Kieran Stephen se ha tomado su tiempo para estrenarse con Fantasy Bar, un proyecto al que lleva dando vueltas casi una década y que ahora se ha hecho realidad con la ayuda de otros tres ex Migala, dando forma a un primer álbum, “Friday Afternoon Car”(Acuarela) en el que hay restos del incendio, pero también una manera de hacer personal y honesta, con la sencillez como primera norma.

A Kieran Stephen no le queda otra que soportar la cantinela de que Fantasy Bar es una banda surgida de las cenizas de Migala, aunque sea una verdad a medias. La mitad del sí, porque en ella figuran, además del que fuera bajista del supergrupo madrileño en su última etapa, Rubén Moreno, Jordi Sancho y Diego Yturriaga, con lo que la relación está justificada; y la parte del no, puesto que en realidad es un proyecto que arrancó cuando el propio Kieran aún estaba en Edimburgo.

“Es inevitable que la gente hable de Migala, porque hemos tocado ahí”

Y ahora, con marcado acento escocés, no pierde la oportunidad de explicarse: “Cuando llegué a Madrid, hace ocho años, sabía que quería seguir haciendo música, pero no tenía muy claro cómo; a través de un compañero de piso conocí a Diego, que escuchó la maqueta y metió un acordeón; luego al resto, pero Fantasy Bar ya existía. Es inevitable que la gente hable de Migala, porque hemos tocado ahí y no es que seamos músicos que de repente vayamos a cambiar nuestro estilo; me gustaría que se viese como algo distinto, pero es lo que hay. Lo que no sé es cómo continuará después de este disco, porque de Migala hemos heredado lo bueno que es poder trabajar con amigos, pero esto también tiene su lado negativo”. Aclarado este punto, lo cierto es que este proyecto ha tardado lo suyo en concretarse; de hecho, hay canciones que tienen hasta doce años y que desde entonces han ido caminando junto a su autor hasta materializarse en este debut, “Friday Afternoon Car”. “La verdad es que soy muy vago, y como antes estaba con Migala tampoco me corría mucha prisa; he ido depurando, quitando temas que no eran tan buenos, y a lo mejor ahora hay más continuidad”. Kieran Stephen transita entre el folk y el rock, recuerda que antes de su primer concierto venía de escuchar a Mark Eitzel e insiste en que la premisa fundamental con la que trabajó en los catorce temas que dan forma a este álbum es la de la sencillez. Ejemplos de esto los podemos encontrar en “Spiders”, “Stones” o “Gatito negro”, que casi parecen viñetas, suspiros de un relato más amplio. “En el grupo que tenía en Edimburgo la idea era captar ciertos momentos y hacer canciones sobre eso, en vez de contar una historia muy larga o demasiado narrativa. Raymond Carver decía que se puede escribir acerca de una mesa o una silla, utilizando palabras muy sencillas, y hacer que se convierta en algo con una vida increíble”. Es música crepuscular, nocturna, de carreteras perdidas, coches abandonados y huidas al atardecer; o como ataja el mismo Kieran Stephen: “Desde luego, no me imagino este disco para ponerlo en la playa a pleno sol”.