“Hago música para mí mismo y para la gente que la entiende”
Entrevistas / Kurt Vile

“Hago música para mí mismo y para la gente que la entiende”

Carlos Pérez de Ziriza — hace 12 meses
Fotógrafo — Archivo

El más que notable séptimo álbum del músico de Philadelphia, “Bottle It In” (Matador/Popstock!, 2018) aparece en bastantes listas de medios especializados con los mejores discos de este año que nos deja, por eso charlamos con Kurt Vile por teléfono hace unos días y que nos contase los pormenores de su grabación.

A tenor de lo que dio de sí la entrevista, nos quedamos con la impresión de que apenas fue un engorroso peaje promocional con el que saldar uno de esos trámites que los músicos han de afrontar tras la edición de cada nuevo trabajo. Lo mejor para entender a Kurt Vile es escuchar sus discos, sin duda.

Has registrado este álbum a lo largo de dos años y prácticamente mientras estabas en gira, en diferentes estudios y con tres productoreos distintos, Rob Schnapff, Peter Katis y Shawn Everett. ¿Es esa la razón por la que resulta más ecléctico que los anteriores?
No lo sé. Es posible. Estoy acostumbrado a trabajar con gente distinta, aunque sí es posible que esta vez haya llevado el procedimiento habitual al extremo. Vivo en Philadelphia, y aquí es muy fácil trabajar también con mucha gente, pero me gusta contar con otros músicos cuando llego a Los Angeles. Tienes amigos allí, o en la misma costa este, o en Connecticut, y lo aprovechas… estoy acostumbrado a ir de aquí para allá, no creo que sea una técnica nueva que haya probado para este disco, porque en los anteriores ya acostumbraba a trabajar así.

En cualquier caso, da la sensación de que te va mejor el trabajo a salto de mata, viajando de un lugar a otro, que sentándote de forma metódica como un oficinista de la canción que se planta de 9 a 5 ante un papel en blanco. Como si te inspirase especialmente la vida en carretera. ¿No es así?
Sí, es así. Me veo obligado a viajar y es algo que me gusta. Incluso aunque te pueda dar pereza en un principio, el hecho de sentirte transportado a otro sitio es estimulante. Pero también me gusta esa sensación de cuando llegas a casa y no haces absolutamente nada. Tengo suerte de poder gozar de ambos aspectos en mi vida, porque es bueno viajar pero también saber que siempre hay un sitio al que volver al final, estés donde estés.

En la hoja de prensa del disco se extrae una frase tuya para describir, y leo textualmente, “ese momento en el que estás en un avión, de camino a alguna parte, y te entra un ataque de pánico ante la posibilidad de morir, ese momento en el que quieres que tu gente sepa que les quieres”. Esa ha sido la fuente de inspiración en canciones como “Hysteria”. ¿Te resulta más difícil volar con la edad?
No lo sé. Llevo bien lo de volar, me sorprende menos últimamente. Antes solía beber alcohol para sobrellevarlo, sobre todo cuando había turbulencias. He pasado por diferentes fases de pánico, la verdad. Ahora no estoy mal del todo.

¿Ha supuesto el álbum que grabaste junto a Courtney Barnett, “Lotta Sea Lice” (Matador/Popstock!, 2017), alguna clase de influencia a la hora de grabar este nuevo álbum?
Todo es inspirador, y hacerlo con ella también lo fue. Seguro. Sí.

¿En qué medida o en qué aspecto crees que se traduce esa influencia?
Solamente porque ocurrió, por grabar con ella, no porque nos inspirásemos en ningún estilo particular. Ella estuvo conmigo. Si acaso, puede que se note en el hecho de no meternos tanto en la música de raíz americana, en el country, y grabarlo de forma rápida, como ella lo suele hacer. Lo hicimos como un disco de Courtney, con ese método, tratando de no pasar mucho tiempo en el estudio.

En cualquier caso, aunque tus discos tienen más trayecto en el estudio, se puede decir que unas de sus características es que siempre suenan frescos, ¿no crees?
Sí.

