema titular. Formó parte de Rockt From The Tombs y del espléndido elenco de instrumentistas que acompañó a Matthew Sweet en el primer tramo de los noventa. También se alió con John Doe. Y emprendió carrera en solitario con discos tan estimables como ‘Alchemy’ (1979), “Field of Fire” (1985) o “The Radiant Monkey” (2007). El año pasado le pudimos ver por aquí junto a Marc Johnson y Víctor Ramírez.

Pero Richard Lloyd (Pittsburgh, Pensilvania, 1951) también estuvo a punto de morir por sobredosis un par de veces, recibió un bofetón de Jimi Hendrix una noche de farra, fue invitado por John Lee Hooker a compartir escenario con él cuando apenas era un músico anónimo, pasó un par de temporadas en centros psiquiátricos por síndromes maníacos (sus padres no permitieron que se le aplicaran los electroshocks que sí le propinaron a su amigo Lou Reed), bebió como un cosaco, copuló lo que no está escrito e incluso se ganó unos chavos haciendo de chapero en el famoso cruce de las calles 53 y 3, y descubrió a los Ramones antes de que estos pisaran su querido CBGB.

Una vida rebosante de excesos, pero también de una determinación casi lunática en sus propias posibilidades como músico: el destino le dictaba que acabaría siendo un legendario guitarrista. Todo eso lo cuenta con pelos y señales en ‘Material Inflamable‘ (Contra, 2019), sus memorias recientemente publicadas en castellano, traducidas por Elvira Asensi y prologadas por Rafa Cervera. Un libro tan singular, tan diferente a cualquier otra autobiografía que hayan podido leer, que bien vale una charla de veinte minutos con el legendario guitarrista. Nos atiende por skype desde su casa en Tennessee.

Revelas en el libro, si ninguna clase de filtro, innumerables aspectos de tu relación con toda clase de drogas, con el sexo en su más amplia acepción (con mujeres y hombres), con el alcohol e incluso tu estancia en un par de instituciones psiquiátricas, pero sin ninguna glamourización del rock and roll way of life. En absoluto. Y con una atención a ciertos detalles a la que el resto de mortales no creo que nos atreviéramos. Da la sensación de que te importa más bien poco proyectar una imagen amable o remotamente positiva de ti mismo, ¿no?
Así es, no me importa. La realidad, eso es lo único que me gusta.

En cierto modo es como si se le estuvieras confesando todo esto a un amigo cercano.
Sí. Y en realidad es así porque no escribí nada, fue como una conversación, porque utilicé un transcriptor, un programa para convertir mi voz en texto. Es como un libro verbal, como si estuviera hablando.

“Cuando alguien a quien admiras, como era el caso de Mick Jagger, dice algo así acerca de ti, te sienta como un tiro”.

¿Por qué sentiste que 2017, recién pasados los 65 años, era el momento de contarlo todo?
Bueno, me estoy haciendo un poco mayor, y no quería olvidarme de un montón de historias que he estado contando a gente cercana. Pensé que el hecho de escribirlas era como un nuevo comienzo. A veces me cuesta creer que todo lo que cuento fuera real, pero lo fue, lo fue.

Antes de que Television fuera una banda, solías ir a muchísimos conciertos de músicos a quienes admirabas y luego colarte en sus camerinos, pero cuentas que no lo hacías por mitomanía, ni porque sintieras ninguna necesidad de conocerles personalmente, sino solo por captar algo de su aura.
Cuando eres muy joven, una diferencia de edad, aunque sea solo de un par de años, es enorme. Es como cuando vas al instituto y tienes una conversación con alguien que ya va a la universidad. Yo era consciente de que era muy joven, y tenía claro que no iba a convertirme en el mejor amigo de ninguno de ellos.

De hecho, recibiste clases de guitarra de Jimi Hendrix y de Jimmy Page, pero de segunda mano: en el primer caso, a través de lo que tu amigo Velvert Turner había aprendido de Hendrix, y en el segundo a través un roadie del propio Page. Y eso que a ambos les conociste bien en persona.
Sí, en realidad yo solo quería saber qué era lo que hacían, aprender sobre cómo manejaban la guitarra.

