“Nuestra música es una bofetada en la cara, pero también es muy poética”
Entrevistas / Laura Sam Y Juan Escribano

“Nuestra música es una bofetada en la cara, pero también es muy poética”

Amaia Santana — 06-07-2022
Fotógrafo — David Herranz

“La voz en contra” (Oso Polita) es el álbum debut del tándem Laura Sam y Juan Escribano. En apenas 30 minutos, desgranan las miserias y vergüenzas del país -escúchese “Búnker” o “España”, por ejemplo-, descifran el todopoderoso algoritmo (“Algoritmo”) y reivindican caminar solas por la calle (“La hiedra”). Escupen pura poesía y esbozan retratos certeros e incómodos sobre el desconcierto y la ansiedad de toda una generación. O varias.

Se recomienda escuchar repetidas veces cada tema, para que no se nos escapen las múltiples aristas de las letras de Laura y las bases de Juan. Han teloneado a Nacho Vegas y en breve actuarán en festivales como Bilbao BBK Live o Noches del Botánico de Madrid. Aseguran afrontar lo que está por venir con mucha ilusión y muy entrenados -sus ensayos rozan el masoquismo, confiesan-. Admiten que son nicho -“somos conscientes de que nuestra música tiene mucho contenido; justo lo contrario a lo que nos tienen acostumbradas en la música actual, la que “lo peta”-; pero lo cierto es que, “La voz en contra” parece tener todo a favor…

¿Cómo estáis percibiendo la acogida de vuestro debut en largo?
Laura Sam: Para mí es difícil percibir las sensaciones de la gente, porque ahora todo está digitalizado y al final, son números. Mi sensación no-científica es que la gente lo está recibiendo súper bien…
Juan Escribano: Sí, casi son más intuiciones. Añadiría que las sensaciones que nosotros podemos tener como banda, las hemos visto reflejadas en las caras del público, las veces que lo hemos llevado al directo.

Las bases de ‘La voz en contra’ son brutales; ese acompañamiento instrumental a las palabras de Laura es sin duda el mejor traje a medida. ¿Cómo se confecciona ese traje? ¿La música siempre viene después, en base a la palabra?
LS: Pues esto que te lo diga Juan, que me pone trampas… Siempre digo que sus bases son trampas; estoy más acostumbrada a escuchar bases de rap, que son más definidas. Las de Juan a veces son complicadas para encajar una letra y llevar el flow…
JE: Es una decisión estética también. Musicalmente, creo que lo mejor que podía aportar a Laura era ejercer de arquitecto -¡por fin!-; después de mil años… Mi intención era proporcionar a Laura espacios donde ella pudiese entrar, sentirse cómoda y exponer sus reflexiones. Eso es lo realmente interesante: quedarnos con su mensaje. Por otro lado, a la hora de conseguir algunos beats, bases, etc., siempre he pensado que el sitio donde mejor vive la poesía de Laura es un lugar de ensoñación, un poco etéreo… Por eso muchas veces los golpes y los acentos en las bases aparecen en sitios donde tal vez no te los esperas, para crear esa sensación de atemporalidad, un tanto aérea…

Esos golpes inesperados son las trampas a las que te referías, ¿Laura?
JE y LS: ¡Sí! (risas)
JE: Entiendo que Laura se pregunte: “¿Por qué esto aquí?”.
LS: El patrón que siempre hemos seguido es: Juan me pasa la base y yo escribo. Sin embargo, con “Nadie nada” fue al contrario. Tenía un texto, y posteriormente Juan me pasó una base. ¡Y es muy complicada! A día de hoy puedo decir que la tengo controlada, pero si la escuchas bien, es rarísima y es difícil entrar en el tiempo. De hecho, creo que en la grabación está un poco descompensada, ¡pero no queda mal! (risas). Ahora en el directo la clavo más… pero después de ensayarla mucho.

Vuestra música invita a una reflexión (seria) sobre nuestra manera de ser y actuar en esta sociedad, de relacionarnos; hacéis una crítica ‘ácida’ de la política actual… No priman las letras que apelan a cuestionarnos a nosotros mismos, a incomodarnos. Con todo el respeto, ¿estáis condenados a ser ‘nicho’?
LS: Tenemos muy claro quiénes somos y lo que hacemos, y que somos nicho (risas). Precisamente creo que hay una necesidad de eso por parte del público. Al igual que existe una saturación de música más superficial, que no se molesta en tener una letra con contenido, eso mismo genera diferentes respuestas en el público. Una lo abraza: “Oh, qué de puta madre”; y otra no: “Estamos hasta el coño de las cosas vacías”. Ambas reacciones son totalmente lícitas. Somos conscientes de que nuestra música tiene mucho contenido; justo todo lo contrario a lo que nos tienen acostumbradas en la música actual, la que “lo peta”. Tampoco es nuestra intención ‘petarlo’: tan solo hacer lo nuestro y ver cómo va.
JE: En ese sentido, creo que somos los más punkis de los festivales…
LS: ¡Eso es! ¡Somos unos punkis! (risas)
JE: Sí, en el sentido de pasar de la música ligera, de “jiji” y “jaja”. En lugar de eso, nuestra música es una bofetada en la cara: “Espera, atiéndeme un poco, vamos a hablar de esto”.