Tanto la portada del álbum, con esa marca redonda en la cubierta, como si fuera un viejo vinilo, y el hecho de que compongas canciones y álbumes que sobrepasan con creces la duración de lo que mucha gente joven escucha por streaming o en youtube, ¿te hace sentirte en cierto modo fuera de este tiempo?
Hago música para mí mismo y para la gente que la entiende. Si otra gente consume música condicionada por la tecnología, no me concierne.

¿No te sientes entonces como si estuvieras al margen de coordenadas temporales?
No.

¿Como un clásico, tal vez? ¿Como alguien que no depende de modas?
… eso me gusta.

Hay varias colaboraciones en el álbum. Entre ellas, la de Kim Gordon (Sonic Youth), quien toca la guitarra acústica en “Mutinies”. ¿Cómo surgió?
Somos amigos desde 2009, a través de J Mascis (Dinosaur Jr). A ella le gustó mucho mi álbum “Childish Prodigy” (Matador, 2009). Coincidió con el último año en el que Sonic Youth aún hacían conciertos. Tocamos algunas veces juntos, fue muy guay. Y cuando estuve en Los Angeles, tocando con Steve Gunn, ella estaba entre el público, le conté lo que estaba haciendo y me dijo: “hazme saber si quieres alguna parte de guitarra en el disco”.

También figuran Mary Lattimore, Cass McCombs, Stella Mozgawa (de Warpaint, quien ya tocó contigo en la gira con Courtney Barnett) y Holly Laessig y Jess Wolfe, de Lucius…
Todos son buenos amigos, y gente a quienes admiro. Tengo suerte de tener a tantos amigos con talento. Con Cass (McCombs) fue la primera vez. Mary Lattimore es amiga mía de Philadelphia y como se mudó a Los Angeles me fue fácil contar con ella, de hecho está de gira con nosotros ahora mismo.

¿Por qué decidiste incluir una versión del “Rolling With The Flow” de Charlie Rich?
Porque es de esas canciones que he estado escuchando muchísimo estando de gira. Es un poco country. Hay algo humorístico sobre versionarla, me apetecía tocarla con los Violators y marcarme un poco ese farol… es una de las canciones favoritas de Peter Katis, que fue con quien la grabé. Sé que es un poco extraña, pero tenía que incluirla.

¿Por qué crees que suena extraña? ¿Quizá porque es más pop de lo que suele ser tu repertorio?
No, porque suena un poco a las canciones de la colección AM Gold, lo que en América llamamos radio AM. Pero está bien. El tipo de canción que escucharías en la consulta del dentista (risas).

La mayoría de tus canciones se desarrollan como mantras, articuladas en torno a largos desarrollos de guitarra y a riffs repetitivos, sin importar la duración. ¿Se podría decir que responden más a estados mentales que a una temática concreta?
Sí, se podrían describir así.

¿Son como corrientes de pensamiento o algo parecido a la escritura automática?
En cierto modo, sí. Todas significan algo para mi, aunque no sean muy racionales. Todas las canciones revolotean en torno a un sentimiento concreto.

¿Qué te viene a la mente cuando lees que gente más joven, como Snail Mail, te consideran una influencia?
Bien, es bonito. Siempre está bien saber que has influido a alguien.

Hace unos meses tocaste por EEUU como telonero de Neil Young ante audiencias de 80.000 personas. ¿Cómo fue la experiencia?
Emocionante, pero me puse muy nervioso. Había mucha gente, y eso me intimida un poco. No estuvo mal, pero tampoco puedo decir que fueran mis mejores actuaciones. Pero tener a Neil Young en una esquina del escenario, no perdiendo detalle de tu actuación, es algo extraordinario.

¿Prefieres tocar en salas que en grandes recintos abiertos?
No, me gusta también tocar en espacios abiertos, sobre todo cuando las cosas salen bien, pero en un principio me costaba. Ahora me voy sintiendo más cómodo. Aunque siempre está bien tocar ante tu propio público en una sala, claro.

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