Seguramente ha sido lo bueno de su legado pretérito sumado al mucho tiempo transcurrido desde la publicación de su anterior álbum, lo que ha propiciado que Nueva Vulcano se hayan convertido en algo parecido a una banda de culto. Seis años después de “Los peces de colores” (BCore, 2009), Artur Estrada (voz y guitarra), Albert Guàrdia (batería) y Wences Aparicio (bajo) reaparecen con “Noveleria” (BCore, 2015); otro disco de melodías asimétricas pasadas por el filtro DC, fórmula infalible para seguir ampliando su nómina de hitets. Ha pasado más de medio lustro pero no ha cambiado nada. O casi nada.

Seis años esperando poder entrevistar a Nueva Vulcano, y ahora que os tengo delante no sé qué preguntar.
Albert Guàrdia: Pero te has escuchado el disco, ¿no?

Sí, claro, pero es justamente por eso. Con todas sus virtudes, “Noveleria” es otro disco más de Nueva Vulcano. Ya está, lo podríamos dejar aquí y estaría todo dicho.
AG: Pues lo dejamos aquí o hablamos de fútbol, que tampoco estaría mal.

Siempre he pensado que Nueva Vulcano era lo que pasaba mientras haciais planes para grabar un nuevo disco.
Wences Aparicio: Tal vez. Puede que nuestro secreto sea que nunca nos hemos puesto el listón demasiado alto, ni nunca hemos aspirado a nada que no podamos conseguir. Sí, seguramente sea este el motivo por el que llevamos todos estos años juntos, porque nunca nos hemos marcado objetivos imposibles de alcanzar.
Artur Estrada: ¡Sí que tenemos grandes objetivos! Girar por Suramérica y ser portada de Mondosonoro (risas).

Lo hablaré con Joan S. Luna.
AG: Lo tenemos difícil. Creo que el disco no ha gustado demasiado en la redacción. Dejémoslo aquí.
AE: Mi comentario era un poco para contrarrestar lo que decía Wences. Vaya, que objetivos sí que tenemos.

Aun así, siempre os he visto como un grupo que lo relativiza y quita trascendencia a todo.
AG: No nos regimos por una agenda, como tampoco lo hace nuestra discográfica, BCore. Tal vez estando en otro sello, ya nos hubieran pegado el toque hace mucho tiempo.

Han pasado seis años desde que publicasteis “Los peces de colores” (BCore, 2009), lo que en música puede ser una eternidad. En vuestro caso, sin embargo, la sensación es que durante todo este tiempo, aunque no hubiera material nuevo, nunca habéis desaparecido.
AE: Justamente hablábamos de esto hace poco. Tengo la impresión que “Los peces” ha tenido una vida muy larga. Una situación, la de estar y no estar, que también tiene sus ventajas.
AG: Es mas, la sensación es que, aunque nos pasamos dos años sin dar un puto concierto, el grupo ha crecido. Algo, creo, totalmente inaudito. Incluso nos ha empezado a seguir gente muy joven, algo sorprendente desde el momento en el que no estamos en primera fila.
AE: La lección que pueden sacar el resto de grupos de todo esto es que solo creces si te quedas tirado en el sofá de casa. Si publicas un disco, lo más probable es que salga un truño, pero si no haces nada multiplicarás tus seguidores (risas).
WA: Fuera coñas. Nunca hemos perdido las ganas de grabar discos y actuar, el problema era sacar el tiempo para encontrarnos, ensayar y escribir temas nuevos. Recuerdo que en la promo de “Los peces”, Artur decía que queríamos publicar 25 discos. Seis años después, lo seguimos pensando, el tema es disponer de las circunstancias adecuadas para grabarlos.
AE: Si contamos los singles, ojo. Creo que, sumándolos, ya hemos publicado diez referencias.

De hecho, en vuestro caso el de los singles no es un hecho menor. Antes de un álbum soléis publicar un single que da pistas de por dónde irán los tiros con el disco. Ya lo hicisteis con “Los días señalados” antes de “Los peces” y lo habéis vuelto a hacer ahora con “Todo por el bien común” y “Noveleria”.
AG: Sí, los singles son como pasos intermedios. Una manera, como dices, de enseñar lo que estamos haciendo. Solemos decir que todas nuestras canciones suenan igual, que son la misma pero con diferentes títulos, pero siempre hay pequeños detalles que cambian de un disco a otro.
AE: También nos gusta que en los singles haya temas que no aparezcan en el disco, como para darle la importancia que realmente tienen. Al mismo tiempo, los singles nos ayudan a plantearnos las grabaciones de los discos, qué sonido queremos, detalles de producción…
AG: Y, aunque sea de forma inconsciente, porque no hay ningún plan trazado, los singles también nos ayudan a ir creando algo de expectativas, a mantenernos vivos.

Luego está el hecho de que sin ser un grupo de difícil deglución, tampoco sois obvios ni translucidos.
AE: Tal vez haya quien ha empezado a entender ahora las letras del primer disco (risas).
AG: Hay un factor, destacable, en las letras de Artur: sin ser muy explícitas, o tal vez por ello, todo el mundo se las puede acabar haciendo suyas.

Pero incluso en lo musical, también. Sois un grupo con vuestra dosis de melodías pop, pero estas nunca han resultado muy evidentes o sobre edulcoradas.
AE: Seguramente no seamos un grupo destinado al oyente medio, pero es que siempre hemos intentado rehuir las estructuras más obvias. Está bien que no seamos los únicos que lo percibamos así.