Uno de los aspectos más sorprendentes del libro es tu impresionante memoria para recordar cosas de cuando eras muy crío, incluso de cuando tenías uno o dos años. Por mucho que digas que ya naciste siendo una especie de adulto en un cuerpo de niño. Teniendo en cuenta la cantidad de drogas y alcohol que consumiste luego, resulta increíble que mantengas recuerdos tan vívidos de todo aquello.
Jajaja. La verdad es que no sé por qué, pero el alcohol y las drogas nunca le han pasado factura a mi memoria. Mi mente nunca ha dejado de trabajar, a pesar de ellas.

Llama también la atención tu determinación. Tenías claro que querías ser un guitarrista de rock que pasara a la historia, lo que te llevó a desestimar los estudios y a vivir casi en la miseria durante unos cuantos años. Como si estuvieras predestinado a ser lo que fuiste. Lo tenías claro.
Exacto. A veces tienes un objetivo que es como alcanzar la cima del Everest. ¿Sabes lo que quiero decir? Tienes que practicar y tienes que sufrir para llegar a ello. Siempre tuve esa determinación. Y fe en mis capacidades, sí. La tuve y aún la tengo.

Incluso hablas de “pensamiento mágico”, una forma particularmente tuya de adaptarlo y de encajar las cosas, que te permitía encaminarte a ese objetivo.
Sí, el pensamiento mágico es tan bueno como cualquier otra forma de pensar. De hecho, a veces es mejor.

En realidad, es como cualquier clase de pensamiento positivo, ¿no? Siempre que uno piense en positivo, tiene más posibilidades de aproximarse al éxito.
Así es. La mayoría de la gente prefiere pensar en aquello que no quieren o no les gusta. Y al final eso es lo que tienen, eso es lo que consiguen.

“Me encanta la forma de tocar de Jeff (Beck), pero es demasiado perfecta. Es esa clase de guitarristas que nunca cometen un fallo. Elude el peligro”.

Cuentas que conociste a Tom Verlaine en un concierto, en el Reno Sweeney, una sala de Nueva York, en el que este solo interpretó tres canciones, porque era una de esas noches de micros abiertos para debutantes. Pero que eso te bastó para tener muy claro que era justo el músico que necesitabas para formar una banda. ¿No tuviste en ese momento la sospecha de que sería tan complicado como persona y como compañero?
Sí, lo supe, pero compensó durante mucho tiempo. Él era muy cabezota, y había veces en las que, a fuerza de buscar el mejor contrato posible, acababa por beneficiarnos. Eso era lo que sacábamos en claro de su forma de ser.

Pero también es verdad, según cuentas en el libro, que rechazó los servicios de David Bowie como productor, y tampoco quiso que Tommy Mottola fuera vuestro manager. Y trató de imponer una visión muy dictatorial dentro de Television.
Ojalá hubiera sido como una banda de verdad, pero él no lo permitía. Siempre pensaba en sí mismo, y es una pena. Porque éramos cuatro personas que estábamos dando lo mejor de nosotros mismos. Y él era el único que no pensaba como si fuéramos una banda. Nos tirábamos un año y medio para escribir una canción, y era un trabajo entre varios músicos. Pero ¿qué puedes hacer ante eso?

Supongo que entonces tampoco te sorprendería demasiado que la vida de Television fuera tan corta.
Ojalá hubiera durado más.

Cuando hablas de otros músicos de los que aprendiste, pones a Jimi Hendrix como ejemplo de guitarrista que siempre se ponía a sí mismo al límite, que aceptaba continuos desafíos, y por el contrario hablas de Jeff Beck como otro excelente guitarrista que resulta técnicamente perfecto, pero no tuvo esa querencia por arriesgar o probar cosas nuevas. Tú mismo te situarías, tal y como lo describes en ese capítulo, más del lado de Hendrix, ¿no?
Me encanta la forma de tocar de Jeff (Beck), pero es demasiado perfecta. Es esa clase de guitarristas que nunca cometen un fallo. Elude el peligro. Pero me gustan las bandas con las que nunca se sabe lo que va a ocurrir con sus canciones, que trabajan hasta poner a prueba sus propios límites. Jeff Beck es más ortodoxo en este punto, pero eso tampoco significa que no le admire. Él aportó muchísimas cosas, es un guitarrista excepcional.

Television

En un momento del libro cuentas cómo Mick Jagger desestimó tu fichaje como guitarrista para uno de sus discos en solitario porque te vio en directo y, pese a que tocaste estupendamente, notó que no estabas del todo cómodo sobre el escenario, que llevabas a cuesta una “mochila de mierda” (así lo defines) que era fruto de todas las experiencias amargas que llevabas acumuladas en tu vida.
Y tenía razón, fue una apreciación correcta. Y me ayudó el saberlo. Aprendí de aquello.

