Hace tres años, muchos tildaron a L Kan de (entre muchas otras estupideces) insustanciales, ñoños e infantiles. Ahora han vuelto, y lo han hecho donde nadie lo esperaba. Subterfuge edita el segundo trabajo de los madrileños, “Superenserio”, y eso va a provocar algo tan necesario como que por fin se les escuche. Les ha llegado la hora.

Aunque parezca mentira, a L Kan pocos se tomaron la molestia de escucharles cuando se editó “Cosas que miden poco” (FUP, 00). El hecho de grabar para una pequeña discográfica como la Federación de Universos Pop, ninguneada por la prensa pese a haber editado discos tan recomendables como los debuts de Ecuánimes, Criaturas Celestiales y los propios L Kan, les hizo pasar desapercibidos para una buena parte del público y, lo que es peor, dio pie a las tradicionales y deleznables miradas por encima del hombro de ciertos sectores de la crítica y de escenas adyacentes. Por eso, el fichaje de los madrileños por Subterfuge sabe a venganza de las de plato frío. Inocente y casual, sí, pero justa al fin y al cabo.

“Tomarse las cosas frívolamente nos parece algo importante”

Enormemente satisfactoria por cuanto supone de revalorización de una propuesta tan discutible como se quiera, pero ciertamente única, aquí y fuera. L Kan son algo más que un grupo de pop. Su inicial relación con el mundo del teatro (nacieron en 1999 para musicar una versión teatral de Clerks) se ha mantenido en las formas, con una puesta en escena que es el verdadero punto fuerte del grupo. Luis (guitarra, teclados, sintes y fotógrafo de profesión) y Maru (bajo, sintetizador y profesor de electrónica en la vida real) tienen en Olav (vozarrón, ex-bailarín y profesor de teatro) y Belén (vocecilla y actriz de doblaje de dibujos animados) el motor de explosión que acelera en directo sus canciones, dotando a cada una de ellas de su particular interpretación. “Vernos en directo ayuda a entender algunas cosas de las que decimos y a ver mejor el tono. Supongo que llevamos un poco al extremo las canciones; por ejemplo, en ´La más fané´ pisoteamos ´La insoportable levedad del ser´ y en la japonesa (N. del R.: “Kamatteyo”, de su nuevo álbum) hacemos la coreografía de dibujo animado”. Aún así, creen en las canciones como entidades propias y cualquiera que se haya molestado en escucharles recordará al menos media docena de sus estribillos. Porque ante todo son un grupo de tecno-pop desinhibido, muy influido por los ochenta más desvergonzados y con fuertes raíces en la movida. Durante el año pasado consiguieron grabar un disco compartido -“¡Qué mutada!” (PIAS, 02)- con La Monja Enana y uno de los pocos grupos supervivientes de los primeros ochenta, El Aviador Dro. En el Madrid pop de 2003 no hay quien les tosa, aunque este tirón en la capital parece no tener una equivalencia clara en el resto de España. Tal vez por eso, no hace ni un año que L Kan se encontraban con un disco grabado -autoproducido y autodiseñado-, y sin nadie que lo editase. “FUP al principio lo formaba mucha gente de lo más variopinta. Nosotros entramos un poco sin querer, nos pareció una experiencia muy divertida y cuando nos dimos cuenta estábamos haciendo la promoción de nuestro disco y de algún otro de los que sacó el sello. Poco a poco, mucha de la gente de FUP se fue dispersando y nosotros realmente no queríamos llevar un sello ni nada por el estilo; por eso, después de “¡Qué mutada!” nos pusimos a buscar compañía. Subterfuge nos parecía el sello ideal pero tardamos en llevarles el disco porque pensábamos que no nos iban a coger y, mira tú por dónde, al final resultó que les gustábamos y acabamos todos comiendo perdices. Como nunca habíamos tenido una compañía así, estamos encantados de la vida todo el rato. Es un gran respaldo y esperemos que dure, claro”.

La historia a partir su fichaje es fácil. Un quítame de aquí esto y un ponme allí aquello otro (“Modern Talking”, flamante primer vídeo de L Kan y posible canción emblema del disco, “Tu novio o el mío”, una perla contra el desengaño, y “Gayhetera 2002”, una remezcla de su hit de hace tres temporadas) y, como quien no quiere la cosa, “Superenserio” llegó en las estanterías, con su particular catálogo de personajes reales pertinentemente deformados por el prisma de los kanes. Lo que pueda significar este nuevo paso en la trayectoria de L Kan lo dirá el tiempo, pero de momento debería servir siquiera para que ellos pudiesen explicar cosas a priori tan sencillas como ésta: “La verdad es que críticas del primer disco salieron muy pocas. En algunas ocasiones hemos tenido un poco la impresión de no ser entendidos por cierto sector del público o seguidores de otros tipos de música, o, quizá, de no ser escuchados. A todo el mundo le gusta etiquetar y las etiquetas son necesarias, pero a veces nos ha parecido que alguna gente veía en nosotros más algo que quería ver que lo que había. Nosotros no pensamos que seamos un grupo de bromilla, hacemos las canciones como nos salen y la verdad es que no andamos todo el día cortándonos las venas, por eso las hacemos así. Tomarse las cosas frívolamente nos parece algo importante. Más que tomárselas muy muy en serio. El título del disco resume bien esto”.