El don de lo atemporal sigue marcando la carrera del compositor anglo-mallorquín, quien ya debe estar cansado de que le recuerden su condición de orfebre con galones del mejor pop patrio mientras el reconocimiento popular que sin duda merece le sigue siendo esquivo.

El cuarto álbum en solitario de Steven Munar, que llega meses después de la reactivación de los siempre reivindicables The Tea Servants, reafirma su vigencia como uno de los más preciados orfebres de nuestro pop.

Conociendo desde hace tiempo las virtudes perennes de su propuesta, parece casi obligado consultarle al músico anglo-mallorquín si un título como “Time Traveller” refuerza esa idea atemporal. “No me lo planteé así, sino más bien como una cuestión personal, como recuperar alguna idea del pasado que no resolví hasta que conocí a Juliane Heinemann (quien pone el contrapunto vocal femenino en varios temas) y el hecho de haber tocado con mi anterior banda el año pasado, The Tea Servants y recordar algunos aspectos como músico que había olvidado. Todos somos viajeros en el tiempo experimentando ahora, el momento presente”. Sí que coincide en la apreciación de que este es su disco: “más arreglado con diferencia, ya que me apetecía investigar más en el estudio y vestir más estas canciones, llegar al máximo de sus posibilidades”.

Llama la atención la creciente apertura de miras que exhiben temas como “I’m Not Enemy” y “Orient In Majorca”, que se desmarcan de las claves pop, rock o folk que siempre ha manejado. “Son las tres últimas canciones que compuse para el disco. Pero si observas mi carrera, siempre ha habido pinceladas de diferentes estilos, recuerdo ‘City With No Name’ de ‘The Language Of The Birds’, en la que había incluso un guiño gospel. Me gusta considerarme un músico ecléctico y abierto de miras”.

Revitalizado por la buena acogida que obtuvo la reunión de The Tea Servants hace unos meses, y que valora como: “muy positiva, dado que era una verdadera rareza en el panorama estatal e incluso mantiene más vigencia que nunca”, Munar afronta el futuro con las limitaciones pero, al mismo tiempo, la seguridad que otorga ser un músico que: “al no seguir ninguna corriente o tendencia no tiene cosas fáciles a la hora de, por ejemplo, tener la atención de según qué medios o de entrar en según qué historias, pero tampoco pasa de moda, lo cual a la larga es una ventaja”. No en vano, piensa que: “el músico o artista en general que vive pendiente de las tendencias o se deja dominar por ellas, más que de por su propio criterio e instinto, no tiene mi credibilidad”. Alto y claro.