En cada escucha, tanto en lo instrumental como en la letra, descubres nuevos matices, capas, guiños... ‘La voz en contra’ requiere asimismo bastante concentración, algo cada vez más difícil hoy día…
LS: De hecho, para los directos hemos decidido dosificar el contenido. La idea es dilatarlo con instrumentales o estelas, que es como llamamos a las partes que incluye Juan, precisamente para que haya un poco de margen entre un texto y otro. Sabemos que hay mucha información, son muchos los mensajes que queremos transmitir, en una sola hora de directo… Hay mucha letra, y queremos que el sonido sea también protagonista.
JE: Es una opción estética o formal deliberada, que requiere concentración. Cada tema precisa de siete escuchas para entender todo el contenido.
LS: El mensaje es muy directo, pero también muy poético. Estoy acostumbrada a ese mensaje, pienso que es más fácil que mis poemas orales, que son más crípticos. Pero sé que no lo es; hay mucha poesía, mucho símbolo. La gente no está acostumbrada, por eso es muy guay que lo estén recibiendo tan bien.

“Somos conscientes de que nuestra música tiene mucho contenido; justo todo lo contrario a lo que nos tienen acostumbradas en la música actual”

En cuanto al directo, además de espaciar el contenido, ¿cómo os lo planteáis?
LS: Nos lo montamos bien, ¡creo que suena mejor que el disco! (risas). Eso siempre es un puntazo. Al final, hacemos música muy electrónica en ese sentido, se lanza y listo, y luego está la voz. Con las herramientas que tenemos, creo que el directo está funcionando bien. Juan se lo curra mucho con las pedaleras, la guitarra, todo el material que lleva… Yo al final sólo me sirvo de la voz…
JE: Sí, ¡sólo! Yo pienso justo al contrario: que hago cuatro chorraditas y Laura carga con todo el peso, pero bueno… Imagino que la realidad será un equilibrio entre ambas impresiones. Estamos muy satisfechos con el resultado de los directos que hemos ofrecido hasta la fecha. La reacción de la gente está siendo muy positiva.
LS: Los pocos efectos que pueda tener mi voz, los lanza Juan y están bastante bien conseguidos. El resto es la voz a pelo, con la guitarra, algún efecto y el sampler. ¡Suena guay!

En uno de vuestros temas le cantáis al algoritmo. ¿Somos presos del mismo? Como músicos, ¿podéis escapar de “su magia”?
LS: Me incluyo en esa esclavitud digital. Parece que todo sucede ahí; que la vida real es la digital. Por eso el directo es tan importante para mí: realmente puedes ver el alcance de todo eso que se está gestando en la red. Es complicado escapar del algoritmo como músico, como artista y, en definitiva, como cualquier persona que exhibe su trabajo en estas plataformas. Parece que es la única manera de llegar a la gente. Y te preguntas: ¿cómo era la (puta) vida antes del algoritmo? “Algoritmo” también es una canción sobre esos perfiles de artista que venden no ya su talento sino su imagen. Son marcas. Me parece muy desconcertante. A esa gente sí que creo que le agarra fuerte el algoritmo, porque pierden pie…
JE: El otro día leí un artículo bastante interesante que decía que, incluso con el algoritmo, aquello que se nos vendía antes de la globalización de internet, que sería bueno para la música porque se podrían conocer a más grupos, al prescindir del embudo de la discográfica y gracias a la autoedición, etc. Al final, según este artículo, el algoritmo va un poco en contra de todo eso y te lleva a escuchar lo que has escuchado previamente, o cosas parecidas. Es decir, pocas veces te descubre algo nuevo. Pero tampoco tengo una opinión muy formada al respecto, más allá de coincidir con Laura: me parece turbio y desconcertante.

Creo que reflejáis muy bien esa atmósfera turbia en “Algoritmo”; así como en “Agurra” o “No quiero ser yo”. La melodía de esta última es bastante oscura; es como asomarse al colapso mental de una persona.
LS: Esas dos bases en concreto me flipan, diría que son mis favoritas. Te atrapan. Son muy envolventes, muy oscuras. “No quiero ser yo” es una de mis canciones preferidas y nace de una oscuridad máxima, a nivel emocional. Es muy dura en ese sentido, porque llegué a un punto de: no me voy a matar, pero no quiero ser yo. O sea, “¿puede parar esto ya?”. Es una sensación muy desagradable, y muy primitiva al mismo tiempo.

