Máximos embajadores de la cultura rave gestada en Manchester a mediados de los ochenta, Happy Mondays regresan con su primer disco en quince años, “Uncle Dysfunktional” (Pias). Se trata de un álbum fresco y ecléctico que revalida su pionero cruce entre rock y música de baile a base de groove, letras de dibujos animados y una mayor presencia de guitarras.

Las cosas han cambiado. Manchester, cuna de bandas como Joy Division, New Order, Happy Mondays o The Stone Roses, ya no es el efervescente vivero musical de hace dos décadas. Bueno, prácticamente ninguna ciudad lo es. Tampoco la banda liderada por Shaun Ryder es la misma. De los miembros originales tan sólo le acompañan Gary Whelan (batería) y el go-go Bez, todos ellos visiblemente envejecidos, aunque no tanto como el cantante, que luce, eso sí, una deslumbrante dentadura nueva al estilo “Cambio Radical”. Nos encontramos con ellos en un céntrico hotel de Barcelona, previa espera de hora y media.

“Esta vez no ha habido discusiones. Antes éramos cinco o seis personas y a veces resultaba complicado”

“Están comiendo en un restaurante chino al otro lado de la calle, es lo único que les gusta”, nos tranquilizan desde la discográfica. Llegan todos, pero Ryder se ha perdido. Quizás las cosas no han cambiado tanto, pienso, pero tras unos minutos el vocalista aparece con aire tranquilo. Falsa alarma. El motivo de la entrevista es el lanzamiento de su nuevo disco “Uncle Dysfunktional”, el primero en tres lustros. “Hemos tenido problemas legales que nos han impedido grabarlo antes. De no ser por esto, probablemente lo habríamos sacado hace diez años”, explica Ryder con voz rota, largas pausas y la mirada oculta bajo la visera de su gorra. Sin embargo, éste ha sido uno de sus discos más fáciles de grabar. “Esta vez no ha habido discusiones. Antes éramos cinco o seis personas y a veces resultaba complicado”, prosigue Whelan. Quizás una de las razones sea la desaparición de las drogas de sus vidas. ¿Cómo ha sido la experiencia? “Más fácil… bueno, un poco aburrida”, apunta Ryder con una media sonrisa. Los Happy Mondays del 2007 ya no van a clubes, aunque su nuevo trabajo recupera la pulsión bailable y las contagiosas melodías, con mayor protagonismo de las guitarras, ausentes en el accidentado “Yes Please!”. “Es una progresión natural. Yo lo llamo country-hip-hop –afirma Whelan-, pero en directo las guitarras sonarán mucho más potentes”. Podrá comprobarse en su próxima gira británica y en su participación, en agosto, en el V Festival, donde actúan junto a bandas como Kasabian. ¿Qué opinan de los nuevos grupos británicos y sobre todo de aquellos supuestamente influidos por ellos? “Depende. El primer single de The Twang estaba bien, pero no me gustan demasiado. La verdad es que sólo veo las noticias y estoy al día del críquet y el fútbol. (risas). No busquen, pues, en “Uncle Dysfunktional” ni referencias musicales actuales, aunque el disco suene curiosamente fresco, ni ningún mensaje en particular. “Mis letras no dicen nada. Los textos que escribo no van más allá de la tira cómica”. Hermanos gamberros de The Stone Roses, los autores del célebre “Pills’n’Thrills & Bellyaches” han dejado tras de sí un reguero de escándalos y excesos que les llevaron a la disolución en 1992. Un auge y caída paralelo al de la edad dorada del pop en Manchester –o Madchester, como se conoce al movimiento- que refleja con acierto la ya clásica película de Michael Winterbottom “24 Hour Party People”. En ella se recrean situaciones tan hilarantes como el envenenamiento por parte de Shaun y su hermano Paul de tres mil palomas, su visión de un platillo volante o el secuestro de las cintas de “Yes Please!” para pagarse el crack con el rescate. “Lo del platillo fue real (risas). La película está bien, pero el actor que me interpreta es más bajito (más risas)”. “Nosotros no arruinamos Factory”, aclara Whelan. “De hecho nos debían pasta. Pero Tony (Wilson, creador del sello Factory Records y fundador del célebre club The Hacienda) es un gran tipo”, añade. ¿Qué pueden aprender de Happy Mondays las nuevas generaciones? “El cómo no hacer las cosas. Cuando empezamos apenas sabíamos tocar. Ahora somos más consistentes como banda… hasta mañana”. Su última excentricidad ha sido la participación y victoria de Bez, el bailarín pegado a unas maracas, en el “Gran Hermano VIP” inglés. “Ha sido bueno para él. Creo que está metido en otro reality sobre su boda. Tuvo una relación anterior de veinte años, pero esta será la primera vez que se casa. Este hombre está pasando por una crisis de la mediana edad”, bromea Ryder. Acabamos hablando de fútbol y Shaun se levanta apresurado para fumar un cigarrillo en la calle. Puede que sea de los pocos vicios que le quedan. ¿Habrá visto la cantidad de palomas que hay en Plaza Catalunya?