“Impronta” (Universal, 13) es el quinto álbum de la banda granadina. Un trabajo marcado por tres años de cambios en las vidas de Noni, Alejandro y Alfredo. Los músicos miran hacia atrás para dar un paso adelante. Y juntan a dos productores que parecían el agua y el aceite: Sebastian Krys y Ricky Falkner. ¿Seguirán jugando con los sintes?

Tarde de lluvia en Granada. Noni y Alfredo carcajean en el sofá. Humo y café. Estamos en el piso de Alejandro. Lori Meyers se muestran impacientes por desvelar los secretos de “Impronta”. La compañía, temerosa de posibles filtraciones, no cede copias a la prensa. El guitarrista acaba con la angustia. Escuchamos el disco entero. Sorpresas, chascarrillos. Los textos evidencian la montaña rusa emocional de la última etapa. (Noni) “Tenía una relación de nueve años con mi novia y se acabó. Además, mi padre falleció. Esas circunstancias pesan. Pesan hasta para bajar a comprar el pan o al hablar con los colegas. Pesan igual que pesaban antes en mi vida diaria, cuando me acompañaban. Hay un punto de inflexión en las letras y en la dinámica de composición, pero también en el hecho de mirar atrás. Somos jóvenes y, sin embargo, estamos haciendo el quinto disco con treinta años. Me gusta que exista ese largo recorrido, que podamos girar la cabeza después de vivir el FIB o el SOS. Se acumulan experiencias. Mi ex novia, mi padre… Son temas clave para saber lo que de verdad importa a la hora de componer. He salido de un largo periodo de estabilidad, en el que mi vida estaba enfocada. Cuando pierdes a un miembro de tu familia, un pedazo de ti desaparece para siempre. Si a ello le sumas otras pérdidas anteriores por las drogas y las giras, te das cuenta de que se esfuma una parte de ti. Ningún artista está separado de su vida. De hecho, lo ideal es meter tu vida dentro del arte”.

Cambio de perspectiva. “Impronta” llega tres años después de “Cuando el destino nos alcance”. Hasta ahora, Lori Meyers nunca habían repetido con un productor. El anterior título, cincelado por Sebastian Krys, desató cóleras. ¿Su infracción? Arrimarse a un sonido sintético, lo que les convirtió en sospechosos por comerciales. Los aguijones envenenarían menos si en el currículo del argentino no chirriasen los nombres de Chayanne, Sergio Dalma o Jennifer López. Una osadía para la gran esperanza indie, antes curtidos con figuras como Mac McCaughan, Thom Monaham o Ken Coomer. Sin embargo, las composiciones reflotaron. Ahí quedó el swing ratonero de “Corazón elocuente”, envuelto en jirones de The Jam; “Castillos de naipes”, con la melancolía de Los Módulos; hits de altura como “Mi realidad”, “¿A-ha han vuelto?” o “Rumba en atmósfera cero”, que sedaba los cuerpos con una brisa de francachela, de festín electroacústico. (Noni) “En el caleidoscopio de Lori Meyers vemos una panorámica como banda que arranca cuando teníamos dieciocho años. Me siento orgulloso cuando escucho ‘Viaje de estudios’. Sé que algún día envejecerá, pero aún así reflejará el momento en el que tenía que estar. Me refiero con esto a que, ahora, ‘Impronta’ corresponde también a esta etapa”. El fan de base expuso sus reticencias en 2010, pero los lojeños ganaron acólitos. (Noni) “Tan importante es el fan que nos sigue desde 2004 como el último en incorporarse al club. Pero, cuando entramos en el estudio, no nos preguntamos qué tenemos que hacer para contentar a ese fan. Hacemos composiciones propias. Por eso funcionan los grupos independientes. Ofrecemos algo sincero que no se encuentra en el mainstream. No hay cartón: somos una banda dando todo lo que alcanzamos. He aprendido de algunas críticas al anterior álbum, pero nunca me arrepentiré de haber seguido mis instintos. Siempre queda una espina. Esa espina es la que nos mueve a hacer el siguiente disco”.

Lori Meyers funcionan como una familia bien avenida. Presumen de trabajar con un equipo que no pregunta por los honorarios. En la primera fase, disfrutaron de terreno de expansión en los estudios Producciones Peligrosas, con José Antonio Sánchez –hombre de confianza de Niños Mutantes– a los mandos. Más tarde, las sesiones en un entorno idílico: un hotel rural en Alomartes, en la Sierra de la Parapanda, Granada. ¿El decorado? Olivos, pinos, cabras, ovejas, tractores, segadoras y el bendecido suministro de una marca de cerveza. Aislamiento antes de viajar a Los Ángeles para rematar las mezclas. (Alejandro) “Elegimos a Sebastian por una cuestión de feeling y entendimiento. Esos matices prevalecen sobre los aspectos técnicos. En la grabación podemos llegar a acuerdos”. (Noni) “Siempre nos ha seducido trabajar con productores buenos. Ahora, Lori Meyers solo quiere trabajar con gente que ame a Lori Meyers. La persona que ha estado pendiente de nosotros todos los días ha sido Sebastian Krys. Necesitamos mercenarios para la guerra”. No obstante, choca el maridaje con Ricky Falkner, referencia, junto a Raül Fernández, de la nueva producción alternativa en España. ¿Cómo se ha integrado el de Standstill? (Noni) “Ricky ha sido un séptimo componente. Igual que Sebastian. Los hemos unido para que se complementen. De la misma forma que a mí me complementa Alejandro. Todos aprendemos de todos. Buscamos a Ricky porque controla el sonido del indie nacional, que es el nuestro. Nos parecía interesante mezclarlo con la visión de Sebastian, que está dentro del top. Hicimos un ‘Gran Hermano’ en beneficio de Lori Meyers. Ninguno nos habló de dinero en ningún momento”.

Tampoco hay traumas por la salida del percusionista Antonio Lomas para dar cabida al teclista JJ Machuca (Eskorzo, Los Evangelistas), al que no le faltara tarea en los directos. Lori Meyers abundan en los sintetizadores, pero ordenando el caos. Y sin olvidar la herencia sixtie en las guitarras. (Alfredo) “Canciones como ‘Mi realidad’ o ‘¿A-ha han vuelto?’ tenían sintes muy llamativos. Ahora metemos más teclados, pero están conjugados con guitarras muy potentes. Todo es mucho más atemporal”.

En plena hegemonía de Beach House, The XX y Chromatics, surgen graciosas coincidencias. (Noni) “En realidad, nos compramos cuatro o cinco teclados y empezamos a componer con ellos. Disfrutamos inventando arreglos. Las nuevas tecnologías están para facilitarnos la vida y abrirnos la mente. Por mucho que te guste colgarte una Telecaster y ser como la puta Creedence Clearwater revival. Todas nuestras influencias aparecen como capas en la creación. ¡Ese es el rollo! Mucha gente nos comentaba que Julian Casablancas tiene una canción como ‘¿A-ha han vuelto?’. ¡Me cago en la puta! No nos lo podíamos creer. ¡Pero si empezó copiando a los grupos guarros de los setenta! Todos los grupos vamos inducidos. Hay una inercia que arrastra a la música y a la industria. Aunque tampoco descarto un sexto disco folk Lori Meyers”.