“Querer más de lo que el día puede darme, ese es mi drama”, cantáis en “Agurra”; que suena a tradición siniestra, si me lo permitís… ¿Cómo se ha construido este tema?
LS: Es una canción muy poética; habla de la vida y la muerte, y de sus fantasmas. Me gusta pensar que en “Agurra” también hay luz. No recuerdo su detonante; tengo la sensación de que muchas canciones están conectadas entre sí en algún momento, pues vienen de la misma emoción. “Agurra” está más vinculada a la visión de la muerte, pero desde la aceptación, de lo bonito que es tener la oportunidad de haber vivido. Es más ancestral. También es una especie de homenaje al ser humano. Y las melodías de Juan acompañan muy bien estas emociones…
JE: ¡Me voy a poner rojo! Personalmente, “Agurra” es de los textos de Laura que más me emocionan. Me parece que conecta con algo muy, muy profundo. Creo que podría haber funcionado perfectamente hace siglos, y que lo hará dentro de varios siglos. Ese carácter se refleja bastante bien tanto en el texto como quizá también en la música. Nosotros le llamamos “ceremonia”, ese ritual del tránsito de la vida…

“La voz de los poetas” -cuyo vídeo se hizo viral en Twitter-, destaca por su acento murciano. ¿No tendría sentido haberla interpretado de otra manera?
LS: Muy fuerte ese día en mi vida (risas). La actualidad iba más rápida que mi cerebro; me levanté a tomar un café y fue como: “¿Hay un artículo en La Verdad sobre “La voz de los poetas”? ¿Qué está pasando?”. La canción no tendría tanto sentido sin el acento, es cierto. Llevaba mucho tiempo mascando y almacenando información para escribir ese texto. Y tenía muchas ganas de hacerlo además con el acento que tenía a los 17-18 años, cuando me fui de mi pueblo. ¡Yo hablaba así! (risas) El otro día estuve viendo vídeos de cuando tenía esa edad y me fijé en que tenía mucho acento, flipé. Como he vivido en muchos sitios, con mucha gente, he ido perdiéndolo. Es verdad que he recitado neutralizándolo, porque cuando leo en voz alta, no leo con acento. Con el tiempo, decidí que quería hacer un texto resaltándolo y haciendo uso de palabras de allí. Para mí tiene mucho más sentido así.

“La hiedra”, con ese contundente ‘mantra’ “quiero ir sola por la calle”, transmite urgencia, rabia, miedo… pero también empoderamiento. Por desgracia, es una canción relevante en este momento.
LS: Hemos tenido una relación complicada con esta canción, pero creo que es muy necesaria, sí. Musicalmente tal vez no nos atraía tanto, es muy “en tu cara”, pero me parece tan obvia esa necesidad de querer ir sola por la calle… Es una mierda, yo sigo sintiendo ese miedo. El otro día estaba en Madrid, y tuve que coger un taxi porque me daba miedo ir sola en el metro a la 1 de la mañana… Y piensas: hostia, es que si fuera un tío, esto no me pasaría. Qué injusto, qué mierda tener que cargar con esto desde que tienes edad para salir, y qué mierda asumir que va a seguir siendo así, probablemente durante mucho tiempo. En esta canción hay un cúmulo de miedo, pero también hay una especie de venganza oculta. Soy la hiedra que todo lo cubre, no te atrevas a venir porque te reviento la cabeza. Yo ya voy un poco con esa actitud, cuando voy sola por la calle. Me encantaría que si alguien siente miedo alguna vez en una situación así, se ponga “La hiedra”. Quizá sea una canción para eso, para acompañarte en el camino a casa.

Me gustaría concluir esta charla con el mensaje optimista que transmitís en el tema de cierre, “Siempre en guerra y siempre sin morirnos”: “Si hay algo que sé, resisto”.
LS: Hay gente que me dice que es una canción en apariencia triste, pero yo no creo que lo sea, es más bien romántica, nostálgica… Creo que está llena de luz y fuerza. El título es el verso de un poema de Antonio Ferres -fallecido en abril de 2020-. Cuando lo leí, automáticamente escribí toda la letra de la canción. Después, le pedí a Juan un piano para la melodía… ¿o cómo fue, Juan?
JE: Sí, empezaste con la letra y me dijiste: necesito algo que esté en la esencia del hombre, pero que sea un instrumento. Algo así…
LS: Es muy guay terminar el disco así. Los directos también los acabamos de esta manera: muy arriba.

Próximas fechas de conciertos:

Jueves 7 de julio - Creamurcia (Sala Rem, Murcia)
Viernes 8 de julio Bilbao BBK Live (Escenario Beefeater, 19:30h)
Viernes 15 julio La Mar de Músicas, Cartagena (Escenario ‘Somos de Aquí’ del Real Club de Regatas, 13h)
Viernes 29 julio Noches del Botánico, Madrid (junto con Nacho Vegas, 19:30h apertura de puertas)

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