Hace ya unos cuantos años desde que Idlewild comenzaron a sonar en el panorama nacional con motivo de su teloneo de Coldplay en nuestro país. Los de Edimburgo, uno de esos grupos que uno podría considerar de mitad de la tabla, se desmarcan ahora con “Make Another World” (Sequel/Pias), su particular visión mundial a pequeña e íntima escala.

El dibujo de portada por segunda vez consecutiva no muestra ningún ser humano. En la primera ocasión se trató de un libro, posible fuente de prevención de males. Esta vez nos encontramos con un caballo que parece curarse de alguna herida. ¿Una simple combinación estética de arte urbano y tatuaje diseñada por su tour manager o un toque de atención a los daños de los llamados humanos o la definitiva pérdida de fe en los mismos? “Yo creo que es un disco lleno de esperanza. Queríamos que sonase muy fresco, vivo y excitante, tanto las letras como la música”. Excitante o no, lo cierto es que “Make Another World” suena mucho más sereno, concreto quizá, que alguna de las anteriores entregas de los escoceses. Su frontman Roddy Woomble, no obstante, se muestra parco en palabras a la hora de describir el álbum. “Diría que es un meditado, excitante y buen disco, recomendable para todos”.

“Es muy importante que las personas vivan sus vidas con los ojos abiertos e intentando fijarse y darse cuenta de todo lo que les rodea”

En cuanto a esa labor constructiva que parece proponer el título, los lugares comunes no parecen abandonar el tono general de lo que a menudo, y ésta no es una excepción, oímos. “Si tuviera que hacer otro mundo, construiría el mismo sólo que con distintos líderes. Este mundo es un sitio un poco loco para vivir en él pero tienes que arreglártelas con lo que tienes a tu alrededor”. “No Emotion” es el primer single de “Make Another World” y hay un par de cosas claras respecto a él. La primordial es que es la punta de lanza más clara, la arista ultra-comercial que tiene el álbum para abrirse camino en listas y pistas. La segunda es su aparente ruptura con lo que el disco tiene dentro: canciones más tranquilas en su mayoría, no al menos tan enfocadas al lugar al que parece querer apuntar “No Emotion”. “El single no tiene por qué actuar de portavoz de lo que hay en el disco. El tema en cuestión habla de la manera en que se hablan unas a otras las personas que viven en las grandes ciudades. Esa frialdad en el tono que nos es tan familiar…”. Efectivamente, el tono es frío y tranquilo, ese que preside los días tontos y anodinos que parecen reflejar Idlewild aquí. No en vano, Roddy asiente con la cabeza si se describe a la banda como testigo de la realidad. Algo que, en la práctica, todos somos. “Es muy importante que las personas vivan sus vidas con los ojos abiertos e intentando fijarse y darse cuenta de todo lo que les rodea”. Woomble sigue insistiendo en destacar humildemente que lo que aquí hay es la colección de pensamientos musicales y líricos de cinco treintañeros escoceses en el año 2007. Y cabe desde el pop británico al folk -al que ya han dado un poco de escape Roddy y el guitarrista Rod Jones en el disco cooperativo “My Secret Is My Silence”- e incluso a embestidas rockeras como la de “If It Takes You Home” que podrían haber firmado unos Therapy. “No es cuestión de rabia el hecho de componer ese tipo de canciones, sino más bien amor por la música, por escribir canciones y tocarlas, así de simple”. Puede parecer simple, pero no es fácil después de una carrera de medio fondo, plagada de medias y buenas críticas, de sorpresas y de haber conseguido logros que ni ellos mismos sospechaban hace dos lustros, como confirma nuestro interlocutor, orgulloso y afortunado, quien tampoco quiere entrar a considerar si la suya es una banda subestimada por la crítica. “Es extraño que hayamos llegado hasta tan lejos, pero estoy muy contento por ello. No soy yo quien tiene que valorar si somos una banda subestimada o no”. Desgraciadamente, algún plan siempre se cancela, como es el del DVD biográfico cuyo título anticipado era “Ten More Years Of This”, aunque encuentre compensación en proyectos como “Ballads Of The Book”, un disco cooperativo entre algunos de los más ilustres poetas y músicos escoceses, entre los cuales se cuentan, claro está, Idlewild. Lo que habrá que ver es si la banda consigue despegarse con estas canciones de esa especie de etiqueta manifestada en voz no demasiado alta que dice que la de Roddy Woomble es sólo una de esas bandas que nunca han acabado por explotar bien.