Esta vez, sin embargo, habéis facturado varios, como vosotros los llamáis, hitets.
AE: ¿Sí? Qué bien. Guay. Pensaba que nuestro disco de hitets era “Los peces”, pero no eres el primero que nos lo dices. ¡Ojo que aún lo petaremos!

Ahí está ese inicio del disco con “El mirlo”, “Hasta la boya y volver”, “Pop y espiritualidad” y un final demoledor con “Reversible” y, sobre todo, “La jota”, con un estribillo, desde ya, memorable.
WA: Justamente, “La jota” es uno de los nuevos temas que más estamos disfrutando en directo.
AE: Nos quedamos pillados con el concierto que dio Gerard Love en el festival Primera Persona, y “La jota”, sobre todo su final, tiene mucha influencia de Teenage Fanclub, que en directo tienden a alargar y divagar con sus temas. En Nueva Vulcano no nos fijamos tanto en clásicos sino en las influencias que recibimos en el momento en el que grabamos los discos. Somos así de simples.

Hablando de influencias, sí que os fijáis en algunos clásicos, en vuestro caso todos los grupos de la movida DC, sonido que sigue muy presente en “Noveleria”, más en temas como “Hemos hecho cosas”.
AE: “Rabindranath” es otro tema muy DC. De hecho, es algo que también hemos hablado entre nosotros. En realidad somos muy transparentes. Tenemos cuatro o cinco referencias muy evidentes y estas, a pesar de que intentamos colar detallitos nuevos, siempre acaban colándose. En definitiva, somos un grupo de rock y puede que este sea el álbum en el que mejor se plasma. Es más, siempre he aceptado la etiqueta de grupo punk o incluso de punk pop, que no dejaría de ser lo que hacen Green Day, pero últimamente me siento más cómodo con el término rock. Una palabra que en Barcelona, en según que círculos, actualmente parece que está mal vista. En el mundillo indie de la ciudad no puedes ir diciendo, por ejemplo, que te gustan los Queens of The Stone Age.
AG: A mí me ha sorprendido lo del pop y los hitets. Me choca pero no me disgusta. De hecho, el otro día estaba renovando nuestro perfil en Facebook y en el momento de elegir un estilo para definirnos, estuve tentado de poner pop.

En este sentido, tengo una prueba del algodón, que es ponerle a mi hija mayor, Aina…
AE: ¿Se llama Aina?

Sí, y evidentemente es culpa tuya. El tema es que tiene seis años, y suelo martirizarla con mis discos. Pero si hay un tema que le llama la atención, este suele ser un hitet o un hitazo, y últimamente me pide a todas horas que le ponga “La jota”. ¿Tus hijas, Artur, ya saben que su padre es algo así como un icono de nuestro underground?
AE: No. Una es muy peque y la otra aún pasa bastante. Sí que hubo una época en la que le dio por ver un vídeo de un concierto homenaje a The Replacements en el que actuamos. Luego, un día, en una feria de libros en la que presentamos el nuestro de fotografías, “Hasta la boya y volver”, di un concierto en solitario y la lió. Tan solo empezar se puso a chillar: “¡papá, papá!”. Boicoteó la actuación (risas).

El tema de la paternidad se ha colado en algunas de las letras del disco, como “80% agua”.
AE: Me preguntaron sobre esta letra en otra entrevista y tengo que admitir que me emocioné. Es algo totalmente inconsciente. Son cosas de las que no me doy cuenta hasta que me preguntáis por ellas. Imagino que mis letras no dejan de ser un reflejo de lo que voy viviendo, y en estos momentos parte de mi vida consiste en estar con los amigos, beber cerveza y escuchar música, pero también en dedicar parte del tiempo a pasear con la familia. Lo que sí que he intentado, de forma totalmente deliberada, con las letras de este disco, es que sean menos crípticas. Letras, si bien no más sencillas, que se pudieran entender por ellas mismas y con voluntad de explicar historias. Y es que me ha pasado muchas veces de hablar con amigos y que me dijeran que los temas les gustaban mucho pero que no tenían ni puta idea de qué les estaba hablando y de vez en cuando, también está bien que se te pueda entender (risas). Tal vez por ello, en este disco la voz también ha ganado más protagonismo.

Después de seis años sin grabar un disco, ¿qué sensación os quedó al acabar “Noveleria”?
AG: Pues algo sorprendidos. Entramos en el estudio con un par de canciones en un estado algo delicado, y flipamos con lo bien que han quedado. De hecho, no sabíamos si podríamos meter los once temas que habíamos escrito, y cuando salimos de Cal Pau nos quedamos un poco alucinados. Había quedado todo mucho mejor de lo que imaginábamos una semana antes, cuando aún estábamos en el local ultimando detalles.
WA: Esta ha sido la primera vez en la que nos marcamos un calendario, y creo que esto de tenernos que poner las pilas ha jugado a nuestro favor.

Porque, ¿durante estos seis últimos años quedabais para ensayar? ¿Ibais componiendo temas? ¡Qué habéis hecho en todo este tiempo!
AE: Ya nos gustaría ser el típico grupo que queda para ensayar tres días a la semana, pero no podemos. Un par de años atrás ya teníamos algún tema, como “Pop y espiritualidad”, pero fue en los diez meses antes de entrar a grabar cuando sacamos la gran mayoría de los temas de “Noveleria”.
AG: Tampoco está tan mal nuestro nivel de productividad. Tardamos en componer, pero cuando nos ponemos…