¿Aprendiste de ello? ¿Quieres decir que en realidad fue algo positivo?
¡Sin duda! Porque me hizo plantearme muchas cosas acerca de mí mismo. Y al final tuve que darle la razón. De hecho, cambié mi actitud a la hora de tocar, y dejé de dar esa impresión. Hoy en día, esa incomodidad no es visible. En absoluto. Hace años que me siento mucho más cómodo cuando toco ante el público. Cuando alguien a quien admiras, como era el caso de Mick Jagger, dice algo así acerca de ti, te sienta como un tiro. Pero era verdad. No puedo discutir sobre algo que tiene una base clara en los hechos. Así que tuve que ponerle solución.

“Siempre es gratificante que la gente aprecie tu trabajo. Es así de simple. Sientes que tu esfuerzo no ha caído en saco roto”.

Vaya, te iba a preguntar si esa incomodidad o esa sensación de angustia que transmitías tenía algo que ver con ese deseo compartido con Hendrix de ponerte al límite. Es decir, si hay alguna relación de causa – efecto entre llevar una vida, digamos, complicada o atormentada, y al mismo tiempo hacer de tu estilo como guitarrista algo más complejo e impredecible…
Bueno, al final todo está relacionado. Yo siempre he de esforzarme cuando toco la guitarra. Para otra gente es algo que técnicamente es muy sencillo. Pero no para mí.

Ahmet Ertegun, el jefe de Atlantic Records, le comentó a su socio Jerry Wexler que la música de Television no era de este mundo. Que él no la podía entender, vaya. ¿Fue uno de los mejores halagos que os podían hacer?
¡Seguro! Fue un gran cumplido. Todo el mundo tocaba música terrenal. ¿Quién no lo hacía? Que dijera eso era una buena señal.

Cuando Television estabais en busca de vuestro primer contrato, Seymour Stein, de Sire Records, dijo sobre vosotros que seríais la clase de banda que seguramente nunca tendría un gran éxito comercial, pero que gozaría de un prolongado culto en el tiempo, como los Grateful Dead. Es otro comentario con el que estabais de acuerdo, y puede que hubiera sintonía con él, pero finalmente fichasteis por Elektra. ¿Por qué?
Seymour (Stein) tenía razón al decir eso, pero él no estaba en condiciones de darnos mucho dinero, hubiéramos tenido que hacer un disco súper barato.

Así que las condiciones de Elektra eran mejores…
Mucho mejores, y nos permitían hacer un buen disco.

En el libro hablas sobre quiénes fueron tus influencias, guitarristas como Hendrix, Buddy Guy, John Lee Hooker o el mismo Jimmy Page. Pero quiero preguntarte su tú aprecias tu propia influencia sobre otros guitarristas más jóvenes que tú, y quiénes serían.
No, ese no es mi trabajo. Lo siento, pero no es mi trabajo ni siquiera pensar en ello. Aunque haya toneladas de guitarristas que conozcan los discos de Television y los míos en solitario. Y supongo que les habrá influido de alguna manera.

Bueno, pero en cualquier caso, supongo que es halagador que Johnny Marr, Jeff Tweedy, Nels Cline, Peter Buck, The Edge, Thurston Moore o Ivan Julian – cuyo estilo sitúas en el libro entre el tuyo y del de Robert Quine – te tengan en su pedestal particular, ¿no?
Sí, claro, siempre es gratificante que la gente aprecie tu trabajo. Es así de simple. Sientes que tu esfuerzo no ha caído en saco roto.

La última vez que actuaste en España fue hace algo más de un año, en aquella gira junto a Marc Johnson y el valenciano Víctor Ramírez, que os llevó por varias ciudades. Recuerdo verte en Valencia tocando canciones de tus discos en solitario, como “Amnesia” o “Fire Engine”, y una lucidísima versión de “Marquee Moon” en la que la guitarra de Pau Miquel Soler (Arthur Caravan) te daba el contrapunto, a lo Tom Verlaine. ¿Qué recuerdo tienes de aquellos conciertos?
Los disfruté muchísimo. Fue como una revisión del repertorio de los tres. Fue muy bonito, la forma en las que nos alternábamos sobre el escenario. Me encantaría volver a España.

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